Simpatizantes asocian ese hecho con la realidad deportiva del conjunto de Santa Fe. El Chino Garcé había admitido la responsabilidad de haber quitado la virgen y estuvo además presente en el partido ante Atlético Rafaela que llevó a Colón al descenso.
Para algunos hinchas de Colón de Santa Fe, dolidos por el descenso sufrido la semana pasada por el Sabalero, las causas de la pérdida de la categoría del Negro no encierra sólo cuestiones futbolísticas y malos resultados, sino que se enlazan inevitablemente con un episodio singular que envolvió al club, a su dirigencia y, específicamente, a uno de sus jugadores, en un acto sacrílego contra una imagen de la virgen de Guadalupe que durante diez años estuvo entronizada en el estadio Brigadier General Estanislao López.

Los simpatizantes que asocian ese hecho ocurrido hace casi tres años con la realidad deportiva de hoy, no pueden sacarse de la cabeza las implicancias que tuvo para Colón el retiro, primero, y destrucción, después, de una figura de la patrona de Santa Fe que coronaba el estadio dese 2001, cuando fue donada por el director técnico uruguayo Jorge Fosatti.

Una derrota por dos a cero ante el clásico rival de la ciudad, Unión, fue el detonante para que algunos integrantes del entonces primer equipo de Colón consideraran que ese resultado y otros también adversos, tenían que ver con la imagen que estaba en lo alto de una de las tribunas y a la mala suerte que, a su entender, generaba.

Uno de esos jugadores, Ariel Garcé, quien precisamente estuvo en la cancha en el partido que Colón perdió ante Atlético Rafaela hace ocho días pero vistiendo la camiseta de La Crema, fue el que llevó ese resquemor a la acción y un día de agosto de 2011 se encargó de bajar con la ayuda de su hermano y una grúa la imagen, de la que nunca se supo nada más. La razón fue simple: fue despedazada a golpes.

La ausencia en el estadio de la virgen de dos metros cincuenta de alto no pasó desapercibida y al poco tiempo la situación quedó al descubierto, dando lugar a un verdadero escándalo que involucró a la diócesis de Santa Fe que, indignada, pidió explicaciones por lo que consideraba era una flagrante profanación.

Es más. Hubo hasta una denuncia penal por robo calificado, hecho que derivó en una serie de allanamientos y acciones legales que el entonces presidente del club, Germán Lerche, trató de contrarrestar esgrimiendo como argumento que no se había cometido ninguna acción dolosa.

En el medio, el hecho provocó un sisma en el seno dirigencial de Colón donde algunos integrantes de la comisión directiva, sensibilizados porque al igual del obispado de Santa Fe consideraban un "agravio moral y religioso" lo que había ocurrido con la virgen, renunciaron a sus cargos.

De no creer
Como para aliviar la situación, a tres meses del descenso de la virgen de lo alto del estadio, Garcé dio una conferencia de prensa en la que admitió su responsabilidad en el hecho, aunque aseguró que su decisión de bajar a la imagen de la virgen fue para restaurarla pero que en el movimiento se le rompió. Pocos le creyeron.


Garcé se retiró del fútbol justamente en el partido que Colón, el cuadro al que enfrentaba, perdió la categoría y el suyo, Rafaela, que experimentó una inexplicable merma de rendimiento en las últimas diez fechas del torneo, se salvó del descenso, al contrario de Argentinos Juniors, el otro cuadro en que militó el Chino Garcé cuando dejó Colón, y también se fue al descenso en este campeonato.

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