En Sudáfrica, la maniobra se conoce en la jerga callejera como 'cortar y correr', quedando en la mayoría de los casos, impunes.
Los ladrones de rastas se han convertido en toda una "plaga" en Sudáfrica y hacen de todo para llevarse su preciado botín, que en algunos casos vale más de doscientos dólares. Las rastas requieren de varios años para crecer, pero mucha gente no quiere esperar. Y es esta necesidad por tener el pelo largo de forma instantánea que impulsa la demanda en el mercado negro. Los ladrones son rápidos y a veces despiadados. Usan cualquier cosa, desde un cuchillo hasta un pedazo de vidrio roto para robar el preciado cabello. La maniobra se conoce en la jerga callejera como 'cortar y correr', quedando en la mayoría de los casos, impunes.

Las bandas operan en Johannesburgo, la ciudad más grande del país, pero la práctica se ha extendido a la ciudad costera de Durban. Las rastas que llegan hasta los hombros se venden por entre 200 y 700 rand (entre U$S 22 y U$S 76), mientras que las más largas pueden costar hasta 2.000 rand (U$S 220).

Los estilistas utilizan un método conocido como "ganchillo": usan una fina aguja para poder convertir un pelo alisado en trenzas al tejerle cabello humano adicional. Un proceso que resulta en rastas instantáneas. Debido a que es una técnica relativamente nueva, los peluqueros todavía no han acumulado reservas, la competencia es intensa y el que tenga las rastas domina el mercado.

El ex peluquero de Maseko, Andile Khumalo, maneja un improvisado salón de belleza en la acera de una transitada calle del centro de Johannesburgo. Sus tres sillas suelen estar ocupadas, una señal de que el negocio marcha bien, dice. Pero le preocupa que los robos puedan afectar su negocio. 'En los últimos seis meses escuché cuatro casos aparte del de Jack. La cosa está empeorando y hay que hacer algo'. Khumalo teme ser la próxima víctima.

'Incluso tengo miedo de caminar de noche por la ciudad con mis rastas sueltas. Me aseguro de cubrir mi cabeza. Da miedo porque nunca sabes qué van a usar para cortar el pelo. Estas personas son despiadadas', dice. Algunos temen salir a calle de noche y exponer sus rastas.

La policía insta a la gente a denunciar los casos, pero todavía, aquellos que han sufrido robos de cabello no esperan que su situación se tome en serio.
'No fui a la policía porque no pensé que se podía hacer algo al respecto. No creo que la policía siga un caso de pelo robado', dice un angustiado Maseko. Sin embargo, la policía quiere que la gente denuncie los casos de asalto. Así, entre la celeridad de los ladrones, y la falta de decisión de las víctimas, los ladrones de rastas siguen haciendo de las suyas.

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