Fenomenos paranormales se reiteran en las salas teatrales.
El fantasma atribuido al malogrado actor Osvaldo Pacheco que fue noticia semanas atrás tras haber sido su espectro detectado en un teatro de Villa Carlos Paz donde, casualmente, dio su última función poco antes de fallecer el 28 de febrero de 1984, es un eslabón más de la nutrida cadena de episodios de ese tipo registrados en salas teatrales justificados por especialistas del tema en las impregnaciones de residuos de energía vivenciados allí en otros momentos.

Si bien el caso del fantasma de Pacheco ocurrió en el teatro Coral de aquella localidad cordobesa, otros episodios de corte similar fueron denunciados y hasta dieron lugar a singulares historias románticas en otras salas como el Maipo, el Cervantes y el Lola Membrives, aquí en la Ciudad de Buenos Aires.

"Y también en San Nicolás", apuntó la investigadora Liliana Flotta, al referir a una experiencia sobre la cual trabajó en el teatro municipal de esa ciudad bonaerense, donde al decir de personal que se desempeñaba en el lugar, el espíritu de un querido sereno que ya había muerto, se manifestaba seguido preferentemente en el palco que siempre utilizaba para disfrutar de los ensayos.

Flotta señaló a MAS ALLA DEL MISTERIO que el caso del teatro Coral, en Carlos Paz, "es uno más de los tantos que se registran" debido, dijo, a que los teatros "constituyen lugares muy especiales por el cúmulo de emociones y vivencias" que dispara la actividad teatral entre actores, asistentes y público.

La teoría de la parapsicóloga apunta a que esas emociones libradas durante una función, por ejemplo, quedan "impregnadas" en el lugar. "No sólo el actor, hasta las vivencias del personaje pueden quedar registradas como un residuo de energía", señaló.

En ese punto, la investigadora sostuvo que "aunque de una persona fallecida no queda nada físico, sí puede, sin embargo, mantenerse ese registro que queda grabado como una carga electromagnética".

"No se trata de la persona que generó esa energía, porque ya no está, pero sí lo que quedó impregnado son sus palabras, sus movimientos y, particularmente, sus emociones compartidas con el público que recibió esas manifestaciones, y le dio aún más marco a la situación".

El fantasma de Pacheco, en el teatro Coral de Villa Carlos Paz, o del sereno Quevedo, en el Municipal de San Nicolás -el lugar donde Flotta y su esposo, el también investigador de fenómenos paranormales Eduardo Grosso, llevaron a cabo un pormenorizado estudio- tienen elementos en común por más que en un caso se trate de las impregnaciones dejadas por un actor, y en otro, de las dejadas por un cuidador nocturno.

"El vínculo son las sensaciones fuertes que experimenta tanto un actor que compone un personaje y se pone en situación de tal para captar la atención de un público que se sorprende, ríe o llora ante su rutina, como un trabajador para quien la actividad actoral y el marco de referencia constituían, en el caso de Quevedo, un ámbito que lo conmovía", apuntó Flotta.

Gente sensible


Pero el fenómeno de las apariciones, sea en los teatros como en cualquier otro espacio, requiere de un receptor que capta y recibe esa energía diseminada y la convierte en las imágenes fantasmagóricas, los ruidos inexplicables o los elementos que se mueven por una fuerza invisible que estaba latente hasta que la sensibilidad de alguien dotado con esa capacidad de detectar ese residuo energético, pone en marcha el proceso.

En ese punto, Flotta hizo hincapié en que uno de los actores de la compañía que actúa en el Teatro Coral con la obra "Zoñando por Triunfar", Osmar Cau Bornes, es uno de los que tuvo ante sí la manifestación del fantasma de Pacheco.

"Casualmente, más allá de la alta sensibilidad que pueda tener Bornes, su condición de brasileño seguramente lo pone cerca del concepto espirita y por lo tanto, más proclive a recibir una manifestación energética" como la generada en el teatro cordobés.

"Basta que una persona con esa habilidad capte esa energía liberada y latente para que el fenómeno cobre cuerpo y sea percibida por otros que ven la misma aparición o escuchan los ruidos misteriosos que atribuyen a las andanzas del fantasma", subrayó Flotta.

En todos los casos, detalló, lo que se genera es una "respuesta psíquica" a la situación captada por alguien con sensibilidad y predisposición a ese tipo de fenómenos y que en una suerte de transmisión que podría definirse como telepática, hace partícipes a otros de la alucinante experiencia que ha desatado.

A criterio de Flotta es justamente esa persona la que abre la puerta al fenómeno que dará lugar a la mencionada respuesta psíquica que incluye el contacto visual con la aparición, los ruidos o movimientos inesperados de objetos, cuando no, concluyó la investigadora, algo para el lego mucho más aterrador: los parafonemas o paramelodemas, es decir voces o acordes que se producen de la nada.

En el Cervantes y el Maipo también pasan cosas raras

Si bien muchos de los casos dan pie a románticas historias o corporizan auténticas leyendas urbanas, actores, técnicos, boleteros y personal de maestranza aseguran que en los teatros Cervantes, Maipo y Nacional habitan fantasmas.

En el Nacional, por ejemplo, Benito -nombre trillado si se quiere para bautizar a un fantasma- es el espectro al que los trabajadores de la sala le atribuyen manifestaciones inquietantes, pero nunca maliciosas.

En el Cervantes, por ejemplo, un chico que estaba de visita se pegó un susto mayúsculo cuando en uno de los baños tuvo ante sí la aparición de una mujer que tenía la misma fisonomía que la actriz madrileña de principios de siglo XX María Guerrero. Sin embargo, el fantasma oficial de esa sala es Bianchi, un querible espectro al que se le atribuyen rarezas diversas.

Mientras que en el Multiteatro afirman haber visto el fantasma de la actriz española Lola Membrives, el Maipo tiene dos espectros. Uno es asociado con el actor de reparto Luis Ambrossio Radrizzani, que murió en el incendio que devastó la sala en 1943, y el otro un maquinista chileno, Luis Cáceres, que se suicidó en la década del 70, minutos antes del inicio de la función de "La mujer del año", con Susana Giménez.

Todo el dolor de Pacheco en su última función

El jueves pasado se cumplieron 29 años de la muerte de Osvaldo Pacheco, horas después de haber sufrido una indisposición en el mismo teatro de Villa Carlos Paz donde hace quince días actores que hacen la obra "Zoñando por Triunfar" aseguraron haber visto a su fantasma. En realidad, Pacheco se descompuso en la función del 27, cuando hacía con Moria Casán "Siete y cuatro". El actor, que padecía de diabetes, murió a causa de una peritonitis en el centro asistencial donde había sido trasladado.

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