Una experiencia extraordinaria sobre el vínculo establecido entre una
joven y su mascota fallecida el año pasado, superó los difusos límites
del más allá en un singular hecho que causó conmoción en el seno de una
familia del barrio de Caballito
En un hogar de profesionales de formación universitaria donde impera la losoía de amor a las mascotas, una joven veterinaria y su madre, profesora de psicopedagoga, tratan de encontrarle una explicación racional al episodio que ocurrió en la mañana del lunes pasado, a raíz de un extraño mensaje a un teléfono celular.
El lunes, que se conmemoró el Día del Veterinario, Natalia Aznar estaba dispuesta a recibir, como todos los años, los saludos de familiares y amigos en su teléfono celular el mismo donde el año pasado, había recibido uno redactado por su madre en el que le testimoniaba el agradecimiento por estar tratando en ese momento a Abril, la perra de la casa, que padecía los embates finales de una enfermedad mortal que la había postrado.
Para reconfortar a su hija apenada porque ni ciencia ni la de sus colegas especializados en la problemática podían resolver la situación que consumía lentamente a Abril, Noemí, de 62 años, había firmado ese mensaje de texto con el nombre de la perra.
Este mensaje de texto fue recibido por Natalia, de 33, el 6 de agosto de 2011, exactamente doce días antes que la degeneración medular de Abril pusiera el punto final a un penoso proceso de dos años y medio en que recibió atención especializada y, sobre todo, mucho cariño.
Mucho le costó a Natalia sobreponerse de la pérdida de aquel animal que encontró un día en la puerta de su casa, sentado sobre el capot de un vehículo estacionado, lugar en el que se mantuvo durante horas hasta que la entonces estudiante de veterinaria decidiera adoptarla como mascota.
Pero la sorpresa mayor fue este lunes cuando aquel mensaje del año pasado que consideraba perdido, de repente apareció de nuevo en el visor de su teléfono celular.
“En primer lugar supuse que era mamá que me lo había reenviado pero igual me llamó la atención”, destacó Natalia a MAS ALLA DEL MISTERIO.
“La llamé -añadió- y me confirmó que no había mandado ese mensaje y hasta ironizó sobre su desconocimiento tecnológico”.
Desde el alma “Debo reconocer que me emocioné mucho porque a ese animal lo quiero entrañablemente” dijo Natalia de aquella perrita mestiza color crema, aunque atribuyó la situación a una casualidad nacida de un defectuoso funcionamiento del servicio. Sin embargo, aún faltaba algo más.
Apenas minutos después de haber recibido ese mensaje por el Día del Veterinario, el teléfono le marcó otro msm y la sorpresa fue mayúscula: “Otra vez volvió a aparecer en el visor el mismo mensaje”, narró Natalia con los ojos un grado más humectados que el instante anterior.
“Lo ocurrido no tiene una explicación científica a no ser que intente buscarle razones por el lado de la sensibilidad y lo que representó esa perrita en mi casa durante los años que nos hizo felices con su compañía”, añadió.
A su modo de ver, “si algo marca ese episodio es que Abril y yo seguimos de alguna manera conectadas con ese gran amor que nos unió y que solamente pueden entender aquellos que hayan tenido una ligazón muy fuerte con sus mascotas”.
Conmovida, Natalia recordaba las miradas que llenas de cariño y gratitud le destinaba Abril en los últimos meses de su vida, como si supiera -interpreta el resto de la familia- que le quedaba poco tiempo para compartir con su ama, aquella que había elegido.
Pero la historia tiene otro elemento singular: el mismo lunes Natalia quiso mostrarle a su madre el mensaje de marras pero increíblemente, ninguno de los dos que habían llegado a su aparato esa mañana quedó guardado en la memoria del celular. Es más, Noemí comentó que a la hora en que Natalia recibió los mensajes redactados en agosto del año pasado, “quise enviarle un msm pero el teléfono me decía que la comunicación era incompatible, lo que como tantas otras veces atribuí a un problema de servicio”.
“Coincido con Natalia en estas coincidencias de muy diícil explicación impactan y mucho”, señaló Noemí. “Natalia fue algo más que la dueña de Abril, fue sus patas cuando no podía caminar y el alivio a las molestias de una enfermedad cruel. Si fue un error del servicio o un problema del teléfono -sintetizó- la casualidad ocurrida no invalida el hecho que Natalia y Abril siguen a su modo conectadas por un lazo que nos hace a todos más humanos”.
Cuerpo astral dice que aún están con nosotros La psíquica Alena Persaldi aclaró que lo que la gente con sensibilidad percibe de sus mascotas fallecidas “no es el espíritu” del animal sino “el cuerpo astral” y apuntó que ese tipo de contactos se dan porque aún en planos no terrenales perros y gatos, por ejemplo, “siempre intentarán proteger o estar cerca de los que fueron sus dueños”. Persaldi aseveró que “el espíritu de los animales no es igual al de los seres humanos” y afirmó que en todo caso, “es una versión rudimentaria”.