Para el Gobierno, el voto "desencantado" que nunca pudo recuperar fue una de las causas de la debacle electoral, pero también reavivó cuestionamientos internos hacia la jefatura de campaña de Marcos Peña.

"Nos ganaron los números", se sinceraba anoche un armador bonaerense al intentar explicar la debacle electoral con las cifras de la crisis económica que desde un año viene publicando el Indec y que fueron la principal razón del rechazo que les propinó el electorado propio, al que en Casa Rosada llamaban "desencantado", que finalmente no pudieron recuperar.

La paliza electoral que recibió el oficialismo, una diferencia negativa con el peronismo de 15 puntos para Mauricio Macri y de casi 17 puntos de María Eugenia Vidal, tumbó los ánimos de Juntos por el Cambio, que para adentro la califica como irremontable, reavivó cuestionamientos internos hacia la jefatura de campaña de Marcos Peña y representa un desafío para lograr "gobernabilidad" para llegar "más competitivos" al 27 de octubre y, en última instancia, para poder finalizar el mandato el 10 de diciembre.

El piñazo de los candidatos del Frente de Todos que, a falta de resultados oficiales, le mostraron las mesas testigos a los popes del oficialismo mostró rostros adustos desde temprano en el búnker macrista de Costa Salguero. Incluso los primeros cálculos provisorios, que mostraban una mejor performance de Vidal que del jefe de estado, fue trastocándose con el correr de las horas: de perder "por menos de 5 puntos" a la catastrófica postal que mostraba al cierre de esta edición la página de resultados de la Dirección nacional electoral. A Vidal, de algún modo, le ocurrió lo mismo que a Daniel Scioli en 2015: pese a ser la dirigente con mejor imagen de la Argentina no logró trasuntar ese aura en las urnas. Pero, además, la magnitud de la crisis la perjudicó en el Conurbano donde el oficialismo cayó sin atenuantes.

También fue errático el movimiento que practicó el oficialismo en La Matanza donde al haber ungido a Alejandro Finocchiaro desarmaron el armado local. Este y otros errores provocaron la avalancha de votos del Frente de Todos que hacen tambalear las intendencias de los ex Cambiemos en Quilmes, Lanús y Tres de Febrero.

Desde el entorno de Vidal llegaron las críticas a Marcos Peña, el "cerebro de la derrota y quien inventó la campaña de redes y por Whatsapp".

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Un legislador bonaerense reconoció que "perdimos mal en lugares impensados de la segunda y cuarta sección electoral" donde históricamente acompañaban al macrismo. Las críticas por la falta de apoyo al adelantamiento de las elecciones provinciales que pretendía el vidalismo no se hicieron esperar.

"Es muy difícil de explicarlo hoy: hay que esperar que baje la espuma", se sinceró un funcionario bonaerense que volvió a reivindicar la idea del fallido desdoblamiento de las elecciones en Provincia que habían impulsado desde diciembre pasado y feneció a comienzos de marzo: con un peronismo aún dispersado y sin candidato fuerte, se esperanzaban en la reelección de la gobernadora.

Con todo, Macri apareció por el escenario de Costa Salguero pasadas las 22, antes que se difundieran los primeros datos oficiales, y reconoció la dura derrota y pidió a los candidatos "más votados responsabilidad" para dar certidumbre a los mercados, el gran temor del oficialismo. Se lo vio descolocado, "dolido", al igual que se la vio a Elisa Carrió minutos después cuando reapareció sola en el escenario. También se lo vio compungido al presidente en la conferencia de prensa posterior -donde Vidal no recibió preguntas y no podía ocultar su gesto adusto al igual que el secretario general de la Presidencia, Fernando de Andreis, que lucía un rostro colorado por la tensión- donde volvió a pedir, sin nombrarlo, gestos de contención a Alberto Fernández como el candidato presidencial mas votado.

Algunos consultores argumentaron los malos pronósticos de las encuestas previas por la existencia del "voto vergozante" que, esta vez no fue para Macri como se especulaba, sino para el peronismo tantas veces golpeado por denuncias de corrupción y que llegó desgastado hasta las legislativas de 2017.

Lo cierto es que pasadas las 23.30 el pabellón de Costa Slaguero lucía vacío. Media hora antes hubo una reunión de mesa chica de los popes del oficialismo en el VIP montado en el predio para trazar estrategias para atenuar el golpazo político y evitar que ese ruido provoque más secuelas nocivas en la economía. En la rueda de prensa de anoche Macri no descartó cambios de gabinete.

El tembladeral político suspendió la conferencia de prensa del presidente de hoy a las 9 -en las legislativas de 2017 había respondido preguntas la noche de la elección y a la mañana siguiente en el Salón Blanco- y pasadas las 10 se espera una nueva reunión de gabinete en Casa Rosada. También se esperan definiciones sobre lo que se viene. "Hay que llegar a diciembre", decía anoche el armador bonaerense consultado, quizás, exagerando las consecuencias de la dura derrota pero sabiendo cómo se mueve el peronismo cuando se acerca al poder.

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