En los últimos años, las redes sociales, los foros virtuales, los mensajes de correo electrónico o los mensajes instantáneos en el teléfono celular son utilizados como un canal para el hostigamiento. Hace unos meses este mismo diario publicó una nota que daba cuenta de que este tipo de violencia se había incrementado en tiempos de cuarentena.

Se reconoce como “ciberacoso” (cyberbullying) a la intimidación psicológica sostenida en el tiempo y con cierta regularidad producida por medio de las tecnologías de la información y la comunicación. Así, se utiliza Internet para enviar o publicar mensajes desagradables, ofensivos, discriminatorios o intimidantes hacia alguien. Quien lo sufre a menudo suele mostrar síntomas psicológicos y psiquiátricos compatibles con el trastorno de estrés postraumático, incluyendo trastornos de ansiedad, de aprendizaje, culpa o depresión, baja autoestima y sentimientos de impotencia.

Los agresores suelen degradar a otros para consolidar y reforzar su propia posición. Asimismo, los hostigadores virtuales actúan para compensar su baja autoestima. Algunos, incluso, exhiben rasgos de personalidad antisocial y pueden mostrar características de psicopatía como conductas de agresión y falta de empatía.

Es lógico pensar que las personas que tienen tendencias antisociales en la vida real puedan mostrar un desprecio similar para otros en el mundo virtual. Sin embargo, el psicólogo John Suler advierte que también algunos adultos sin trastornos de la personalidad pueden tener comportamientos intimidatorios en las redes sociales porque les permite crear un personaje virtual separado de su identidad cotidiana. Es que bajo el anonimato resulta más difícil responder por las acciones.

Asimismo, los llamados “trolls” suelen provocar de manera virtual con palabras y modos que no se atreverían a usar cara a cara. Ciertos estudios revelaron que las personas eran más propensas a amenazar a sus pares en el debate cuando utilizaban un alias y no, sus nombres reales.

Pero los casos más nocivos y prevalentes de intimidación online surgen de la combinación de fuerzas del anonimato y del sentido de pertenencia a un grupo. Cuando los participantes sin rostro asumen la identidad del grupo que los rodea, se afianza la mentalidad de masa virtual. En ellas, las personas impulsivas y agresivas tienden acopiarse los unos a los otros.

Se trata de un problema difícil de abordar ya que, muchas veces, no se tiene en cuenta el daño y el sufrimiento que puede causar en el otro este tipo de acoso. Pero debemos reconsiderarlo, sobre todo para comprender que tienen secuelas negativas en el receptor, una persona de carne y hueso que está siendo dañada, y actuar en consecuencia.

Facundo Manes es neurólogo y neurocientífico

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