La crisis globalizada por la pandemia del COVID-19, no alcanzó a generar una gran variedad de mensajes y expresiones públicas por parte del ambiente del fútbol argentino, concentrado en activar los latidos de una burbuja como si por aquí no pasara nada

El ambiente del fútbol argentino suele quedar totalmente al descubierto cuando arrecian las crisis. ¿Por qué? Porque son muy pocos, contados con los dedos de una mano, los que se animan a salir de la burbuja para plantear lo que piensan.

El fútbol no se nutre, precisamente, de otras ideas que van más allá de su naturaleza. El coronavirus reveló esa dinámica. Como si las grandes urgencias económicas y sanitarias dejaran en evidencia que el ambiente del fútbol no tiene casi nada que decir. Ni hacer. Solo esperar que el diluvio amaine. Para algún día volver a jugar.

Esta presencia y observación desactivada de la realidad social, es un perfil que, en general, identifica a los protagonistas. No están afuera del paisaje universal, pero en estas circunstancias quizás se sienten más afuera que adentro. Y no participan. Y si participan repiten algunas consignas muy básicas apropiadas de la televisión.

¿Asumen los jugadores y los técnicos esta ausencia en el tinglado donde se desnuda la palabra pública? ¿No alcanzan a observar lo que está ocurriendo? ¿O forman parte de amplios y variados sectores de la sociedad que viven atrapados por la burbuja perfecta que confunde y distrae?

Ese crack de todos los tiempos que fue el entrañable Roberto Perfumo, hace ya dos décadas nos comentaba: “El fútbol es el espejo de la sociedad, en la que se expresan los miserables, los valientes, los cagones, los que valen la pena y los que valen muy poco. El fútbol los contiene a todos. Ahí se ve todo. Los que en una circunstancia muy complicada se la juegan por un compañero y los que se borran para salvarse. Los que se hacen los boludos en situaciones jodidas y los que toman decisiones para proteger a un grupo. El fútbol, en definitiva, es el gran alcahuete de la aldea global”.

No estaba equivocado el Mariscal. Ese formidable espejo es en realidad uno de los tantos espejos insensibles que se reproducen en otras pantallas más sofisticadas o más primitivas de la vida cotidiana. El fútbol delata. Esto interpretaba Perfumo. Delata conductas. Revela actitudes. Expone indiferencias, escepticismos, simplificaciones, vaguedades y en algunos casos (los menos), compromisos.

Es cierto, el ambiente del fútbol es también un emergente del gran escenario. Donde estamos todos. Donde nadie queda al margen. Y menos ahora. Cuando no hay certezas y prevalece la angustia existencial y la incertidumbre. Cuando lo que en otras geografías y continentes parecía muy sólido y firme en el altar liberal de la inversión privada, en un abrir y cerrar de ojos todo se desvanece. Y se derrumba, acompañando otros derrumbes que preanuncian la demolición de las verdades absolutas que promueve el dios mercado. O el capitalismo depredador y salvaje. Hoy jaqueado sin piedad por el COVID-19.

El ambiente del fútbol integra ese cosmos. Tiene su espacio garantizado. Es la industria del entretenimiento más colosal de la historia. Los protagonistas, sin embargo, no deciden aspectos centrales. Deciden por ellos. Y naturalizaron entregar su subjetividad. Ser pensados por otros. No forjar un pensamiento propio. No construir ese pensamiento. Como pasa en tantas áreas y en tantas otras actividades más valoradas o más degradadas.

Es muy probable que esa atmósfera contaminada haya cubierto los espacios que frecuenta el ambiente del fútbol. Por eso, como señalamos en el arranque, cuando se instalan las crisis, la trastienda queda al descubierto. Esperando una ayuda intelectual que no va a llegar.

Aparecen en esta nota:

Contacto

Registro ISSN - Propiedad Intelectual: RL-2018-58849696 - Domicilio Legal: Intendente Beguiristain 146 - Sarandí (1872) - Buenos Aires - Argentina Teléfono/Fax: (+5411) 4204-3161/9513 - internet@dpopular.com.ar

Edición Nro. 15739

Dirección

Propietario: Man Press S.A. - Director: Francisco Nicolás Fascetto © 2017 Copyright Diario Popular - Todos los derechos reservados