María Teresa Ojeda demostró su ejemplo y pasión: tenía que ir Esquina, Corrientes, desde la capital provincial para supervisar a futuros docentes con el plan Enseñar. Un puente que se cayó la obligó a cambiar sus planes. Tomó un auto, un colectivo y un camión, y cruzó el arroyo con una lancha. Encima, llegó con media hora de adelanto. "Si está en mis manos lo hago. Amo mi trabajo", simplifica.

Luego de escuchar a María Teresa Ojeda, lo que muestra Google Maps no es más que datos algorítmicos de una red fría. Desde Corrientes capital hasta Esquina, en Goya, el avanzado buscador expone la exactitud de 222.3 kilómetros. Un trayecto de dos horas y cincuenta y cuatro minutos. Pero lo que no se ve es lo que ella vio. Un puente caído la obligó a cambiar todos sus planes y a emprender una odisea con un auto, un colectivo, un camión de carga y hasta una lancha para llegar a tiempo y evaluar a futuros docentes con el programa Enseñar.

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“No podía no presentarme porque esa gente también tiene muchas cosas que hacer, tienen una vida, y no tienen la culpa de lo que me pasó”, cuenta Ojeda. Ella siente una pasión por la profesión que le cuesta describir. Prefiere decir que ama su responsabilidad.

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Teresa trabaja para el ministerio de Educación provincial. Con motivo del programa Enseñar, las autoridades le ordenaron supervisar la evaluación en Esquina. El martes a las 10.30 se subió a su Chévrolet Mériva para encarar hacia la Ruta Nacional 12. En Esquina tenía que estar a las 17, el horario del comienzo del examen.

Hizo un par de kilómetros. Notó que el camino estaba cortado. Un grupo de obreros trabajaba en la remodelación del trayecto. Si quería seguir debía tomar el camino alternativo. “Uno de los hombres no me dejó seguir. ´Tu auto es muy bajito, te vas a quedar en el ripio, es muy peligroso´, me dijo y me aconsejó que vaya a la terminal a tomar el colectivo hasta Goya”, dijo a Diario Popular.

Volvió son su coche. El micro estaba a punto de salir. “Tengo que llegar, no puedo quedarme con las evaluaciones, qué va a hacer esa pobre gente”, recuerda lo que pensaba sentada en el asiento de un ómnibus que se movía como tractor de arado. Miraba el reloj y se ponía nerviosa, pero había algo impensado que también la iba a complicar, pero no así obstaculizar su gran objetivo: la señal de su celular.

El puente Santa Rosa se desmoronó a principios de julio. Aquél día 7 se despertó con una intensa lluvia que hizo crecer al arroyo Guazú. La vieja construcción no soportó la presión de las aguas y dejó incomunicada a una ciudad entera. Vialidad Nacional trabaja en la reconstrucción. Desde la gobernación afirmaron que para fines de octubre iba a estar terminado.

“Bajé del micro y un señor de Prefectura me dijo que el paso estaba cortado. Recién a las cinco y media iba a estar habilitado”, relata mientras se ríe. Para mal de males en esa zona solamente hay señal de la empresa de telefonía Personal. Ella tiene Claro. “No tenía manera de llamar a mis compañeras en Esquina”. Alrededor no había más que pasto, árboles y una ruta que se utilizará en algún momento lejano.

Teresa dice que cree en Dios y quizás fue su creencia la que la ayudó. Sobre la costa paró un remis que traía pacientes que iban a cruzar. Una lancha amarró para ayudarlos a subir. “Subite a la lanchita”, le gritaron los trabajadores y prefectos. Así, mientras observaba el segundero de su reloj, pasó al otro lado. Desde la otra margen del arroyo caminó tres kilómetros hasta un puesto en donde vio un camión. Le hizo dedo. El conductor la alcanzó hasta el cartel de bienvenida a Esquina.

“Son 100 kilómetros de puente nomás los que se cayeron y es impresionante todo el problema que nos genera. Vi gente que venía de trabajar y se tenía que quedar sentada por ahí a esperar que abran el paso”, critica Ojeda.

Comprometida con su causa, le encanta ser puntual. Al salón en donde la esperaban más de veinte alumnos llegó con media hora de adelanto. “Encima tuve esa suerte”, dice.

Teresa repite varias veces que “no se puede hacer esperar a la gente”. Hubiera sentido culpa si las cosas no se encaminaban. Pero cumplió y ahora solamente pide que terminen de arreglar el puente y la ruta.

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