Francisco sufrió una pequeña cortadura en la ceja y una inflamación en el pómulo izquierdo después de un frenazo del papamóvil que lo transportaba por un barrio de la caribeña ciudad de Cartagena. “El Papa está bien (...) Se le aplicó hielo y se medicó. Prosigue sin cambio alguno su programa de viaje”, dijo a medios el vocero del Vaticano, Greg Burke. El pontífice de 80 años saludaba a los cientos de personas que lo recibían en el marginal barrio de San Francisco cuando, por la multitud que se agolpaba en las calles, el vehículo que lo movilizaba frenó súbitamente.
La maniobra le hizo estrellarse contra el vidrio. Uno de los agentes de seguridad lo asistió al momento y le limpió con un pañuelo blanco el sudor y la sangre, que le alcanzó a manchar el simar (capa de la túnica blanca). “Me dieron una piñada (puñetazo)”, bromeó el pontífice al ser preguntado más tarde por periodistas.
Francisco, que cerró su visita de cinco a días a Colombia, siguió con su recorrido de 3,5 kilómetros hasta la plaza central de San Francisco, uno de los barrios más pobres de la conocida ciudad turística. Posteriormente, el jerarca reapareció ante sus fieles con una curación en el rostro y su túnica limpia. El papa viajó ayer a Roma luego de abogar principalmente por la paz y la reconciliación en un país que busca superar un conflicto armado de cinco décadas.
El papa Francisco formuló ayer desde Cartagena un llamado contra la “violencia política” en Venezuela y a favor de una “solución a la grave crisis” que acorrala a ese país. Al término del Angelus, el pontífice elevó una oración “especial por la vecina Venezuela” y pidió “que se rechace todo tipo de violencia en la vida política y se encuentre una solución a la grave crisis que se está viviendo y afecta a todos, especialmente a los más pobres y desfavorecidos”.
Francisco clamó por una salida a la difícil situación política y económica que enfrentan los venezolanos desde la iglesia San Pedro Claver, un sacerdote jesuita defensor de los esclavos en el siglo XVII. El pontífice dirigió su mensaje al pueblo venezolano en particular, y a los más de 300.000 migrantes que han encontrado en Colombia “un lugar de acogida”, entre ellos miles que cruzaron la frontera por la agudización del enfrentamiento entre el gobierno de Nicolás Maduro y la oposición.
El Vaticano ha apoyado los intentos fallidos de diálogo entre Maduro y sus adversarios políticos, en punto muerto desde antes de que el presidente apoyara la instalación de una Asamblea Constituyente que rige con plenos poderes desde el 4 de agosto.
Por segunda vez en los últimos cinco días, Francisco abogó por un arreglo pacífico en Venezuela. Ya lo había hecho el miércoles durante el vuelo de llegada a Colombia, donde este domingo concluye una visita en la que ha apoyado la paz y reconciliación en un país que intenta extinguir el último conflicto armado de América.
En ese momento pidió orar para “que pueda haber diálogo con todos” en Venezuela y envió un telegrama al presidente Nicolás Maduro, en el que abogó por la “solidaridad, justicia y concordia”.
El jueves Francisco habló directamente con los jerarcas católicos venezolanos en el marco de una reunión con el Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) en Bogotá. Los cardenales Jorge Urosa y Baltazar Porras encabezaron la delegación.