El Papa Francisco celebró una misa este sábado en conmemoración de los mártires modernos del cristianismo y cuestionó, esencialmente, el estado de precariedad en la que viven los refugiados en Europa. “Estos campos –de refugiados- muchos de ellos son campos de concentración, (...) abandonados a los pueblos generosos que los acogen, que tienen que sacar adelante este peso porque los acuerdos internacionales parecen ser más importantes que los Derechos Humanos”, afirmó, contundente, el Sumo Pontífice.
Saliéndose del guión que llevaba preparado y mostrándose emocionado mientras hablaba, Jorge Bergoglio afirmó que quería que la mujer fuese recordada junto con otros mártires en la basílica de San Bartolomé, en Roma.
Francisco explicó que había conocido al esposo de la fallecida y a sus tres hijos en una visita a un campamento de refugiados en la isla griega de Lesbos el año pasado. “No sé si este hombre está todavía en Lesbos o ha logrado ir a otra parte. No sé si ha sido capaz de huir de ese campo de concentración”, dijo el Papa.
“Mi mujer no lo hizo y la degollaron delante de mí. Nos amábamos mucho”, indicó el Papa, citando al hombre. Francisco no reveló su nacionalidad pero la mayoría de los migrantes de Lesbos en la época de su visita habían huido del conflicto sirio.
Francisco regresó a Roma junto a tres familias de ese país, que empezaron en la capital italiana una nueva vida. El sábado, el papa se reunió con otros refugiados llegados a Europa legalmente con la ayuda de la comunidad de San Egidio.
A ellos les dijo que era necesario que la generosidad con los migrantes que había mostrado la gente de Lesbos y de las islas italianas de Sicilia y Lampedusa se propagara por Europa.