A dos años y medio de haber sido condenado a prisión perpetua por un episodio de gatillo fácil en el que ejecutó en la cabeza a un adolescente, un cabo de la Policía Federal continúa prófugo, ya que logró escaparse cuando se le permitió por “cuestiones anímicas” no estar presente en la lectura del veredicto. Por el tiempo transcurrido y la falta de novedades, la familia de la víctima, Jhon Carlos Camafreitas, duda de la “voluntad para buscarlo” de parte de las autoridades, aunque en los últimos días se desarrolló una reunión en la Fiscalía a cargo del caso para decidir “los pasos a seguir”.
En setiembre de 2014, el Tribunal Oral Criminal Nro. 23 condenó al ex policía Martín Alexis Naredo (por entonces, empleado en la Municipalidad de La Matanza) a prisión perpetua al hallarlo culpable del delito de “homicidio calificado” del chico, de 18 años, registrado en la madrugada del 21 de enero del 2012 en el barrio porteño de Boedo.
De todas maneras, el imputado alegó no sentirse en condiciones de asistir al momento en que se iba a dar a conocer el fallo por “cuestiones anímicas”. Una vez condenado, nunca más pudo ser localizado.
“Desde que lo fueron a buscar y no lo encontraron, no se supo que fue de su vida. Cada vez que vamos a preguntar recibimos la misma respuesta: “No hubo novedades”. Y como no vemos que haya demasiada voluntad para buscarla, por cuestiones que todos sabemos que pasan cuando se trata de policías condenados, nuestra sospecha es que nunca más aparecerá. Y si lo agarran, será porque cometió un error”, sostuvo Juan Carlos Camafreitas, el padre de Jhon, en diálogo con DIARIO POPULAR, casi con resignación.
De todas maneras, de acuerdo a lo indicado oficialmente, durante esta semana, funcionarios de la Procuraduría de Violencia Institucional (Procuvin), junto a los magistrados de la Fiscalía General Nro. 21 (a cargo de Fabián Celiz) y de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional de Instrucción Nro. 41 (cuyo titular es Ariel Yapur) mantuvieron una encuentro para analizar el caso y empezar a decir como continuar, debido a que ha transcurrido dos años y medio de la fuga de Naredo, sin que se registraron avances en la investigación sobre su paradero.
Durante el juicio, la querella, representada por la abogada María del Carmen Verdú (de la CORREPI), había advertido a los jueces que, luego de los alegatos en los que se había solicitado se lo condenara a perpetua, que garantizaran su presencia en el veredicto. Esto no ocurrió y ahora la historia es conocida. “Le dieron permiso para irse a su casa, ya que nunca estuvo detenido y aprovecho para fugarse. Ni siquiera tuvo necesidad de correr, porque le abrieron la puerta”, se denunció.
Para completar el cúmulo de irregularidades, se supo que hubo una demora de una semana en ordenar su captura a nivel nacional e internacional.
Un tiempo más que suficiente para que escapara, eludiendo el accionar de la Justicia. Más tarde, se encomendó a personal de la Unidad Especial de Inteligencia de Gendarmería Nacional que se encargara de la búsqueda y luego de un año, recién se pidieron medidas elementales, como intervención de líneas de teléfonos.
Jhon Camafreitas y otro chico, de 14 años, volvían a sus casas desde la plaza Boedo, de la que se habían ido para alejarse de una pelea entre dos grupos de jóvenes enfrentados. A los policías les llamó la atención que cruzaron la avenida Independencia corriendo y los interceptaron en el cruce con Sánchez de Loria. Entonces, mientras un oficial redujo al adolescente, el cabo Naredo alcanzó a quien se convertiría en su víctima.
Tanto algunos testigos, como las pericias, establecieron que en la madrugada del 21 de enero de 2012, Naredo tomó a Camafreitas por atrás, lo obligó a agacharse, le puso la pistola reglamentaria 9 mm. en la cabeza, con la que le disparó. El proyectil le penetró en el cráneo, con ingreso por la nuca y salida por la sien, provocando la muerte cerebral. El chico agonizó durante cuatro días en el Hospital Ramos Mejía, hasta que se produjo su deceso y pasó a engrosar la triste lista de víctimas de gatillo fácil
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