Una joven de 15 años le exige a la justicia de San Justo que atienda su reclamo de forma urgente, luego de que el año pasado denunciara haber sido violada por un hombre al que conoció en una reunión grupal en el Planetario, quien presuntamente le suministró una droga a escondidas para luego seguirla y llevarla hasta su casa en Ramos Mejía.
Según le contó Emilia a DIARIO POPULAR, el hecho se perpetró entre la noche del 13 y la madrugada del 14 de febrero de 2016, aunque ella recién se animó a denunciarlo seis meses después, el 5 de agosto.
Desde entonces, la UFI Nº 4 de San Justo que tomó el caso sólo le practicó la pericia psicológica y nunca la volvió a llamar. La juntada en el emblemático Planetario porteño se había organizado mediante un grupo de WhatsApp de fanáticos del cantante de rap “Canserbero”.
“Al tardar en hacer la denuncia no se pudo corroborar nada, espero encontrar grabaciones o testigos”, alertó.
Allí, la adolescente, que en ese entonces tenía 14, relató que una chica le dio una gaseosa para tomar y empezó a sentirse mal. “Desde ahí comencé a sentirme mareada, me pesaban las piernas, los ojos... Sentía que tenía sueño y no tenía noción de lo que hacía”, contó Emilia. Y prosiguió: “Le avisé a una chica que supuestamente era mi amiga y me dijo que cuando terminaba todo me acompañaba para volver a mi casa. Me terminó acompañando hasta cierto punto y yo no podía sostenerme en pie, entonces le pedí ayuda a un señor con una nena, que me indicaron donde estaba la estación”.
“Me tomé el tren hasta Hurlingham, pero me pasé una estación y terminé en William Morris. Estaba totalmente perdida y le pedí ayuda a una persona, que resultó ser uno de los chicos que estaba en la reunión. Tenía que tomar el colectivo 463, él me llevó hasta una parada que no era”, explicó sobre el engaño del joven. A partir de ahí, la adolescente perdió el conocimiento y lo recobró recién al día siguiente, cuando se despertó en una casa que no era la suya ni la de su novio: “Estaba totalmente sin ropa, desnuda y estaba esa persona delante mío, sentada en la misma cama”.
A varios meses del comienzo de la causa, y si bien se comunicó con varios abogados, Emilia todavía no consigue quien la represente.
“Me desperté con dolor en mis genitales y él no me decía nada. Entonces me vestí como pude y salí corriendo. Me estaba siguiendo y pensé que quería matarme para que no dijera nada”, continuó Emilia. Seis meses después recién se animó a contárselo a Gabriel, su pareja desde entonces y con quien hoy convive, que es su único soporte. “Cuando le conté a mi mamá me dijo que no podía hacer la denuncia porque estaba trabajando. Siento que no me ayudan. Quiero que esta persona no esté libre, porque hay un montón de chicas más a las que les puede pasar”.
Después del hecho, Emilia intentó entender el por qué. Mandó mensajes de texto, se comunicó por Facebook y por WhatsApp, pero ni su violador ni los asistentes a la fiesta la ayudaron a develar el misterio. Más bien todo lo contrario...
“Conseguí su número y le mandé un mensaje preguntándole qué pasó, porque no entendía nada. Me respondió diciéndome que me quede tranquila, que él estaba ocupado pero al día siguiente me iba a contar. Lo quiso hacer pasar como que yo quería ir a esa casa y que estaba todo bien. Yo nunca acepté, recuerdo que quería venir a la casa de mi pareja”, apuntó.
Y explicó que “al día siguiente no me contestó y yo me enojé, si yo estaba de acuerdo, como él dice, ¿por qué iba a ocultarlo? Es por eso que nunca dio la cara”.
“Si él vivía en Ramos Mejía y podía ir directo, ¿por qué se tomó el tren hasta Morris y después dos colectivos?. Sería un poco tonto...”, reflexionó la joven.
Pasó el tiempo y, para despejar cualquier tipo de dudas, Emilia lo fue a buscar. “Fui sola, mientras me esperaba mi pareja en una estación de servicio. Salió a atenderme y cuando me vio se asustó, se fue caminando lentamente y a los pocos minutos llamó a la policía”, rememoró.
Incluso, la joven denunció que la persona que la abusó cuenta con el aval de su madre: “Un día llamó a mi casa la mamá de este violador y le dijo a mi pareja que esa noche estuvo en esa casa, que al día siguiente me ofreció un café y que esta persona me acompañó a la parada, a la estación de servicio para comprar cigarros, lo cual es totalmente mentira”.
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