El acusado por el femicidio de su pareja embarazada comenzó a ser juzgado por el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 9 de Lomas de Zamora.

Daniel Lagostena, quien comenzó este lunes a ser juzgado por el femicidio de su pareja embarazada Érica Soriano, vista con vida por última vez en 2010 en el partido bonaerense de Lanús y cuyo cadáver jamás fue encontrado, declaró que su relación con ella era “normal y buena” pero que no recuerda por qué no la llamó al celular cuando ella abandonó la casa en la que convivían.

"No sé qué pasó con Érica y el bebé, no puedo ponerlos en una lista de enfermos o fallecidos”, aseguró el imputado ante el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 9 de Lomas de Zamora.

En la primer audiencia estuvieron presentes familiares de víctimas como María Luján Rey, madre de Lucas Menghini (19), el joven muerto en la tragedia de Once; Matías Bagnato, único sobreviviente de la “Masacre de Flores” y Eugenia Vázquez del Programa Nacional de Lucha contra la Impunidad (Pronalci) del Ministerio de Justicia de la Nación.

Lagostena (58), quien llegó al juicio detenido e imputado de “homicidio en concurso ideal con aborto en contexto de violencia de género”, delito que prevé una pena de prisión perpetua, respondió preguntas de la fiscal Marina Rocovich, del abogado de la familia de la víctima, Marcelo Mazzeo, y de su defensor particular, Gustavo Della Maggiore.

Previamente, las partes expusieron brevemente sus lineamientos, tras lo cual el TOC 9 leyó por secretaría la declaración indagatoria de 2016 en la que Lagostena dijo ser “totalmente inocente” y que lo acusaron por un “prejuicio respecto de los hombres”.

El imputado, vestido con una camisa blanca, jean negro y zapatillas azules, pidió ampliar su declaración ante los jueces Darío Bellucci, Juan Manuel Rial y Victoria Ballve y contestó preguntas durante unas cinco horas, aunque en varios pasajes aseguró que“ no recordaba”.

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Según Lagostena, la noche anterior a la desaparición de Érica (30) ambos mantuvieron una “discusión” luego que concurrieron al obstetra, dado que cursaba un embarazo de dos meses y medio.

"Ella le preguntó al médico como quince preguntas y cuando yo quise preguntar me hizo con la mano como que no”, dijo el hombre que declaró con un tono bajo y monocorde durante toda la audiencia.

Esa situación, de acuerdo a su testimonio, generó una discusión que derivó que “al otro día Érica tomó la decisión de irse de la casa”.

Lagostena describió ese momento en el que supuestamente la mujer se retiró de la vivienda y él trató de impedirlo al tomar la cartera que la mujer desaparecida llevaba colgada de un hombro.

"Una tira de la cartera quedó en su mano y la otra en la mía, pero agarró su celular, su monedero y se fue”, afirmó el hombre, quien, por pedido de la fiscal, recreó esa situación junto a la secretaria de ella.

Rocovich demostró que esa cartera hallada en la vivienda de Lagostena tenía una sola correa, por lo que no pudo haber quedado en ambas manos, aunque él mantuvo su postura de que así fue la última vez que la vio.

"Pensé que iba a dar una vuelta a caminar y que iba a volver en un rato”, expresó el acusado, el cual dijo no recordar por qué no la llamó durante todo el día para ver si le había pasado algo.

Además, la fiscal Rocovich le preguntó en varias oportunidades acerca de una serie de mails entre la pareja que evidenciaban “celos” y escenas de hostigamiento por parte de Lagostena.

"Diferencias tienen cualquier pareja, en unos mails o para ponerse de acuerdo, hay que ver la totalidad de esos mensajes y no cuatro o cinco”, respondió.

En la elevación a juicio a la que accedió la agencia Télam, se dio por acreditado que el 20 de agosto de 2010 Lagostena y Érica, tras visitar a un ginecólogo en Capital Federal, se dirigieron a su domicilio en Lanús, donde ya se encontraba una persona no identificada hasta ahora, que utilizó el teléfono de línea para llamar a una pizzería a las 22.01.

En base al estudio de otros llamados, se estableció que a las 22.13 Érica habló con una amiga, quien luego declaró que se dio cuenta de que en el viaje iba manteniendo una pelea con Lagostena.

Al respecto, la fiscal Rocovich le preguntó al sospechoso sobre esos llamados ya que Lagostena aseguró que él mismo había llamado de su casa para pedir una pizza pese a que los entrecruzamientos telefónicos indicaron que todavía no habían llegado a ese lugar.

Según la investigación, cerca de la medianoche, el imputado comenzó a intercambiar mensajes con su sobrino Brian Poublán (25), hijo de su hermana, con quien hasta entonces no tenía un trato cotidiano ni habitual.

En ese sentido, Lagostena dijo que lo llamó para preguntarle por un “revestimiento” que le estaba haciendo en el baño del joven.

En tanto, respecto a que los que buscaron rastros en la casa hallaron, pese a que hacía 24 grados, la chimenea caliente y restos de poliéster que se correspondían con una bombacha, lo cual presume que el imputado quemó allí la ropa de su pareja, el detenido señaló que luego que Érica se retiró prendió fuego para comer “carne” mientras realizaba trabajos en el techo.

También se encontró una mancha de sangre debajo de una mesita ratona que fue detectada con el reactivo Luminol, pero como había sido lavada sólo se pudo determinar que era de mujer.

"Lo único que recuerdo que pudo haber sido esa 'peca' de sangre es que ella se lastimó una mano cuando limpiaba una mesa de vidrio que se le rompió”, sostuvo.

Por último, el abogado Mazzeo le preguntó directamente: “¿Por qué la mataste", pero Lagostena no respondió nada y el juez Bellucci le pidió “compostura”.

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