Rosario es el escenario del 60% de los homicidios con el sello narco. En las villas porteñas y en otros puntos del país, las estadísticas inquietan.

El narcotráfico "causa veintidós homicidios cada semana" en la Argentina, en el marco de "enfrentamientos entre grupos delictivos dedicados a la venta de drogas".

El dato fue dado a conocer por la ONG Defendamos Buenos Aires que, con la asistencia del Estudio Miglino y Abogados, hizo hincapié en que los homicidios se dan debido a la "lucha por ‘territorios liberados’, venganzas, ajustes de cuenta o simples discusiones entre narcotraficantes".

"Además de Rosario, Capital Federal también tiene sus homicidios a diario, como en la villa 31, en Retiro, la 1-11-14 en Flores, la Zavaleta en Barracas y Ciudad Oculta en Mataderos. Más del 60 por ciento de todas las muertes violentas, cuyo origen se encuentra en el tráfico de sustancias prohibidas, se produjeron en Rosario. Sin embargo, cada vez más la ciudad de Santa Fe y las provincias de Salta, Jujuy y Misiones engrosan esta terrible estadística", sostuvo Javier Miglino, director de la citada ONG.

Y continuó: "Gloria Estela Martínez Galeano, de 32 años, caminaba hace unos días por Dean Funes al 2000, en Parque Patricios. A metros de ella, sentado en el umbral de la puerta de una casa, en esa misma calle, se encontraba su ex pareja Juan Domingo (48), hermano de Maximiliano ‘Chanchi’ Estévez, el ex jugador de Racing. Estaba junto a un amigo. Hacia ellos fue la mujer. En una mano, que tenía detrás de su cintura, Galeano ocultaba un cuchillo. Mientras la mujer se acercaba a la dupla de amigos, Juan Domingo estaba picando marihuana, concentrado, y mirando sus propias manos. El otro joven, por su parte, estaba distraído y observaba la calle, como quedó registrado en las cámaras de seguridad de la zona que captaron el momento. Cuando Galeano llegó a donde estaban los amigos, apuñaló en forma alevosa y en reiteradas oportunidades a Juan Domingo a la altura del pecho. En ese momento, sorprendida, la víctima se paró y discutieron, se gritaron. El hermano del ‘Chanchi’, con una mancha de sangre sobre su remera celeste, le llegó a lanzar una piedra a su agresora, pero no le impactó: ella escapaba hacia la esquina opuesta. A los pocos minutos el hombre murió debido a las heridas. La discusión había sido por un ‘vuelto’ de drogas".

"Según quedó acreditado en la causa, la asesina estaba sumergida en el submundo de drogas de la zona Sur de la Ciudad de Buenos Aires, donde robaba teléfonos celulares para costearse su adicción a las drogas, lo que nos muestra que el narcotráfico no solo mata cuando envía sicarios a ‘silenciar’ un testigo, sino que mata de múltiples formas y por eso el problema es verdaderamente grave", agregó.

Bajo esta línea, Miglino explicó: "En varios testimonios que pudimos recolectar en forma directa en la vía pública y a través de llamadas telefónicas, pudimos establecer que la gente tiene miedo y da igual que viva en la villa La Cárcova, en José León Suárez, Provincia de Buenos Aires, en la villa 31 o la 1-11-14 en Capital Federal, en Rosario, en San Salvador de Jujuy, en Salta Capital o en Posadas, Misiones".

"En todos los casos, el accionar de los narcotraficantes es inmisericorde. Siempre disparan, sin atinar a preguntar. Para estos criminales solo vale su propia vida y la de sus secuaces. Todo aquel que está fuera de la banda es considerado un enemigo. En particular, las fuerzas policiales", lamentó.

Asimismo, el director de Defendamos Buenos Aires afirmó: "Los narcotraficantes, que años atrás se conformaban con vender sustancias prohibidas y esconderse, hoy no tienen miramientos en andar armados y en disparar".

"Los especialistas a los que hemos consultado, nos han manifestado que en Argentina el narcotráfico está cercado. No tiene posibilidades de crecer exponencialmente como en México, Colombia, Brasil o Venezuela. Tampoco tiene la luz verde de Uruguay para vender marihuana. Por ese motivo, cada barrio y cada cuadra donde puede venderse droga es disputada. La policía bonaerense, la policía federal, la Gendarmería, Prefectura y otras fuerzas están haciendo su mejor esfuerzo, pero estamos ante una verdadera horda de salvajes que no tiene miramientos a la hora de disparar en zonas densamente pobladas, sabiendo que con toda certeza provocarán muertos", agregó.

Finalmente, Miglino concluyó: "Con la pandemia de coronavirus terminaron las fiestas electrónicas, cerraron las discos y los teatros, donde en ocasiones se celebraban conciertos de rock. Los narcos lo saben y aprovecharon un nuevo y riesgoso invento: las fiestas clandestinas. Ese tipo de eventos, con músicas, drogas y alcohol sin límite se dan en una casa, un taller cerrado, una disco clausurada y un largo etcétera, es territorio propicio para el narcotráfico porque el alcohol y las drogas que se consumen no tienen control ni límite alguno. Por eso es menester que cuando un ciudadano toma nota de una fiesta clandestina en su barrio, llame de inmediato al 911".

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