La entrada en vigencia del Decreto 690/2026, que desregula el servicio de practicaje, pilotaje y baqueanos, abrió un fuerte enfrentamiento entre el Gobierno y los profesionales del sector.
El presidente del Centro de Capitanes, Jorge Tiravassi, apuntó contra el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, luego de que a través del boletín oficial se publicara el decreto 690/2026 que exime a las empresas navieras de la obligación de contratar a prácticos y flexibiliza esa práctica para cualquier otro personal.
Según Tiravassi, el decreto impulsado por Sturzenegger es “un disparate, una locura”, tanto como “una torpeza, una impericia”.
“No es novedoso, viniendo del ministro de Desregulación, ya lo hizo con el decreto 70, después tratando de desregular la Marina Mercante; ahora se metió con el tema del practicaje, que tiene una contradicción muy interesante: los prácticos, históricamente, fueron trabajadores en relación de dependencia, pero el gobierno liberal de Carlos Menen en el 91 los transformó a través de un decreto en trabajadores autónomos y, a partir de ahí, lo fueron siempre”, afirmó Tiravassi en declaraciones con Radio 750.
“Ahora el gobierno, a través del boletín oficial, ha intimado a 536 profesionales para que retomen sus tareas. Esto es como si se quiere construir un puente, se llama a un ingeniero, pero los materiales son escarbadientes. El ingeniero se niega y no se lo puede obligar a hacer un puente con escarbadientes. Eso están haciendo los prácticos”, remarcó Tiravassi.
“El propio decreto dice que si no hay prácticos disponibles, la Prefectura Naval podrá designar oficiales de la Prefectura o de la Armada o, incluso, capitanes de ultramar para que hagan ese trabajo”, explicó, aunque señaló que el práctico “es un garante de seguridad” y no se le puede atribuir ese trabajo a cualquiera.
“Por ley, la principal responsabilidad del capitán de Ultramar es garantizar la vida humana en el mar, la propia y la de sus tripulantes, como también la de la carga y la del buque. El práctico es un garante de la seguridad. Mire si yo voy a reemplazar a ese hombre y poner en riesgo mi vida y la de mis tripulantes. Es en contra de mi profesión, así que capitanes de ultramar no hay”, afirmó.
“Es un trabajo muy riesgoso que requiere una especialización permanente: el fondo del río y del mar cambia, el balizamiento se restringe, hay cruces que son peligrosísimos. Para ser práctico, hay que ser primero capitán de ultramar, durante cinco años ejercer el comando, dar unos exámenes que son muy complicados y hacer 20 viajes de práctica. No puede hacerlo cualquiera. Es más, necesitan de una actualización permanente”, aclaró.
El nuevo esquema forma parte de la agenda de desregulación que impulsa la gestión libertaria y busca, de acuerdo a los argumentos oficiales, reducir costos, ampliar la competencia y terminar con determinadas restricciones que condicionaban la contratación de los servicios. El Gobierno cuestiona especialmente el esquema de segmentación geográfica y sostiene que, en determinados recorridos, obligaba a contratar distintos profesionales, encareciendo la operación de los buques.
Pero la reacción del sector fue inmediata. Desde la madrugada del sábado 1° de agosto, un grupo de prácticos, pilotos y baqueanos dejaron de prestar servicios a título personal en rechazo a la nueva normativa. La medida no constituye formalmente un paro, dado que se trata de profesionales independientes que no mantienen una relación de dependencia ni cuentan con un gremio que pueda ordenar colectivamente un retiro de tareas. En los hechos, sin embargo, el efecto es similar; se frenaron nuevas contrataciones de practicaje, mientras continúan cumpliéndose aquellas que habían sido programadas con anterioridad.
comentar