Así como El Calafate es para Cristina "su lugar en el mundo", Nueva York es la ciudad extranjera que más disfruta. Al menos lo era mientras vivía su esposo; juntos disfrutaban recorrer lo que podían de la ciudad, mientras se alternaban en la presidencia. Será por eso que nunca faltaron en las asambleas anuales de la ONU: siempre tuvieron reservada en la agenda unos días de setiembre para brindar sus mensajes ante ese organismo.
El de hoy será el séptimo y penúltimo discurso de Cristina Kirchner ante la Asamblea. El primero fue en 2008, poco después de la batalla con el campo y en plena crisis financiera mundial, razón por la cual trató sin mayor éxito de imponer una denominación especial para la misma: "efecto jazz".
Defendió en su primer discurso el rol del Estado en la economía, renovó su reclamo por Malvinas, e instó a Irán a acatar el pedido de la justicia argentina para investigar a los responsables del atentado a la AMIA. "Hoy pido aquí a la República Islámica de Irán que por favor, en cumplimiento de las normas del derecho internacional, acceda a que la Justicia argentina pueda juzgar en juicios públicos y transparentes que da un sistema democrático a los acusados", afirmó.
En ese mensaje resaltó que la Argentina le hubiera pagado íntegramente la deuda al FMI y anticipó que se saldaría definitivamente la deuda con el Club de París. Anunció también la posibilidad de reabrir el canje de 2005 para los holdouts.
Al año siguiente volvió a cargar contra Irán, cuestionando a su par, Mahmoud Ahmadinejad, por haber "ascendido al cargo de ministro" a uno de los funcionarios requeridos en extradición por la Argentina. Reiteró entonces su pedido de extradición para juzgar a los acusados, con "todas las garantías que da la democracia y un gobierno que ha hecho de la defensa de los derechos humanos su ADN".
Asimismo Cristina hizo en 2009 un fuerte llamado a la comunidad internacional para la restitución democrática en Honduras, advirtiendo que "ni en Chile durante dictadura de Pinochet ni en Argentina durante la dictadura de Videla, las más cruentas de América Latina, hubo un comportamiento similar con embajadas que activamente trabajaban en el asilo de los refugiados".
Por otra parte lanzó una muy fuerte crítica hacia el Consejo de Seguridad de la ONU, al que acusó de haber "fracasado" en el mantenimiento de la paz y la seguridad mundiales, y cuestionó a Gran Bretaña por Malvinas, esta vez haciendo foco en la extracción de petróleo que el Reino Unido llevaba adelante en las islas.
Exigió que Palestina fuera reconocida como un Estado y ocupara el lugar "número 194 en Naciones Unidas", y sobre la causa AMIA se mostró dispuesta al diálogo con Irán, siempre que sea "constructivo, sincero y no una maniobra dilatoria". Pero aclaró que ello "no supone que dejemos de lado los requerimientos de la justicia nacional en relación al juzgamiento de los presuntos responsables".
Asimismo sostuvo que para tener un mundo "más plural" era necesario "democratizar organismos políticos como la ONU y fundamentalmente el Consejo de Seguridad".
La mandataria argentina dedicó ese año una buena parte de su discurso a analizar la crisis financiera mundial y defender su política económica, atribuyéndole a las principales potencias "la crisis que se quieren transferir a nuestros países".
"En este momento hay represión contra manifestantes que reclaman contra recortes de recetas de políticas de ajuste -dijo-. Son recetas que uno ve aplicar ferozmente en España, Grecia...".
Luego contestó el ultimátum del FMI para normalizar el INDEC o prepararse para ser expulsado del bloque: "Quería decirle a la titular del FMI: esto no es un partido de fútbol. Mi país no es un cuadro de fútbol, es una nación soberana que toma decisiones soberanas sobre su economía y que no va a ser sometida a ninguna presión ni amenaza".
En otro pasaje la emprendió contra los fondos buitre y le reprochó a Estados Unidos su posición en la guerra de Siria, como así también que guardara silencio frente a la "cuenta que los fondos buitre le quieren hacer pagar a la Argentina".
En cambio le agradeció al gobierno francés "que sí se presentó" ante la Corte Suprema de los Estados Unidos para avalar el reclamo argentino contra los fondos especuladores que demandan al país por el pago de los bonos en default.
Habló durante 50 minutos, mucho más de lo que se le permite a cada orador. No nombró a Barack Obama, pero las alusiones hacia su gobierno fueron permanentes.
Luego se quejó por la "militarización" de las islas Malvinas por parte de Gran Bretaña.
Es de esperar para este miércoles un mensaje de ese estilo y seguramente aún más duro. Porque ya se sabe lo mucho que le gusta a CFK subir la apuesta.
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