Un rumor que casi se convierte en la noticia sobresaliente de la semana. Una organización que vivió entre vaivenes en cinco días. La realización de un evento con poco espacio para la prensa

La palabra histórico llama la atención. Algo ocurrirá por primera vez. Despierta una sensación de celeridad previa, con preguntas que afloran, al igual que las inquietudes. A menos de cinco días, el promocionado Primer Debate en la historia argentina pudo haber quedado en un simple deseo de los organizadores. La ausencia de Daniel Scioli, las dudas del resto de los candidatos, la baja de los canales de televisión, el verdadero impacto del streaming, los moderadores sin confirmación... Un mar de incertidumbres. Pero a las 21 horas del domingo, todo ese trajín quedó muy atrás. Un atril vacío. Cinco ocupados. Mi lapicera que anota recuerdos instantáneos.

La semana anterior comenzó con un simple rumor de redacción que decía: el domingo, lo más importante en la TV nocturna, será Independiente-River. Se había alejado Scioli, y la Asociación de Teleradiodifusoras Argentinas (ATA) casi a la par había rechazó la participación. "¿Por dónde será transmitido esto?", pensé. Pero esa pregunta que despertó una decena de llamados y diálogos con Hernán Charosky, el coordinador del evento, devino en una alta posibilidad de que lo histórico quedara en el olvido.

"Me hubiese encantado estar, pero las autoridades decidieron que no", me confirmó Mariana Gérez, del Canal 10 de Mar del Plata, que a su vez iba representar a ATA. Tenía un tono apesadumbrado. Se le notaba en la voz la conjunción de bronca y tristeza. Distinto al de Rodolfo Barili, quien de entrada me planteó sus incomodidades, opiniones e importancia de un debate, a una velocidad de relator de handball. Pero con el aviso de una reunión, un cónclave para decidir continuidades. "Así que veremos qué pasa", dijo el de Telefé y colgó.

Esperé un par de días. El clima era el mismo. El viernes por la tarde las cosas cambiaron. Aparecieron las confirmaciones y la imaginación de alivio en los organizadores. América TV, el único de aire, que apostó correr el horario de La Cornisa. Barili, Luis Novaresio y Marcelo Bonelli finalmente serían los moderadores. Gérez, Marisa Andino y Adrián Paenza, por diferentes cuestiones, quedaron afuera.

      SAA MASSA DEBATE PRESIDENCIAL

In situ

"Argentina Debate: confirmación de acreditación", sobresalía en mi bandeja de entrada. Luego de leer las primeras líneas de "Información a tener en cuenta" nada parecía estar fuera de lo normal. Todo estaba acorde. La prensa iba a tener el Aula Magna, la posibilidad de  desplazarse dentro de los límites establecidos e ingresar al Salón de Actos, el lugar de la acción.

Sin embargo, no fue así. Los periodistas solamente tuvimos para trabajar el Aula Magna. Lejos del debate, que estaba un piso arriba. Una pantalla iluminada por un reflector. Lo mismo que veían los televidentes. No tenía sentido.

Una mesa rodeada de cables. Un peligro eléctrico para dos chicas del staff. Cientos de pedidos de "¿Dónde puedo enchufar mi celular?". Cientos de respuestas de ellas: "Es lo que hay". Me acerqué a una para preguntarle si se podía ir hasta el primer piso. Ya conocía la respuesta: "Hay muchas quejas, pero es la orden que nos dieron". Pensé en irme a casa. El frío ameritaba esa decisión. Mi compañero con el que fui enviado intentó buscarle una solución, pero el panorama no era alentador.

      Stolbizer Massa

Me acerqué a una de esas chicas. Sin plan alguno, me puse a dialogar. Descubrí que era militante de Izquierda desde 1994, que tenía un hijo, que tuvo un amor, pero se separó, que trabajaba con Nicolás del Caño. Me regaló un libro. Le pedí su teléfono. Volví a descubrirla. Le insistí si me podía llevar. "¿A dónde?", me preguntó con una sonrisa. "Al primer piso, al debate. Si no me voy a casa y no me quiero ir", le respondí. "Bueno, seguime, dale. Pero no digas nada, eh", me pidió.

Escaleras frías.El sonido que retumbaba por los pasillos de la Facultad de Derecho. Guardias que saludan con un "hola" seco. El sonido que se acrecenta. Una puerta de madera que se abrió. Las luces. Estaba donde quería, "en el lugar de los hechos", como se dice en el periodismo. Era "fotógrafo".

Llamé a mi compañero para indicarle cómo llegar, que me esperara para volver a intentarlo. No quería dejarlo sólo. Repetí el mismo periplo: escaleras, sonido, guardias, sonido, puerta, luces. Éramos "fotógrafos". Así comenzó el trabajo de la jornada. Con anotaciones, consultas, datos para redes sociales. Un primer bloque del debate cargado de energía, cruces, palabras de los candidatos, preguntas... hasta que una orden de la organización obligó a todos los fotógrafos -y a nosotros dos- a dejar ese lugar. Nunca dieron una razón válida. Simplemente un "sus flashes no se pueden usar". Nadie los había activado.

Volvimos a ver por pantalla gigante. Algún periodista se animó a un chiste, pero sin suerte de risas. Un Sergio Massa que hizo silencio por la ausencia de Scioli generó un leve escozor. Macri, con una dedicatoria a River, despertó un poco el fútbol. La espera por los candidatos para una improvisada rueda de prensa al finalizar el debate movilizó el ambiente. Del Caño primero, Mauricio después, Stolbizer que se retiró pero volvió, Sergio con su esposa Malena Galmarini, Saá nunca apareció... Así pasó el Primer Debate en la historia argentina.

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