La consecuencia inmediata de la implementación del sistema biométrico para controlar la asistencia de los trabajadores a la Cámara baja fue la superpoblación del edificio Anexo

El hombre avanzó con cara desorientada y en un momento no supo por dónde salir, absolutamente perdido en su lugar de trabajo. Otro empleado entendió al vuelo el cuadro, y lo chicaneó: “Se nota que venís poco, ¿eh?”. Lejos de avergonzarse, el empleado perdido retrucó, desafiante: “Hace dos años que no vengo”.

El caso grafica una situación común que comenzó a vivirse en los anexos de la Cámara de Diputados de la Nación, a partir de la implementación de sistemas biométricos para controlar la asistencia de los trabajadores de la Casa. Una medida adoptada por la presidencia de la Cámara baja que encarna Emilio Monzó y que venía siendo anticipada desde hacía tiempo.

El sistema comenzó a instalarse en el verano pasado y se puso en práctica sobre el final de 2017 y los resultados de los primeros dos meses acaban de difundirse. La sorpresa que generó la difusión de la confirmación de la existencia de casi 200 personas que no fueron nunca a trabajar durante ese lapso de tiempo medido puede resultar hasta exagerada, cuando el imaginario colectivo siempre naturalizó que el Congreso argentino era “una fábrica de ñoquis”. Una figura extrema, aunque lo cierto es que si bien siempre se especuló con la laxitud de los controles sobre presentismo en el Parlamento, nunca hasta ahora se adoptaron medidas concretas para revertirlo.

La consecuencia inmediata de la implementación del sistema biométrico para controlar la asistencia de los trabajadores a la Cámara baja fue la superpoblación del edificio Anexo ubicado frente al Palacio Legislativo, cruzando Rivadavia. Los pasillos estaban superpoblados, y los despachos -ya de por sí pequeños- desbordaban de personas esperando para cumplir alguna actividad. También los bares aledaños se vieron “beneficiados” por el desborde de personal.

Casos insólitos y hasta cómicos, como el relatado al principio, se multiplicaron de manera exponencial. Como aquel empleado que buscó afanosamente la oficina de Recursos Humanos en el Palacio, cuando hace un par de años está en un edificio anexo…

Los datos que revelaron el control implementado permitieron determinar alrededor de 700 irregularidades, de las cuales 370 fueron pasibles de intimación. De esa cantidad, alrededor de 170 empleados se presentaron a trabajar a partir de la carta documento recibida, y según las autoridades serán pasibles de sanciones y descuentos por los días no trabajados. 83 estuvieron ausentes más de diez días seguidos y otros 77 lo hicieron cinco, todos sin justificación. De los 190 que directamente no aparecieron nunca, 30 directamente renunciaron, en tanto que el resto será desafectado.

En el Senado, cuya titular Gabriela Michetti arrancó su gestión anunciando unos 2000 despidos que generaron polémica y terminaron implementándose de manera parcial, avanzarán ahora en el mismo camino seguido por Diputados. El sistema biométrico será implementado a partir de febrero y desde abril se controlará el presentismo del personal.

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La Cámara alta tiene un plantel de 5.020 trabajadores, en tanto que Diputados cuenta con 5.589. El Poder Legislativo tiene un total aproximado de 16.500 empleados. La idea de las autoridades de ambas cámaras es reducir el personal y esta vía es una buena medida inicial, según estiman, para agregar a la ya acordada con los gremios que consiste en jubilaciones anticipadas de aquellas personas que acumulen los 30 años de aportes. A partir del plan, quienes se acojan cobrarán su sueldo más un 10% por un plazo de hasta cinco años, sin descuentos por ganancias ni por aporte jubilatorio, con actualizaciones acordes a lo establecido en las paritarias.

Con ese programa se estima que en Diputados podrían reducir hasta 400 puestos de planta. El problema no es solamente la reducción de gastos que las autoridades desean implementar, sino también un cuello de botella que impide que los nuevos diputados puedan contar con gente propia, pues el exceso de personal inhabilitaba la posibilidad de hacer nuevos nombramientos.

Mientras tanto, se espera que la presión que ejerza la continuidad del sistema de controles genere que aquellos que realmente no pueden cumplir con sus deberes laborales, terminen renunciando. Se verá.

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