La hiperactividad tuitera de algunos candidatos le trajeron dolores de cabeza a Juntos. El gobierno con técnicas del PRO y toda la carne en el asador en campaña

Las redessociales en general, pero Twitter en particular, son herramientas a las que los políticos han echado mano con fruición. Hacen uso y -en muchos casos- abuso de las mismas, obsesionados por un rendimiento que miden en la cantidad de seguidores que cosechan. Cada uno con las características propias que les dan, prescindentes de community managers entablan un diálogo directo permanente con otros usuarios y llegan a sentirse verdaderas estrellas de las redes -algunos/as realmente lo son-, donde ejercen un protagonismo que a veces supera el que han llegado a alcanzar en su propia actividad.

Alguien muy activo en las redes fue siempre Alberto Fernández, que en su vida previa a la llegada a Olivos -y posterior a la ruptura con los Kirchner-, supo marcar claras diferencias con quien tiempo después lo elegiría para ser presidente. Desde su cuenta de Twitter ha sido irónico y pendenciero, demostrando tener pocas pulgas con sus interlocutores. Contra lo que el sentido común puede recomendar, siguió usando las redes siendo presidente y así se lo ha podido leer bien de madrugada, departiendo desde Olivos con cientos de usuarios, y no solo eso: poniendo también "me gusta" a mensajes ajenos pero afines, aun a riesgo de complicar su investidura. No por nada más de una vez sus allegados sugirieron directamente "que le saquen el Twitter a Alberto".

Bien distinto es el estilo de su vicepresidenta. Cristina Fernández no interactúa con otros usuarios; no dialoga con ellos, aunque suele retuitear a otros y postear en su cuenta de Twitter artículos que quiere recomendar cuando coinciden con su pensamiento. Pero más allá de eso, una característica central que imprime a sus redes es la de dar señales a propios y extraños. Por eso la vicepresidenta hace un uso medido de sus redes, pero cada vez que emite un mensaje el mismo es sometido a un análisis profundo para conocer las implicancias del mismo.

El tuit que escribió el jueves pasado, por ejemplo, pareció tener varios destinatarios. En el mismo mostró una foto de ella reunida con sus candidatos en Santa Fe: Marcelo Lewandowski, Roberto Mirabella, Magalí Mastaler y María de los Angeles Sacnun, su preferida en esa lista que tiene al gobernador Omar Perotti como precandidato a senador suplente y factótum de la nómina que se jugará un pleno en las PASO contra la lista encabezada por Agustín Rossi y la vicegobernadora Alejandra Ródenas. Cristina no emitió ningún concepto en ese tuit, pero fue suficiente para encolumnar a todo el kirchnerismo que podía albergar aún algunas dudas, lógicas si se tiene en cuenta que el enfrentamiento es nada menos que con el exministro de Defensa, un kirchnerista puro que supo defender como pocos las respectivas gestiones del matrimonio Kirchner.

"Después de casi un año y medio de esta maldita pandemia Volver al Patria, el lugar que más me gusta", escribió CFK en ese tuit que algunos interpretaron también como una referencia al escándalo por las reuniones celebradas en Olivos en tiempos de vigencia plena del ASPO.

Hay otros tuiteros célebres de la política, como el diputado Fernando Iglesias, que ha hecho de su participación en las redes un complemento activo de su desempeño político. Agudo polemista, una parte de su presencia en el cuarto lugar de la lista porteña de Juntospor el Cambio se la debe a su participación en las redes, donde es héroe y villano, según el lado de la grieta desde donde lo miren. Pero precisamente con el episodio de Olivos Fernando Iglesias derrapó. Y en la patinada lo acompañó otro activo usuario de las redes, su compañero de bancada Waldo Wolff. En pleno escándalo por la difusión de nombres de personas que asistieron a la residencia presidencial con una frecuencia inusual, en muchos casos en horarios difíciles de explicar y contratistas del Estado con contactos privilegiados, las referencias de ambos a la actriz Florencia Peña le dejaron servida al kirchnerismo la posibilidad de revertir la situación.

Los cuestionados se convirtieron en víctimas y de tener que dar explicaciones pasaron a bajar línea. La aceptación por parte del fiscal Ramiro González para investigar los ingresos a la quinta presidencial en plena pandemia coincidió -y quedó opacada- por la denuncia que la propia Florencia Peña impulsó contra los citados diputados de Juntos por el Cambio a través del mediático abogado Fernando Burlando. Desde la propia Cámara de Diputados se difundió el ingreso del pedido de "suspensión inmediata" de ambos legisladores y el "inicio del proceso de desafuero" de los mismos.

Hubo un fuerte enojo de los principales dirigentes del PRO por la ingenuidad de los legisladores que quedaron en el ojo de una tormenta que debió estar circunscripta al oficialismo. Ya bastante cascoteados venían siendo en esta campaña por polémicos tuits de otra precandidata de la lista porteña de JxC, la politóloga Sabrina Ajmechet.

Todo esto matizado por los misiles que siguen cruzándose en Juntos por el Cambio quienes confrontarán en las internas del 12 de septiembre. El tema motivó una nueva reunión de la Mesa Nacional de la principal oposición el lunes pasado, en la que se decidió dejar de lado el manual de ética para implementar en la campaña, acordándose en cambio "un pacto de no agresión" y reuniones semanales para garantizar que las aguas no se salgan de cauce. No estuvo en el encuentro Gerardo Morales, que es uno de los que se han mostrado más duros con la dirigencia del PRO en general y Rodríguez Larreta en particular. El gobernador jujeño ya no tiene reelección en su provincia y jamás ocultó sus intenciones de ser candidato presidencial. La enfática defensa que hace del candidato radical bonaerense Facundo Manes es parte de su posicionamiento para 2023.

Pero también para el presente, pues Morales quiere presidir el Comité Nacional de la UCR a partir de fin de año. Un cargo que ya ocupó entre 2006 y 2009. A juzgar por su postura actual, su elección preanuncia un posicionamiento distinto respecto de sus socios en Juntos por el Cambio. En el PRO lo miran con recelo, recordando siempre su amistad con Sergio Massa. Hay que recordar que el radical es gobernador porque en 2015 acordó con Cambiemos, pero también con el Frente Renovador, y su vicegobernador tiene esa procedencia.

Dicen de Morales que es "el más peronista de los radicales". Debe tomarlo como un elogio: solo así se justifica que haya podido gobernar una provincia tan complicada como la suya. El apuesta a Manes porque un triunfo del neurocientífico en las PASO complicará la candidatura presidencial del jefe de Gobierno porteño. Es el mismo deseo que alientan en el Frente de Todos.

"No estaría bueno que gane Santilli porque no va a mover el amperímetro", le dijo el jujeño a María Laura Santillán por CNN Radio. El tema es que un eventual triunfo del neurocientífico en las PASO podría representar un revulsivo tal que complicara al propio Frente de Todos en las elecciones de noviembre, advierten en ese espacio. Y terminaría abortando la propia candidatura presidencial de Morales, pues ya está dicho que Manes piensa en grande para 2023, si le va bien este año.

Mientras estas cuestiones entretienen a Juntos por el Cambio, se conoció en la semana el Manual de Campaña que desde el gobierno distribuyeron entre los candidatos oficialistas. Si bien esto se hizo supuestamente bajo el estricto compromiso de mantenerlo bajo reserva, no tardó en llegar a la prensa. Sus características despertaron sonrisas sobre todo en el PRO, donde un empinado dirigente advirtió ante este medio que "parece que lo hubiera escrito uno de los nuestros". En privado, reconocen que les falta "un Marcos Peña para ordenar la campaña".

Eso es precisamente lo que busca implementar el oficialismo, deseoso de dar de una vez vuelta la página de la pandemia. Quedó claro en el mensaje con el que el Presidente anticipó el viernes las nuevas medidas de apertura. La aplicación ahora sí masiva de vacunas alienta al gobierno más allá de la amenaza que representa la variante Delta, que más temprano que tarde se hará comunitaria aquí. Para entonces, confían en el gobierno, la inmunización hará que el paso de Delta "no sea grave". Puede fallar.

La apuesta oficial se desprende de cada medida que se anuncia: obra pública (a partir de la ampliación presupuestaria en más de 708.000 millones de pesos); créditos (Ahora 30); reapertura de paritarias y bonos. Y vacunas, claro está, con eso machaca la publicidad oficial, sin solución de continuidad. El objetivo es instalar lo que ya es el eslogan oficial: "Volver a la vida que queremos". Algo que como siempre planteó originalmente la vicepresidenta el 14 de junio pasado en La Plata, cuando dijo aquello de que "vamos a salir con la vacuna, vamos a volver a ser felices".

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