La Carta Magna sancionada en 1996 en la Ciudad obliga a los candidatos a pasar el 50% para ganar en primera vuelta. Hasta ahora ha sido una misión imposible para todos.

Cuando hace un buen tiempo anticipamos que los porteños podrían llegar a votar este año hasta seis veces, no exagerábamos. Pasado el primer turno del 26 de abril pasado, este domingo será el segundo y lo más probable es que haya que volver a votar quince días después, para el balotaje. Después será el turno de las elecciones nacionales, que si llevan a una segunda vuelta, inexorablemente nos llevará a realizar nuestra última elección el último domingo de noviembre.

Pero para eso todavía falta; de momento, estamos transcurriendo las casi seguras tres instancias a la que los porteños se han de acostumbrar, a partir de este año que se instituyeron las PASO. ¿Cuál es la certeza que lleva a pensar que casi con seguridad habrá que volver a votar el 19 de julio? Las razones hay que encontrarlas en la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires, que establece en primer lugar que las elecciones del Ejecutivo local no deben coincidir con las nacionales. De lo contrario, el jefe de Gobierno debe enviar a la Legislatura el proyecto de ley correspondiente para unificar los comicios. No es lo que se estila.

El segundo motivo está en el artículo 96 de la Carta Magna, que indica que "el jefe de Gobierno y un vicejefe o vicejefa son elegidos en forma directa y conjunta, por fórmula completa y mayoría absoluta. A tal efecto se toma a la Ciudad como distrito único. Si en la primera elección ninguna fórmula obtuviera mayoría absoluta de los votos emitidos, con exclusión de los votos en blanco y nulos, se convoca al comicio definitivo, del que participarán las dos fórmulas más votadas, que se realiza dentro de los treinta días de efectuada la primera votación".

Mayoría absoluta significa el 50% más un voto. Es el sistema de balotaje más utilizado en el mundo. A nivel nacional, en la Argentina rige a partir de la reforma constitucional de 1994 un sistema por el cual gana en primera vuelta el candidato que consigue más del 45% de los votos, o más del 40% y con una diferencia de más de 10 puntos con el segundo candidato. Sistemas similares rigen en países como Nicaragua y Costa Rica.

Pero en la Ciudad de Buenos Aires hace falta más de la mitad de los votos para consagrar un ganador en primera vuelta. Es igual en Tierra del Fuego, donde siempre ha sido necesario ir a una segunda vuelta. Ambos distritos son los únicos del país donde existe el sistema de segunda vuelta.

La certeza de que los porteños no zafarán de votar nuevamente el 19 de julio en principio está en los antecedentes. Desde que la Ciudad consiguió su autonomía y comenzó a elegir de manera directa a sus autoridades, nunca nadie logró superar la marca del 50%. Y solo uno evitó la segunda vuelta, simplemente porque no se habían establecido aún estas reglas de juego. Fue el primer jefe de Gobierno que tuvo la Ciudad de Buenos Aires, el radical Fernando de la Rúa, que el 30 de junio de 1996 se impuso junto a Enrique Olivera por el 39,89% sobre la fórmula del FrePaSo, integrada por Norberto La Porta y Aníbal Ibarra, que alcanzó el 26,50%. Tercero quedó quien hasta entonces era el intendente porteño designado por el presidente Carlos Menem, Jorge Domínguez, que sumó apenas el 18,62%.

No hubo balotaje simplemente porque en esa misma elección se elegían los constituyentes que deberían redactar la Constitución de la Ciudad. De esta manera, la primera elección para jefe de Gobierno con el sistema actual vigente fue la siguiente, la del 7 de mayo del año 2000, oportunidad en la que más cerca estuvo un ganador de superar el 50% de los votos. Con el empuje de la Alianza que acababa de llegar al gobierno nacional, se impuso la fórmula compuesta por Aníbal Ibarra y Cecilia Felgueras por un 49,31% sobre la de Domingo Cavallo y Gustavo Beliz, que alcanzó un 33,20%. Mucho le costó al ex superministro aceptar la derrota; recién sobre el filo de la medianoche apareció acusando a la Alianza de "tramposos", y la emprendió contra su rival Ibarra al que tildó de "partisano", "lacayo" e "impotente". Habló de fraude y dijo que no renunciaría al balotaje.

Al día siguiente su vice, Gustavo Beliz, le dijo que era una locura ir a una nueva elección cuando a su vencedor le habían faltado solo siete décimas, y trató de convencerlo de aceptar la derrota, cosa que Cavallo recién hizo el martes, en una conferencia de prensa en la que pidió disculpas por los exabruptos del domingo.

Para el turno siguiente, las elecciones porteñas se unificaron con las presidenciales, no en cuanto a la fecha, pero sí respecto al año. Tuvieron lugar el 24 de agosto de 2003, y Aníbal Ibarra fue en busca de la reelección, esta vez acompañado por Jorge Telerman. Enfrentaron a la fórmula compuesta por Mauricio Macri-Horacio Rodríguez Larreta, que se impuso en la primera vuelta por 37,55% contra 33,54 de Fuerza Porteña, como se denominaba la alianza gobernante. La segunda vuelta tuvo lugar el 14 de septiembre y Aníbal Ibarra consiguió la reelección, al obtener un 53,48% sobre Macri, que alcanzó un 46,52%.

Electoralmente Propuesta Republicana (PRO) debutó cuatro años después, el 3 de junio de 2007. Ibarra había caído arrastrado por la tragedia de Cromagnon y el jefe de Gobierno era Telerman, que junto a Enrique Olivera apenas alcanzó el tercer lugar, con un 20,68% de los votos. El ganador de esa primera fuerza fue Macri, que junto a Gabriela Michetti alcanzó el 45,76%. Segundo, bien lejos, quedó la fórmula Daniel Filmus-Carlos Heller, con 23,75, pero igual hubo segunda vuelta. Allí el binomio M-M arrasó, alcanzando un 60,84% sobre el 39,06 de Filmus.

Macri fue en busca de la reelección el 10 de julio de 2011, y si bien hizo una marca superior a su experiencia anterior, tampoco pudo lograr entonces superar el 50%. En compañía de María Eugenia Vidal, el ex presidente de Boca logró el 47,07%, mientras que la fórmula Filmus-Carlos Tomada alcanzaba apenas el 27,87%, y "Pino" Solanas sumaba el 12,82%.

La segunda vuelta fue el 31 de julio y Macri-Vidal llegaron al 64,27%, contra el 35,73 de Daniel Filmus. De esa manera Macri se convirtió en el segundo jefe de Gobierno porteño reelecto.

Queda claro entonces que solo una vez los porteños se ahorraron de ir al balotaje, pero fue cuando la distancia con el 50% era casi ridícula. De modo que tal cual se encargaron de remarcar las figuras principales del partido gobernante en la ciudad, nada indica que en esta oportunidad vaya a revertirse la situación que se repite desde hace quince años. Así que habrá que armarse de paciencia y organizarse de modo tal de tener más o menos libre el domingo 19, fecha prevista para la casi segura segunda vuelta.

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