La Bombonera, el mítico estadio de Boca Juniors, no sólo atesora entre sus empinadas tribunas recuerdos imborrables de triunfos, goles y actuaciones memorables de glorias ataviadas con la azul y oro xeneize, sino que también encierra un cúmulo de manifestaciones paranormales empeñadas en impresionar a los ocasionales testigos de esas experiencias frecuentes cuando la noche y el silencio cubren a ese coliseo del fútbol.
Los fantasmas de la Bombonera, de eso se trata si el tema se plantea desde un costado más llano, tienen que ver con una sucesión de episodios que denotan anomalías dignas de ser profundamente estudiadas por psíquicos y parapsicólogos.
Lejos de las preocupaciones del entrenador Carlos Bianchi por resolver los problemas futbolísticos del primer equipo o de la sed de victorias y copas de la hinchada xeneize, la expresión paranormal que se registra en la cancha de Boca no deja de ser al menos un disparador de inquietud, cuando no temor, para empleados del estadio o personal de seguridad que allí cumple funciones.
Las experiencias más fuertes registradas por testigos directos de la situación ponen en el podio la anomalía que se repite en el sector L del estadio. Allí, la figura de un hombre ataviado con una camisa blanca suele llamar la atención del personal de seguridad porque con la Bombonera vacía, nadie debería estar sentado en una butaca.
Los vigiladores que se han acercado para intervenir en la situación se topan con una situación increíble: en un momento determinado de la búsqueda, el misterioso personaje desaparece como si se hubiera volatilizado. El hecho no pasó una, sino varias veces.
Las visiones de este tipo tienen otro ejemplo vivenciado por muchos empleados que prefieren mantener su identidad en reserva por miedo al escarnio, por un lado, y a las reprimendas de las autoridades del club, por el otro. En este caso es la imagen de un chico de entre diez o doce años, con remera azul, bermudas y zapatillas blancas que ha irrumpido en distintos lugares del estadio.