Una vecina de Bernal Oeste convivió con el animal, que se alimentó de la comida del perro. Tuvo que llamar a un especialista para que se lo lleven y lo liberen en su hábitat. El reptil se instaló en el patio y pudo sacarlo después de una semana.

Una vecina de Bernal Oeste convivió durante una semana con un lagarto overo que se instaló en el patio de su casa y hasta pasó la celebración de Año Nuevo con la inesperada “mascota”, un intimidante ejemplar, de grandes dimensiones, que se encariñó con la vivienda y hasta se alimentó de la comida del perro, hasta que fue rescatado por un especialista que lo atrapó con una jaula y se lo llevó para liberarlo en su hábitat natural.

Lo que en principio parece una simpática historia, en realidad se volvió todo un inconveniente para la dueña de la vivienda, una mujer de 52 años que no pudo utilizar el fondo de su casa durante la estadía del reptil. Es que, pese a que son inofensivos, su aspecto es impactante e impone respeto hasta en los más valientes.

El animal se dejó ver por primera vez el lunes pasado, en un inmueble de la calle Don Bosco, entre Chacabuco y Maipú. La propietaria, asustada, hizo varios llamados para que se lleven al animal, pero no encontró respuesta rápida como ella esperaba.

Es que, para esta clase de especie, se necesita un especialista. “Llamé hasta los Bomberos, pero me dijeron que ellos sólo se ocupaban de perros y gatos”, expresó la vecina de Bernal.

Mientras transcurrían los días, llegó la fiesta de Año Nuevo y la mujer recibió el 2022 con un nuevo e inesperado integrante. El animal, por lo general, se mostraba de día, cuando salía al patio a tomar sol y a comer los “trocitos” del plato en el que servía la comida al perro de la casa. Afortunadamente, el reptil y el can lograron convivir durante esa semana sin agresiones.

Finalmente, la mujer logró contactarse con una organización ambientalista que le pasó el número de teléfono de un especialista en fauna, que de forma particular se acercó a la vivienda y capturó al lagarto.

Si bien no es habitual la aparición de estos reptiles en las viviendas particulares, en ocasiones se reportan casos en la zona de Quilmes. No es un animal que sea agresivo ni puede producir un daño importante. No obstante, de sentirse atacado puede morder, pero es una mordida menor a la de un perro, no tiene veneno ni puede producir ninguna enfermedad.

Se trata de una especie cuyo género se llama Tupinambis y se puede encontrar en diversas zonas de la provincia de Buenos Aires. Debido a la ocupación humana de lugares silvestres, estos animales se fueron quedando sin espacio y en ocasiones aparecen en las viviendas.

En esos casos, se recomienda no atacarlos ni intentar capturarlos. Se debe acudir a un especialista para que lo atrape y traslade a la zona ribereña, en lo que se conoce como la selva marginal del Río de La Plata.

Tampoco se aconseja mantenerlo como mascota, ya que es una especie silvestre que no puede ser domesticada y necesita de su hábitat natural.

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