El fallecimiento de un joven auxiliar de una escuela, que entró en muerte cerebral en el medio de una operación de tobillo en una clínica privada de Quilmes Oeste, provocó la reacción de trabajadores afiliados a ATE, quienes exigieron que ese centro asistencial no atienda más a los empleados estatales.
Gustavo Arévalo, de 33 años, murió ayer en la madrugada luego de estar internado hace exactamente una semana en terapia intensiva.
Casado con Romina Ríos, la joven que había sido asaltada y herida de un balazo por motochorros en el 2014, Arévalo entró a un sanatorio de Quilmes Oeste para que le coloquen dos tornillos en un tobillo que se había fisurado tras tropezarse en las escaleras de la Escuela Media Nº 5 de Ezpeleta.
En diálogo con El Quilmeño, Romina Ríos manifestó su dolor ante esta irreparable pérdida al exigir que “cierren la Clínica General Belgrano para no vuelva a pasar otro caso igual”.
Con tono de consternación, explicó que “a Gustavo sólo le tenían que colocar dos tornillos nuevos a un tobillo que tenía fisurado, pero durante la operación, en la que le habían aplicado sólo anestesia local, sufrió dos paros cardiacos de 25 minutos cada uno que le provocaron muerte cerebral”.
Romina no encuentra las razones que le provocaron este triste desenlace a su esposo y remarcó que “ninguno de los profesionales nos dio explicaciones de lo sucedido. No sabemos por qué tuvo esos dos paros si los exámenes le habían dado bien”.
Posteriormente, declaró que durante el miércoles de la semana pasada, “cuando lo trasladaron a terapia intensiva, hicimos la denuncia de mala praxis”.
Además, puntualizó que ayer denunciaron el fallecimiento en “la comisaría 9na, quienes allanaron la clínica y secuestraron la historia clínica”.
Asimismo, Claudio Arévalo, tío de Diego y secretario General de la Asociación de Trabajadores Estatales de Quilmes, también se mostró entristecido por el fallecimiento de su sobrino.
El titular del gremio, al igual que Romina, afirmó estar contrariado al señalar que “no logramos entender lo que pasó, tenía anestesia local, era una operación de 20 minutos, incluso lo estaba esperando el remís para llevarlo de vuelta”.
En tanto, remarcó que “la ART abandonó totalmente a Diego porque después de que entró en paro se negaron a trasladarlo pese a que ese centro asistencial no tiene alta complejidad”.Frente a esto, adelantó que pedirán que la ART deje de atender en esa clínica porque “la atención deja mucho que desear” y apuntó que “no es el primer caso de estas características que se conoce”.
La historia de amor entre Gustavo Arévalo y Romina Ríos trascendió públicamente en enero 2014 cuando fueron atacados a balazos por dos motochorros en la intersección de las calles Madres de Plaza de Mayo y Blas Parera, Quilmes Oeste.
Arévalo, con el objetivo de protegerla, se había resistido a los delincuentes, quienes le dispararon en el brazo y a ella en el tórax.
Esa reacción logró que el disparo no impactara en el corazón de Romina, por lo que se salvó de milagro. Sólo estuvo catorce días internada y los médicos no podía creer su rápida recuperación.Luego, esa unión se hizo más fuerte cuando la vecina emprendió su reclamo de justicia apoyándose en su pareja.
En este sentido, manifestó que con Gustavo “hemos vivido de todo, pero logramos superar cuestiones que nos afectaron mucho como lo fue el hecho de inseguridad que vivimos en el 2014”.“El siempre me protegía y ,me daba todo su apoyo en la recuperación” recordó Romina Ríos con tono de tristeza.Además, comentó que era “un excelente padre.
Tenemos dos hijos en común, uno de 5 y otro de un año y cuatro meses. También, producto de otra relación, tiene otro de 11”.Con respecto al fallecimiento de Gustavo, Romina quebró en llanto cuando puntualizó que “él solamente se tenía que operar del tobillo pero producto de la negligencia médica falleció”.“
Entró al quirófano y no volvió más. Es una tristeza irreparable para toda su familia y amigos”, agregó Romina Ríos en relación al fallecimiento de su pareja.