Tras recuperarse de Covid-19, familiares de la mujer fueron a visitarla y la encontraron en estado completo de abandono, por lo que radicaron una denuncia.

Familiares de una abuela de 94 años, recuperada de COVID-19, fueron a visitarla a una clínica de Ezpeleta y la encontraron "atada a la camilla, semidesnuda, acostada sobre sus orines", situación por la que radicaron una denuncia en la Comisaría 6ta. de Quilmes, en la que detallaron, además, el pésimo estado edilicio en el que se encontraba el sanatorio.

Angela Violini, nieta de la mujer, fue una de las personas que descubrió el inhumano trato que había recibido de parte de los profesionales de la salud. En diálogo con El Quilmeño, la joven detalló que tuvo "miedo de que se muera" en esa clínica por el estado en el que la encontraron.

"Mi abuela fue trasladada hace 20 días al centro médico por síntomas de COVID-19. Debido a que estaba en contacto directo conmigo, dada su edad avanzada, me aislé en mi domicilio hasta el sábado, día en el que me presenté personalmente en el sanatorio, debido a que los últimos tres partes médicos indicaban que ya no tenía coronavirus, sólo una neumonía como consecuencia de la enfermedad", relató.

Desde el primer momento, la joven sintió que las cosas no andaban bien. "En el lugar, se presentó un señor que dijo ser médico, quien se negó a darme su nombre y apellido, y me pasó un reporte vago de mi abuela, que leía textual desde su celular. Como el informe difería ostensiblemente de los reportes diarios, que entre otras cosas decía que ya no tenía covid, únicamente secuelas pulmonares, le pedí ver los análisis que se le habían practicado a mi abuela, y me contestó que eran confidenciales", narró.

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Tras mucho insistir, Angela logró que la dejen pasar a ver a su abuela, ya que le negaban pasar porque "no estaba en la lista". Después de casi dos horas, en las que advirtió "el deterioro de las instalaciones (vidrios rotos de la puerta de entrada, matafuegos vencidos, cables eléctricos a la vista) y las malas condiciones de higiene", pudo al fin verla.

"Cuando llegué a la habitación, encontré a mi abuela atada de las dos manos, mojada en un charco de agua, puesto que la vía del pie se desconectó y mojó la mitad de la cama, y la máscara de oxígeno corrida a la altura del mentón. Me dirijo a la enfermería y solamente habían dos enfermeras charlando y entretenidas con el celular", describió y, en la misma línea, agregó: "Me retiré del lugar y me dirigí a la comisaría para radicar la denuncia correspondiente, y sin poder brindar ningún dato del personal que me atendió porque no quisieron darme sus nombres".

Luego de varias idas y vueltas, la familia de la abuela logró sacarla de "la clínica del horror", como la calificó Angela. "Hice un posteo en las redes sociales y mucha gente se comunicó conmigo para contarme sus experiencias con la clínica. Todos me dicen lo mismo. No saben los nombres de los médicos, no dan los partes médicos ni cuando fallecen sus familiares. Muchos ponen peritos privados y se dan cuenta de la mala praxis que sufrieron sus familiares. Dos personas que se contactaron me contaron que sus abuelos murieron porque no les dieron la medicación para la arritmia y fallecieron, etiquetándolos como muertes por COVID-19".

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