En los últimos años los trasplantes de cabello se han popularizado tanto
por la calidad de los resultados que mejoraron drásticamente, como por
las técnicas que son más eficientes. Hace sólo unos años se
trasplantaban unos pocos cientos de injertos en la misma intervención.
Actualmente, la ciencia ofrece otras alternativas.
Hoy, existen varias técnicas diferentes para la recolección de los folículos pilosos entre las que la extracción de unidades foliculares (denominado Método FUE) es la más moderna. Ahora bien, ¿todas las personas con alopecia son candidatas a una cirugía capilar?
El doctor Alejandro Chueco, médico especialista en cirugía capilar, asegura: “La respuesta es no, ya que existen múltiples factores que inciden en la conveniencia de la cirugía y en los posibles resultados de la misma, por lo que hay que evaluar los diferentes factores que inciden para que un trasplante capilar sea satisfactorio”.
En primer lugar, es indispensable evaluar con expectativas reales la pérdida capilar, la zona donante y cuáles son las características del pelo. Existen tres principales consideraciones para determinar el plan de restauración capilar: Calibre del pelo o el diámetro del tallo del pelo: el pelo grueso proporcionará un mejor resultado en una sola sesión que el cabello más fino y es uno de los factores más importantes al considerar el número de unidades foliculares a trasplantar.
Textura del pelo: si el cabello es rizado, ondulado o lacio afectará a los resultados del trasplante ya que al ser ondulado o rizado cubrirá más superficie que el cabello fino o lacio. Contraste color del pelo: se refiere al color del pelo en comparación con el color de tono de la piel del cuero cabelludo. Mientras más parecido es el color del cabello al color de la piel, más denso parecerá el trasplante.
Otro elemento fundamental a tener en cuenta es la edad del paciente y la posible evolución posterior de la alopecia. La alopecia adrogenética suele ser progresiva, lo que significa que continuará con el transcurso del tiempo. Como resultado, puede ser difícil de predecir con exactitud la cantidad de pelo que pierde un hombre en sus 20 o 30 años, y cómo lo seguirá perdiendo en los próximos 10 a 30 años.
La planificación de la restauración del pelo en un hombre joven debe tener en cuenta la probabilidad de pérdida de cabello en el futuro. A los 40 años, el diseño de nuestra zona calva es casi definitivo, mientras que a los 25 años todavía podemos perder gran parte de nuestro cabello.
Por lo tanto, sólo se deberían operar personas menores de 40 años si su alopecia está estabilizada. Además, hay que analizar la herencia familiar de pérdida de cabello en los familiares varones ya que aunque no es totalmente predictivo, sí puede proporcionar una visión y orientación en el tipo y el alcance de la pérdida del cabello a esperar durante toda la vida.
Analizados todos los factores correspondientes, a la hora de realizar la cirugía el doctor Chueco comenta: “Debido a que la cirugía es permanente, el cirujano debe tener en consideración un diseño capilar apropiado para toda la vida del paciente y además analizar las reservas de pelo en la zona donante, y si se puede realizar el trasplante en un solo procedimiento o se requieren sesiones consecutivas”.
Es por esto que la meta del cirujano especializado en trasplante capilar es ayudar a que el paciente entienda cuán cerca puede estar de resolver sus necesidades y expectativas personales, cuánto costará todo el proceso y cuántas sesiones puede necesitar. Con el planteamiento apropiado, la satisfacción es fácil de alcanzar.
Los pacientes que reciban medicación cardíaca o psiquiátrica deben consultar con su especialista comunicándole que se van a someter a un procedimiento de trasplante capilar. Todas las precauciones Es recomendable para las personas mayores de 45 años que se sometan a la cirugía capilar que se realicen un examen cardiológico antes del procedimiento.
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