Son tantas las bacterias en nuestros pies que a los microbiólogos les cuesta mucho detectar las que causan el hedor. Sin embargo, los investigadores aseguran también que, junto a estas bacterias olorosas, existen organismos buenos que actúan como defensa contra las infecciones.

Son tantas las bacterias en nuestros pies que a los microbiólogos les cuesta mucho detectar las que causan el hedor. Sin embargo, los investigadores aseguran también que, junto a estas bacterias olorosas, existen organismos buenos que actúan como defensa contra las infecciones.

Por más limpios que estén, los pies tienen siempre un leve olor característico que es objeto de estudio de algunos investigadores. No solo pueden decirnos por qué se produce, sino que muchos ignoran que también puede ser muy útil para salvar vidas.

No importa cuán limpio estén, un cierto olor es casi inevitable debido a la anatomía de nuestros pies, y sin dudas, algunas personas tienen un olor más agradable que otras. Renate Smallegange, investigadora de la Universidad Wagenigen, en Holanda, se ha dedicado a entender la receta única que da a nuestros pies su olor, con la intención de frenar la propagación de la malaria, una enfermedad mortal. Aunque Smallegange a veces debe taparse con la nariz, el olor le resulta extremadamente útil para su investigación sobre los mosquitos transmisores de esta enfermedad. El paludismo o malaria es causado por cuatro especies de un parásito llamado Plasmodium, que se trasmite al ser humano por la picadura de mosquitos Anopheles infectados.

Capaz de hacer cosas increíbles con tal de estudiar estos olores, a veces colecciona medias de nailon usadas, otras, le pide a la gente que ponga sus pies en una bolsa de plástico para sentir el aroma que dejan en su interior; ella insiste en su investigación. De todos los trabajos que hay en el mundo, éste no es el más placentero, pero por increíble que parezca, a Renate Smallegange, no le importa: 'No es para tanto. Claro que, desde mi punto de vista, alguna gente huele mejor que otra', aclara.

El pie contiene cerca de 600 glándulas sudoríparas por centímetro cuadrado ciento de veces más que las axilas. Estas excretan sales, glucosa, vitaminas y aminoácidos que constituyen la dieta perfecta para una colonia de bacterias. Las bacterias nos dan un coctel de ácidos grasos que le dan al pie su olor característico. Hay tantas bacterias en nuestros pies, que a los microbiólogos les ha costado mucho trabajo encontrar cuáles son las que causan el hedor y dónde están localizadas.

James Reynolds y sus colegas de la Universidad de Loughborough, en Reino Unido, intentaron responder a esta pregunta mapeando la población de bacterias. Cinco grupos se destacan: Corynebacteria, Micrococcus Propionibacteria, Betaproteobacteria y Brevibacteria, pero el más notorio fue el Staphylococcus. Este último siempre coincide con una sustancia química potente llamada ácido isovalérico. 'Imagínate un queso Stilton bien maduro. Así es el olor cuando abres una botella de eso', explica Reynolds.

Estas bacterias son más comunes en la planta, en la parte cercana a los dedos, lo cual explica por qué esta zona es más hedionda. La comparación con el queso es apropiada: muchos tienen una mezcla similar de sustancias químicas. Un estudio japonés descubrió que tres químicos que se encuentran normalmente en los cítricos pueden atacar a los Staphuyococcus sin dañar a sus vecinos. 'Si entendemos qué son estos compuestos y a las especies que los producen, podríamos hacer incluso ropa que absorba estos olores o los neutralice', añade la investigadora. También crear mejores desodorantes.

Claro está, no todos podríamos dedicarnos a una tarea que involucra acercar nuestra nariz a algo que huele tan mal, no es un trabajo fácil. Pero los investigadores aseguran que junto a estas bacterias olorosas, hay en nuestros pies organismos buenos que actúan como defensa contra las infecciones. Para la mayoría de nosotros, los pies apestosos no son más que un simple trastorno que puede resolverse simplemente con agua y jabón. Pero vale la pena reflexionar en el trabajo de Smallegange cuando nos sorprenda el olor a pie. Con su colección de calcetines hediondos y muestras de transpiración, ella está haciendo una labor que muy pocos podríamos soportar, con la intención de salvar millones de vidas.