Negar o quitar importancia a la tristeza genera mayores secuelas que la determinación de encarar los problemas anímicos. Irritación y aislamiento son comportamientos nocivos que repercuten negativamente. Atención a las diferentes formas que afectan a los adultos mayores.

La depresión es conocida popularmente como una alteración más o menos duradera del estado de ánimo que produce apatía y frecuentes episodios de llanto.No obstante son muchos los interrogantes que se plantean en torno a esta enfermedad. De este modo, no es fácil saber, por ejemplo, cuál es el límite que separa realmente la tristeza de la depresión, o si ésta es una enfermedad o un síntoma, a quien puede afectar, qué tipos de depresión es posible distinguir, qué diferencia existe entre angustia y depresión, o quien debe tratar la depresión.

Como muchas otras enfermedades, la depresión en el adulto mayor tiene características especiales y una de las principales es la tendencia que tienen a negar o quitar importancia a la tristeza. A veces, los mayores con depresión, en lugar de manifestar que están tristes o deprimidos, se retraen o se aíslan o se vuelven más irritables.

Es decir, la persona mayor puede no quejarse de que está mal o triste y que sólo observándola se puede deducir que está deprimida.

Tampoco es raro que junto a la tristeza o al decaimiento, la persona deprimida note una sensación de inutilidad y baja autoestima, por lo que piensan que no vale la pena pedir ayuda., o que el médico y la familia pueden emplear su tiempo en cosas mejores.

Puede ocurrir también que sean los propios hijos o familiares o incluso el médico de cabecera, los que achaquen los síntomas de la depresión al propio envejecimiento, lo cual también impide hacer el diagnóstico y por tanto tratar la enfermedad.

A medida que pasan los años

Durante la vejez ocurren una serie de factores que favorecen la aparición de este trastorno: entre ellos se encuentran;

Pérdida de salud a la cual es propia de la edad y en donde en muchas ocasiones ésta pérdida de salud condiciona deterioro funcional con tendencia a la dependencia física y pérdida de autonomía.

Presencia de enfermedades crónicas, pérdida de familiares, amigos y seres queridos que en ocasiones se acompañan de duelo patológico.

Disminuye la capacidad económica.

Pérdida de roles en el seno de la familia con la salida de los hijos y un papel menor del abuelo dentro de la misma.

Cambios con la llegada de la jubilación, que condiciona un cambio brusco en la actividad y relaciones sociales.

Factores biológicos, no son suficientes para la depresión entre ellos se encuentran los cambios en la estructura cerebral, neurotransmisión , sistemas hormonales.

Menor soporte social del adulto mayor deprimido.

Posibles efectos de la depresión sobre el sistema inmunitario.

Pérdida de motivación para el autocuidado.

La prevalencia de las alteraciones depresivas, depresión en el pasado, depresión en la actualidad, disrritmia y alteraciones subclínicas entre pacientes de edades entre 65 y 100 años. Se estimó el 4.4 por ciento en mujeres y el 2.7 por ciento en hombres.

La tristeza y el bajo estado de ánimo pueden manifestarse en el anciano como apatía y retracción y pueden ser predominantes quejas somáticas diversas que obligan a realizar pruebas en busca de otras enfermedades, que por otra parte son muy frecuentes en estas edades.

A veces estos síntomas corporales constituyen verdaderos cuadros hipocondríacos con temores y preocupaciones excesivas.

Algunos otros síntomas propios de la depresión pueden ser la pérdida de peso por falta de apetito, el insomnio o la aparición de ideas delirantes y en los cuadros graves verdaderos cuadros psicóticos.

Los síntomas corporales o somáticos más frecuentes son las alteraciones del sueño con insomnio, cansancio o falto de energía.

Pueden existir muchas otras quejas somáticas como vértigo, dolor, cefaleas, etc que en ocasiones son predominantes en la depresión del adulto mayor.

También existen síntomas afectivos consistentes en una alteración del humor, entendido como alteración del estado de ánimo conocido como ánimo depresivo o tristeza vital. Hay afectación en la pérdida de interés por las cosas así como a la capacidad para disfrutar. Esto constituye el núcleo central de la depresión y se acompaña de una disminución de la vitalidad con alteración de la actividad laboral y social de la persona afectada.

En esta esfera, pueden existir otros síntomas en la depresión de la Tercera Edad, como ideas de culpa, autorreproches, pesimismo, desesperanza, dificultad para concentrarse, etc.

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