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Una de las expresiones artísticas más estudiadas desde la ciencia es la música. Complejos y extraordinarios mecanismos cerebrales la hacen posible. ¿La música cambia el cerebro? El músico británico Sting fue estudiado mediante un resonador magnético funcional con el fin de observar qué áreas cerebrales se activaban para la música. Así, se analizó su actividad cerebral mientras improvisaba una melodía nueva, es decir, en una etapa de “pura creatividad” en la que el artista hace dos cosas a la vez: crear y ejecutar. Los resultados revelaron una gran activación global del cerebro: estaban especialmente activas áreas para la ejecución motora, porque tendemos a imaginar cómo se movería nuestro cuerpo según ese ritmo; y las áreas de la corteza visual, la corteza prefrontal y del cuerpo calloso, que conecta ambos lados del cerebro.

Diversos investigadores también evaluaron la activación cerebral en músicos de jazz mientras creaban su obra. El resultado: mientras los músicos improvisaban, más allá de las reglas tradicionales de ritmo y melodía, disminuía drásticamente la actividad de los circuitos cerebrales que bloquean el flujo de nuevas ideas. ¿Por qué pasa esto? Según los científicos, el cerebro de los músicos es distinto. El cuerpo calloso es más grande en músicos experimentados, o sea, tiene más cantidad de fibras que conectan los dos hemisferios.

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La experiencia con la música varía los patrones de actividad en el cerebro. En músicos expertos existe una mayor densidad de conexiones entre distintas estructuras cerebrales, a fin de afianzar la coordinación, por ejemplo, de las secuencias motoras necesarias para tocar un instrumento. La práctica musical permite fortalecer las conexiones entre regiones cerebrales. Por eso, quienes tienen más desarrollado este talento les va a resultar más fácil resolver cuestiones de otros campos, ya que el cerebro es moldeado por la educación musical temprana y, de alguna manera, se “transfieren” habilidades. Un estudio científico comparó un grupo de niños instrumentistas de nueve y once años que tenían un promedio de cuatro años de entrenamiento con un grupo de no instrumentistas. Se observaron diferencias en habilidades cognitivas y organización cerebral. El primer grupo tuvo un rendimiento significativamente mayor en tareas auditivas, motoras y de vocabulario, y tendencias similares se registraron en tareas de razonamiento abstracto y en habilidades matemáticas.

El célebre naturalista inglés Charles Darwin escribió en su autobiografía: “Si fuera a vivir mi vida otra vez, hubiera hecho un hábito de leer poesía y escuchar música al menos una vez por semana. De esta manera, quizás las partes de mi cerebro ahora atrofiadas se hubieran mantenido activas con el uso.” Podemos definitivamente decir que la música es mucho más que el arte de combinar los sonidos.

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