Desde los más chicos hasta los adultos mayores, hemos experimentado miedos en algunos momentos de nuestras vidas, y por razones diversas. Cuando éste nos paraliza, afecta lo cotidiano y se convierte en una emoción negativa que no podemos manejar: es el momento de revisar su origen y de poner toda la energía en la superación. Aquí, algunas estrategias al respecto.

El miedo es una sensación, una emoción que anticipa un peligro futuro. Funciona como una especie de alarma, que nos avisa de la existencia de un riesgo, gracias al cual se activa un sistema de alerta tanto fisiológico como psicológico, para superar la amenaza.

El miedo es un mecanismo muy útil, ya que sin él, no tendríamos cautela ante situaciones muy peligrosas en las que podría estar en juego la vida. De manera que el miedo es un mecanismo necesario. Sentimos miedo de aquello que puede causarnos dolor físico o sufrimiento emocional.

Sin embargo, muchas veces sentimos miedo sobre situaciones futuras que en realidad no tenemos la certeza de que vayan a suceder, es decir, que sentimos miedo sobre situaciones imaginarias o supuestas. Así, algunas personas, postergan decisiones por miedo, otros no pueden viajar o disfrutar del inicio de una nueva relación, incluso algunos no pueden comunicarse con naturalidad. Cuando el miedo paraliza, hemos perdido el autocontrol y estamos ante un problema.

Es importante distinguir entre un miedo normal, el que tendríamos ante un peligro real o probable, y un miedo excesivo o que no está relacionado con la situación que lo produce, y que limita a quien lo sufre, modificando su conducta. Esos miedos que bloquean, afectan la calidad de vida, entonces es necesario superar esa sensación, y sin dudas, si el miedo es muy intenso, lo mejor es consultar con un especialista. En ese caso podría tratarse de una fobia, una perturbación psicológica en el que se manifiesta un miedo desproporcionado ante un objeto o una situación concreta.

Los miedos generan consecuencias como estrés, alteraciones físicas como palpitaciones, sudoraciones o nerviosismo, tartamudeos o afectaciones estomacales. También postergaciones o limitaciones y bloqueos en la vida diaria. Para controlar los miedos, el primer paso es tener la intensión y la voluntad de superarlo, luego podremos identificar el miedo, reconocerlo, y si es posible buscar el origen de ese miedo; ser creativos con las posibilidades para superar el miedo, implica buscar cuál es la manera que para nosotros es la correcta para superar ese miedo y si es posible utilizar alguna técnica para liberarlo, es muy importante aplicar voluntad, y determinación sostenida en el tiempo para lograrlo. Para enfrentar los miedos ayuda utilizar de manera eficiente las competencias y habilidades personales. La clave es actuar, hacer algo para comenzar a sentir confianza, poco a poco. Es fundamental aceptar los miedos, esto quiere decir no sentirnos culpables o castigarnos por sentir miedo. Como ya se dijo, es importante identificar la raíz del miedo y aplicarse a combatirlo siendo piadosos con nosotros mismos.

Comprender y aceptar el miedo es muy importante, de algún modo es equilibrar la negatividad. Somos propensos a anclarnos en pensamientos negativos, y eso no ayuda para superar los miedos. Aseguran los especialistas, que la práctica del pensamiento positivo estabiliza la mente y ayuda al intelecto a discriminar y tomar decisiones, y sin dudas genera un estado emocional mucho más beneficioso para nuestro transcurrir y para resolver situaciones en la vida cotidiana.

Dada la relación del miedo con el futuro es importante tener en claro que el futuro es una posibilidad sobre la que no hay certeza, algo que aún no ha ocurrido.

Asimismo, los miedos muchas veces tienen un arraigo en el pasado, algo que ya ocurrió, que si bien, como se dijo al principio pueden servir como alarma, deben ser eso, un llamado que atención que no debe paralizarnos. Por otra parte, es muy importante estar atentos ya que también el miedo de los niños puede estar diciéndonos que algo no anda bien en su vida, que algo que tal vez no sabemos está perturbándolos. En ese caso es fundamental creer en su palabra, prestar atención e investigar qué está sucediendo, y recurrir si se tiene alguna sospecha a los profesionales pertinentes.


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