Desde la década del '80, la clomipaprina se comercializa como un antidepresivo, pero lejos de los efectos secundarios de otros medicamentos, la droga provoca orgasmos incontrolables cada vez que los pacientes bostezan.
El cinco por ciento de las personas tratadas con estas pastillas "sufrieron" este extraño fenómeno, que obligaba a algunos hombres a llevar un preservativo para evitar manchas incómodas y a otros a pedir ayuda para resolver "sus ansias sexuales irresistibles".
Sin embargo, lejos de sentirse preocupados por este efecto, muchos pacientes esperaban que el tratamiento se prolongue durante mucho tiempo.
No obstante, si bien los orgasmos eran un efecto adverso de la clomipaprina, desgraciadamente, la impotencia y los problemas en la eyaculación son las contraindicaciones más habituales.