Rodolfo Capalozza se refirió al asesinato de tres sacerdotes y dos seminaristas el 4 de julio de 1976 en el barrio porteño de Belgrano. ""Nuestros cinco hermanos fueron víctimas de la violencia del terrorismo de Estado", aseguró.
En el marco del 50° aniversario de la Masacre de San Patricio, en el Instituto Vicente Pallotti de Turdera se realizó un encuentro de reflexión y homenaje enfocado en la memoria histórica, los derechos humanos y el legado de la Congregación Palotina. La jornada se propuso evocar el testimonio de vida y la entrega de los tres sacerdotes y dos seminaristas asesinados el 4 de julio de 1976 en la parroquia de San Patricio, ubicada en el barrio porteño de Belgrano, durante la última dictadura militar.
El eje central fue la disertación del reverendo padre Rodolfo Capalozza, miembro de la Sociedad del Apostolado Católico (Palotinos) y sobreviviente directo de aquel hecho. En 1976 era seminarista y salvó su vida al no encontrarse en la casa parroquial durante la madrugada del ataque y ofreció un testimonio en primera persona sobre la convivencia con las víctimas y los detalles que rodearon al mayor atentado contra la Iglesia católica en la historia argentina.
Durante su exposición ante la comunidad educativa y religiosa, el sacerdote repasó la labor comunitaria, la fidelidad evangélica y el compromiso con los sectores vulnerables que caracterizaba a los padres Alfredo Kelly, Alfredo Leaden y Pedro Dufau, así como a los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti. El rol de Capalozza resultó fundamental para contextualizar la dimensión pastoral de los religiosos y contrarrestar las falsas acusaciones que los perpetradores utilizaron para justificar el quíntuple homicidio.
"Nuestros cinco hermanos fueron víctimas de la violencia del terrorismo de Estado. Y el terrorismo de Estado es la mayor de las violencias. El Estado es el que nos tiene que defender, nos tiene que cuidar; cuando el Estado ejerce violencia sobre los ciudadanos, no queda otro camino, institucionalmente se nos cierran las puertas, y nosotros venimos de una época, donde todo el proceso que se inicia el 24 de marzo de 1976 es un proceso de atrocidades", aseguró. En ese marco, recalcó que "Ellos murieron por ser fieles a Dios, por los valores de la justicia y el respeto a la vida. Fueron mártires de la justicia y la verdad".
"Que no haya odio en nuestro corazón", pidió, "pero sí que haya búsqueda de la verdad, y que podamos beber en esta fuente de vida. Fueron cinco hombres que se jugaron por un evangelio abierto a la realidad, un evangelio que transformara a la sociedad, un evangelio que abría las puertas de la Iglesia para todos". Y agregó: "No mataron a uno de ellos, mataron una comunidad que anunciaba un evangelio que cuestionaba la violencia, que cuestionaba los horrores que en aquel tiempo se vivía en el país, y lo hacían desde su fe en Jesucristo, no desde una ideología política, esto es lo que tenemos que rescatar como valor y dejar que hoy sean luz y vida para nosotros".
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