Durante los últimos meses resonaron con fuerza los rumores sobre los prototipos de relojes inteligentes que desarrollan las mayores empresas de tecnología del planeta: Apple, Google, LG, Microsoft y Samsung
Este gran mercado tecnológico, tan próximo y apenas explorado, generó un gran interés por las gigantes tecnológicas y por los usuarios. Con la llegada reciente de los primeros Pebble de Kickstarter, un dispositivo de pulsera que se conecta a teléfonos Android o iOS a través de Bluetooth y muestra en la pantalla (parecida a la tinta electrónica) notificaciones y mensajes, podríamos estar en el año del reloj inteligente.

El lanzamiento de Pebble fue sucedido por una andanada de rumores provenientes de la agencia Bloomberg, la que publicó un cable en el que comunicaba que fuentes no identificadas aseguraban que Apple había creado un equipo de más de cien personas, cuyas funciones van desde el diseño hasta la ingeniería y el marketing para crear un smartwatch.

Esta supuesta información sobre el iWatch hizo que muchas otras empresas dieran a conocer que poseían dispositivos similares en otros niveles de desarrollo. Desde Google hasta LG se trabaja en artefactos similares que funcionan con, iOS, Android y Firefox OS.

Como antecedente, cabe recordar que Apple tuvo una versión del iPod Nano con una edición reducida de su sistema operativo móvil que muchos usuarios comenzaron a utilizar como un reloj mediante diversas fundas y accesorios para llevarlo en la muñeca. A pesar de esto, en su última actualización de hardware el Nano volvió a adoptar la forma rectangular.

El vicepresidente ejecutivo de la división mobile de Samsung, Lee Young Hee, reconoció que su smartwatch se encuentra en una etapa avanzada de desarrollo y que hace mucho tiempo que están "creando productos para el futuro y éste es sin duda uno de ellos".

A pesar de que no han revelado más detalles, fuentes cercanas a la cadena de suministro de Microsoft aseguran que la compañía pidió pantallas táctiles de 1,5 pulgadas y correas intercambiables. Los programadores e ingenieros que trabajaron en los accesorios de Xbox y el Kinect serían parte del equipo.

De todas formas, no es el primer intento de la industria en hacer que uno estos productos triunfe. Microsoft lanzó en 2004 "SPOT", un primer intento de crear un smartwatch que accedía a información de la Bolsa, clima o noticias a través de la señal de FM. Su costo, unos 800 dólares y la necesidad de pagar una suscripción lo condenó a la extinción cuatro años más tarde. Pero no nos olvidemos que Samsung también trató de entrar en el mercado.

En 2009 llegó el S9910 a un precio de 450 euros. A pesar de que su diseño es uno de los ejemplos más elegantes y sofisticados jamás vistos en lo que a tecnología mobile se refiere, también tuvo problemas: su alto coste y sus limitadas funcionalidades lo castigaron con un bajo nivel de ventas.

Los tiempos cambian y la tecnología que se viste ya no es una novedad, recordemos el interés por Google Glass, los lentes de Google al estilo Terminator. La tecnología "que se viste" es algo que entra con mayor aceptación en el mundo de la tecnología de consumo.

Si una startup como Pebble consiguió más de 10 millones de dólares en donaciones para su desarrollo no quedan dudas de que hay un mercado que se abre para estos dispositivos y ninguna de las grandes empresas de tecnología quiere quedarse fuera. Aún teniendo en cuenta que los intentos hasta este momento eran novedades demasiado grandes, caras y decepcionantes por la expectación causada, productos como Pebble pueden encontrar su nicho y formar parte de la vida cotidiana de los usuarios.

Los smartwatches todavía tienen mucho camino por recorrer antes de ser una tendencia. Especialmente si se tiene en cuenta que los relojes no fueron, hasta ahora, "inteligentes" si se comparaban con un celular que, encima, cumple su función: dar la hora.

Son muchos los usuarios que ya no usan reloj, pues sólo tenía esta finalidad y era resuelta por un producto que siempre lo acompañaba. A pesar de que el Pebble es popular resulta demasiado pronto asegurar que los relojes inteligentes serán capaces de reparar el daño que le causaron los teléfonos móviles.

Será el tiempo, y los usuarios, quienes digan si los smartwatches llegarán para quedarse. Sin embargo, a juzgar por la inercia conseguida y el interés generado por los consumidores y las empresas desarrolladoras, parece que no será algo que vaya a morir pronto.

 

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