El informe define “violencia laboral como un conjunto de acciones que tienden en el ámbito del trabajo a menoscabar capacidades, estereotipar, degradar y discriminar al personal, y puede expresarse como violencia verbal, física, psicológica económica, de género y también sexual”.
Asimismo, sostiene que “la violencia laboral afecta, y es reconocida como tal, en forma diferenciada a ambos géneros”. Es que en el caso de las mujeres se observó mayor incidencia de la violencia laboral que en los varones. “En las siete modalidades de violencia que se dio a elegir, en todas ellas la proporción de personal que la ha sufrido es mayor o considerablemente mayor que en los varones”, afirma el trabajo.
Las cifras son claras. De las encuestas a los integrantes de las fuerzas se desprende que el 51% padeció o presenció alguna situación de violencia laboral, pero en el caso exclusivo de las mujeres el valor medio de violencia es del 65,7%.
También se destaca que el 53,5% de las víctimas de violencia laboral en las fuerzas padeció cuatro o más modalidades y el 8,2% sufrió todas las formas, que son siete: modificación injustificada de los descansos o trabajos; retención de equipamientos o elementos de seguridad; comentarios, bromas o gestos tendientes a ridiculizar por edad, físico, capacidades especiales, identidad sexual, religiosa o ideología política; sanciones injustificadas; amenazas de baja o traslados; o aislamiento o prohibición de conversar con la víctima.
El relevamiento sostiene que el 86% de las situaciones de violencia fue ejercida por personal de rango superior, y que apenas 1 de cada 10 denunció el hecho (9,7%). Asimismo, del total de integrantes de la Policía Federal que padecieron el hecho, sólo hizo la denuncia el 6,1%, mientras que en Gendarmería el porcentaje fue de 17,2. Más datos: mientras al 45% de los varones de todas las fuerzas les tomaron la denuncia, sólo lo hicieron con el 16,7 de las mujeres.
El estudio también reservó un capítulo para el análisis del acoso sexual, entendido por “insinuaciones sexuales -verbales o físicas- repetidas y no deseadas, observaciones sexualmente discriminatorias o alusiones sexuales despectivas hechas en el ámbito laboral, que resultan ofensivas para la persona involucrada o le producen la sensación de sentirse amenazada/o, humillada/o o avergonzada/o”. Las mujeres integrantes de las fuerzas acosadas sexualmente fueron el 13,8% del total, o 1 de cada 10. Apenas el 1,1% del personal masculino denunció este tipo de violencia.
En términos generales, con ambos sexos, el informe arroja que el 2,4% del personal de las fuerzas pasó o atraviesa por situaciones de acoso sexual. También se sabe que del total de personas acosadas, cerca de la mitad pertenecen a la PFA (49%).
En igualdad y en equidadLa ministra Nilda Garré destacó las resoluciones adoptadas en el último tiempo “a fin de asegurar un trato igualitario y no discriminatorio en las fuerzas, eliminando pautas que concebían a la maternidad como un obstáculo o límite en el ingreso, permanencia o ascenso dentro de las fuerzas”, como también “se prohibieron acciones que impidiera o limitaran la permanencia en los institutos de personas con hijos a cargo, y mujeres embarazadas o lactantes”.
En el mismo sentido, se lograron “pautas específicas por situación de maternidad y lactancia”, y se destacó que “ya no hay que pedir permiso para contraer matrimonio a superiores”. También fue importante “la no limitación de vacantes por género en las fuerzas policiales”.
En números- En e l 72% el acosador es de mayor grado.
- El 9% de los acosados realizó la denuncia.
- El 44% no hizo denuncia por vergüenza, o para evitar problemas.
- El 31% evitó la denuncia por temor a represalias, y el 29% porque consideró que no servía paranada.
- El 59% de los denunciantes dijo que luego no se iniciaron acciones disciplinarias.
- El 39,4% dijo que terminaron los acosos tras su denuncia, pero el 32% dijo haber recibido un trato de mayor aislamiento.
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