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08 | 11 | 2015
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La pediatra que salvó a la beba abandonada: "Nada me conmovió más"

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"Casi no lloraba y estaba violeta, luchaba por vivir", relata Eugenia Marteau, quien recibió a la nena en neonatología del Hospital Santojanni. La bautizó Faustina en honor a su hijo. Trabajó en Irak, pero esto la conmovió como nunca

La pediatra que salvó a la beba abandonada: Nada me conmovió más
Crédito: Diario Clarín
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Ni bien la encontraron, alertaron al SAME. El personal de la estación de servicio y vecinos habían hallado a la beba dentro de una bolsa de basura. Estaba con vida. Aún tenía restos de placenta y el cordón umbilical. Corría riesgo. Mucho riesgo. Fue llevada de urgencia al Hospital Santojanni y en la sala de neonatología fue recibida por Eugenia Marteau. La pediatra la salvó y hasta le dio nombre: Faustina. "Casi no lloraba y estaba violeta, luchaba por vivir", relata la médica.

En una entrevista con el diario Clarín, Marteau todavía no sale de su asombro y recuerda que hace dos años estuvo en Irak, pero ninguna sensación se compara con ésta: "En la guerra vi lo peor, pero nada me conmovió como esta beba. La habían tirado a la basura como un parásito, como una cosa".

La nena había nacido con un cuadro de hipotermia: "Estaba envuelta en papel higiénico que tenía materia fecal y pedazos de envolturas pegadas en el cuerpito. Primero le despegué todo eso y después iniciamos la tarea para que siga con vida".

Y así resultó: sigue con vida y evoluciona favorablemente Faustina, como la bautizó la profesional en honor a su hijo, que también nació prematuro. "Mi hijo para mí es todo y me parecía muy narcisista ponerle mi nombre. En su lugar elegí el de alguien a quien amo más que a nada. Además Faustina significa 'la que trae alegría y buena fortuna', y yo creo que esta nena a pesar de todo tiene suerte, porque sigue con vida".

Marteau trabajó hace dos años en Irak, en medio de balas, bombas, atentados y muertos. Se había inscripto como voluntario en Médicos Sin Fronteras. Le tocó estar en el caótico hospital Al Zahara, en donde hay más de 23.000 nacimientos por año, 40 cesáreas al día, poco personal y muchos bebés abandonados.

"Tenía que elegir entre quienes seguían con vida y quiénes no. Nunca sabías qué ibas a encontrar ahí, ya que las muertes allí se vuelven silenciosas y sin causa", cuenta.

El miércoles pasado visitó a Faustina y le dejó un mensaje al oído: "Me olvidé de decirte algo: ojalá seas feliz y encuentres una familia que te amé".


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