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Política
22 | 11 | 2015
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El búnker de Cambiemos: de la alegría tímida al estallido final

Producción: Nicolás Rotnitzky / Diseño: Martín Ernesto García
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Por Producción: Nicolás Rotnitzky / Diseño: Martín Ernesto García


Pese al favoritismo previo y las tendencias iniciales, la cautela dominó el primer escenario entre los seguidores del presidente electo. El desahogo tardó en llegar, pero llegó. Así se vivió el domingo de balotaje en Costa Salguero.

El búnker de Cambiemos: de la alegría tímida al estallido final
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Primero, en Cambiemos, el histórico domingo de balotaje, hubo silencio. Hermetismo: los referentes políticos se encerraron en un apartado de la sede de Costa Salguero, se escaparon de los cronistas de radio y televisión, cazadores furtivos, dispuestos a todo con tal de conseguir un dato, una declaración, algo que antes de la aparición de Julio Alak confirmara lo que era un secreto a voces: Mauricio Macri había sido elegido el nuevo Presidente de la Nación. El ruido venía de abajo del escenario: los 7000 militantes –o más: se estima que superaron la capacidad habilitada-, sin banderas, la mayoría bien vestidos, elegantes, esperaban con globos, cumbia, rock nacional. Y baile, mucho baile.

El sigilo lo rompieron Marcos Peña y Ernesto Sanz, apenas pasadas las 18:15: el discurso para el público contenía más cautela que sentencias. A las 19:30, con los números de las primeras mesas escrutadas, irrumpieron los gobernadores de Cambiemos, los nuevos jeques políticos de Macri: Alfredo Cornejo, de Mendoza; María Eugenia Vidal, flamante cabeza de la Provincia de Buenos Aires y la más aplaudida por los simpatizantes; Horacio Rodríguez Larreta, sucesor del ganador de la noche; y Gerardo Morales, de Jujuy. Fue Cornejo quien desató a las fieras: después de asegurar que el referente de su espacio era "el nuevo Presidente de los argentinos", se escuchó un grito agudo, un estallido, una descarga.

En el medio de las presencias fugaces, la incertidumbre. Preguntas sin respuestas: que si Macri llegó, que si habla tal, que si hay conferencia de prensa o discurso. Nada: nadie tenía nada en claro. Todo se cocinaba en la mesa chica, en esa sala, minuto a minuto. Lo único concreto salía por televisión: en los números oficiales, el candidato opositor siempre estuvo arriba. A las 20:30 mostraron los resultados en las pantallas para la gente. Entonces, sí: Costa Salguero explotó, como si el grito, ahora, fuera un grito atragantado por algo más de una década.

Macri aguardó un tiempo prudencial para salir al escenario. En el ajedrez político, quería que Daniel Scioli, su contrincante, asumiera públicamente la derrota. La espera se estiró: a pesar de los altos porcentajes de mesas escrutadas, desde el atril de la sede del FPV respondían con más silencio. Hasta las 21:30: ahí Scioli entendió que la diferencia a favor de Macri era irreversible. Dijo que lo llamó. Que lo felicitó. Y deseó que Dios lo ayude. Mientras, en Costa Salguero, seguía el baile. Gabriela Michetti encabezó al equipo que pisó el escenario sin su líder a las 21:48, luego de un video emotivo y el nuevo himno de Cambiemos: "Estoy con vos". En sus palabras, siguió con la tónica del discurso de su espacio: "Vamos a trabajar con esperanza y alegría".

Camisa celeste, la figura de la noche apareció a las 21:55. Las cabezas de los fanáticos quedaron tapadas por las luces de los celulares. Después, ocho minutos de saludos familiares, cinco de tímidas definiciones políticas, unos segundos dedicados al cambio, un –otro- pedido a Dios. Todo terminó quince minutos más tarde, como empezó allá por 2003: globos en el aire, papeles de colores, y el baile, un clásico si Mauricio Macri está feliz. Y lo está: es el nuevo Presidente de la Nación.

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