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Salud
20 | 08 | 2016
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La naturaleza de la solidaridad

Facundo Manes
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Por Facundo Manes


La naturaleza de la solidaridad
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A lo largo de nuestras vidas nos relacionamos constantemente con otras personas. Muchas veces necesitamos su ayuda. Otras, somos nosotros quienes se las damos. La ciencia también se ha preguntado por esto, es decir por los lazos solidarios que establecemos unos con otros.

Se cree que las conductas cooperativas jugaron evolutivamente un papel importante en el desarrollo de la construcción y unión de grupos sociales. Esto permitió que grupos con un número mayor de individuos no relacionados genéticamente se establecieran y rigieran por normas comunes.

La cooperación no es una conducta exclusiva de los humanos. Cientos de ejemplos en la naturaleza evidencian que el sistema nervioso de una gran parte del reino animal es propenso a la cooperación. De hecho, somos testigos de esta cooperación al apreciar las organizaciones sociales que se dan a nuestro alrededor: el panal de abejas y los hormigueros, entre tantos otros. Una situación muy ilustrativa de la capacidad cooperativa en animales se dio el 16 de agosto de 1996 cuando una gorila rescató a un niño de tres años, que cayó en el sector de los primates en un zoológico de Chicago. El niño cayó desde varios metros al piso del lugar que albergaba siete gorilas. La gorila, que cargaba con su propio hijo en la espalda, tomó al niño inconsciente en sus brazos y lo llevó a una puerta donde los encargados del zoológico y los paramédicos pudieron asistirlo. Esto evidencia que existe una base biológica que sustenta las conductas cooperativas. Han sido un valor agregado en la supervivencia de las especies.

Si podemos cooperar es porque tenemos un cerebro que nos lo permite hacer. Pero ¿qué hace, efectivamente, que cooperemos? Uno de los focos en la investigación neurocientífica sobre cooperación entre humanos ha estado puesto en el concepto de "reputación". Más de una docena de experimentos han demostrado que, cuando ocurre en público o bajo la mirada de un tercero, cooperamos más activamente que en nuestra propia intimidad. Esto apoya la idea de que existen beneficios de nuestras conductas cooperativas. Naturalmente, cuando cooperamos en un grupo no necesariamente estamos considerando los pros y contras de nuestra acción. Eso se debe, en parte, a que nuestro cerebro activa regiones emocionales que guían nuestras decisiones de manera intuitiva y automática. Asimismo, una serie de experimentos ha demostrado que los actos de cooperación humana activan áreas del cerebro asociadas a la recompensa y el placer.

El carácter de solidaridad es inmanente a los seres humanos. En las grandes sociedades como las que nos toca vivir, la cooperación puede ser directa (hacia nuestro semejante próximo) o mediada, a través de las instituciones. De una y otra manera, la cooperación hace que las comunidades vivan mejor.

Facundo Manes es neurólogo y neurocientífico. Presidente de la Fundación INECO y rector de la Universidad Favaloro.

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