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Política
26 | 08 | 2016
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Aunque lo nieguen, ya todos palpitan los comicios 2017

José Di Mauro
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Por José Di Mauro


Las elecciones de medio término suelen ser clave para el destino de un gobierno, sobre todo si ese gobierno no es peronista. En silencio, oficialismo y oposición barajan alternativas propias y ajenas.

Aunque lo nieguen, ya todos palpitan los comicios 2017
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No hay político que ante cualquier pregunta sobre las elecciones de 2017 no apele a la misma respuesta. Sin excepción, dirá que "todavía es muy temprano para pensar en candidaturas", o el más imaginativo "la gente no está pensando en las elecciones, sino en que les solucionemos los problemas".

Es de manual; palabras más, palabras menos, todos dicen lo mismo. Y si bien ambas cosas son reales -1º) falta un siglo en términos de la Argentina para esos comicios, y 2º) la gente realmente tiene otras preocupaciones-, no le quepa a nadie la menor duda de que todos están con la mente en las próximas elecciones.

Pasa siempre y esta no es la excepción. Salvo que esté muy cantado de antemano el resultado y el futuro ganador, en efecto, tenga la mente en otra cosa, mientras que el seguro perdedor vivirá la cita electoral como un compromiso infausto. Pero en general, todo político que se precie está atento a lo que sucederá en las elecciones venideras con suficiente antelación.

Porque además, así debe ser. La realización de las PASO adelantó los tiempos a fines de junio, cuando deben presentarse todas las listas que competirán. Esto es: faltan apenas diez meses, menos de un año, para resolver los nombres de quienes se jugarán a suerte y verdad. Un tiempo si se quiere exiguo para instalar un candidato. Así que, reiteramos: los que dicen que no están pensando en eso, mienten.

El gobierno, que para muchos se juega su destino en las próximas elecciones, ya ha pedido a los referentes de todos los distritos la elaboración de un listado de posibles candidatos. Eso se llama previsión, aunque los exagerados podrán hablar de instinto de supervivencia. Y no está mal. En el caso de Cambiemos, una mala elección no acortará necesariamente su mandato constitucional, pero sería una combinación letal para esta administración y transformaría el lapso posterior hasta 2019 en una travesía tortuosa. ¿Acaso el kirchnerismo no perdió dos de sus tres elecciones de medio término? Sí, pero ganó la primera, lo que le permitió consolidar poder y cantidad de legisladores propios; además ganó los comicios posteriores, con lo que consiguió mayoría en ambas cámaras, y las derrotas siguientes no lo dejaron desarropado en el Congreso.

Raúl Alfonsín ganó también su primera elección de medio término, y acabó yéndose seis meses antes. Pero en un mandato de seis años. Hoy -reforma constitucional mediante- las gestiones son de cuatro años y las primeras legislativas, claves. Que le pregunten sino a Fernando de la Rúa: ganó la presidencia con el 48% de los votos, pero cuando perdió las legislativas -en la provincia de Buenos Aires el PJ sacó el 37,36%, contra el 15,35 de la Alianza, once diputados más-, ya no tuvo aire para recomponerse.

En el gobierno son optimistas. Como el año pasado, descuentan que los mejores resultados los obtendrán en los distritos grandes, y auguran que el handicap de tener el poder les asegurará unos puntos más en distritos generalmente adversos. Confían ganar en provincias donde les va mejor en las legislativas que cuando se eligen gobernadores, pero admiten que cualquiera sea el resultado, los titulares del día siguiente a la elección serán sobre el resultado en la provincia de Buenos Aires. Y allí cuentan con la figura de mayor imagen, la gobernadora María Eugenia Vidal, que no puede ser candidata, pero se pondrá la campaña al hombro.


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Además de diputados, el año que viene allí se eligen senadores nacionales. Y ese último cargo será la vedette de la elección, el que debe traccionar la lista. Cambiemos no tiene una figura convocante; sí muchos nombres en danza. El que quiere competir y cuenta con la venia de la gobernadora, con la que dicen que hubo un acuerdo explícito cuando él bajó su candidatura a gobernador, es Jorge Macri. Intendente de Vicente López y presidente del Grupo Bapro, cargo que lo habilita para recorrer periódicamente la provincia, cuenta como contra un bajo nivel de conocimiento público y, sobre todo, la bolilla negra de Elisa Carrió, quien quiere ser candidata a senadora de Cambiemos. Una fórmula que los junte es por ahora impensable, pero en Cambiemos piensan en ella para competir una vez más en Capital Federal, sobre todo para neutralizar a las huestes de Martín Lousteau, líder de ECO, agrupación que justamente integra la CC de Lilita. A favor de Macri está el apellido, los medios para instalarse y el tiempo para hacerlo.

Hay otros nombres, comenzando por el ministro de Educación, Esteban Bullrich. Desde su entorno adelantaron que seguirá al frente de la cartera, pero su presencia bonaerense durante el timbreo del sábado pasado reflotó la idea de que, de ser necesario, saldrá a la cancha.

En busca de otros nombres notables, surge el del neurólogo Facundo Manes, un hombre cercano a Ernesto Sanz. Y el de Margarita Stolbizer, hoy más cercana a Sergio Massa, pero de muy buena sintonía con Mariú Vidal. Y si no juega en la provincia su archirrival Carrió...

Pero como dijimos, la líder del GEN está hoy al lado del tigrense, quien se ilusiona con que Margarita juegue de su lado y le reserva la senaduría. ¿En qué lugar? Si él es candidato, ella iría segunda, con lo que solo una victoria le aseguraría un lugar en la Cámara alta. ¿Y si él encabezara la lista para diputados, y ella la del Senado? Sería una combinación muy potente, pero difícilmente el ex candidato presidencial resignara protagonismo compitiendo para el mismo cargo que hoy tiene, cuando todos los ojos estarán puestos en la pelea para el Senado.

En rigor, una fuente muy cercana al tigrense aseguró a este medio que no será candidato el próximo año. Alguien de su entorno político lo había sugerido también a este medio hace dos meses, argumentando que el perfil de Massa no es el legislativo, sino el ejecutivo, y en el primero se desdibuja. Otros, como Felipe Solá -quien también debe renovar su banca-, quieren que sea candidato. Pero muy cerca de Massa dijeron a DIARIO POPULAR que eso no sucederá.

Otro axioma de la política sostiene que todo candidato con aspiraciones debe validarse en las elecciones previas. Pero el "sin 2017, no hay 2019", no corre para Massa, quien ya fue candidato presidencial en 2015 y salió airoso. Habría que sumarle también el factor desgaste: Massa compitió consecutivamente en las últimas seis elecciones.

Pero aparte del desgaste, está el problema de la interna sin resolver del PJ. Como no piensa volver al partido por ahora, ni armar un frente el próximo año, la oferta de dos alternativas peronistas conspirará contra las aspiraciones de Massa, para beneplácito del macrismo, que apuesta a ese escenario. Por eso nada le garantiza a Massa el éxito, siendo que una derrota lo haría rifar parte de sus aspiraciones para 2019.

Y por último, está el factor Cristina Kirchner, que si bien insiste en que no quiere conducir, sino ser "una simple militante", está recorriendo la provincia a modo de testeo. Los kirchneristas insisten en que el territorio bonaerense es donde la ex presidenta es más fuerte, pero sugieren que cuenta con un 30% de los votos, que el resto considera exagerada. El gobierno sueña con una candidatura de CFK, que sirva para confrontar modelos y, a su vez, limar los votos del Frente Renovador.

Con ese panorama, que los dirigentes de todos los partidos analizan diariamente, no queda más que sonreír cuando se insiste con eso de que "todavía es prematuro para hablar de candidaturas".

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