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Política
31 | 08 | 2016
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El objetivo es condicionar y lograr desgastar al gobierno

José Di Mauro
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Por José Di Mauro


“Unidad contra el gobierno” es una de las consignas que enarbolan sectores que reconocen buscar debilitar al gobierno. “Durante 12 años nuestra principal herramienta fue el Estado. Ahora es la calle”, dicen.

El objetivo es condicionar y lograr desgastar al gobierno
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Dos gustos se dio Cristina Kirchner al dejar el poder: uno discutible y polémico, el no ponerle la banda presidencial a su sucesor; el otro, inobjetable, ser despedida por una verdadera multitud en la Plaza.

Con esos dos gestos marcó un diagnóstico de su pensamiento respecto de la coyuntura y los tiempos por venir. Se iba con la certeza de quien quedaba en su lugar era un inquilino del poder que no daba la talla y al que no se había dignado a legitimar ya no con el traspaso formal de los atributos presidenciales, sino siquiera con una foto; y sobre todo con la convicción de que las multitudes estaban reservadas solo para ella.

Fue la razón por la que decidió que al volver a Buenos Aires, pasado el verano, pidiera que le organizaran una movilización, tan acostumbrada a ello estaba después de dos mandatos presidenciales. Aunque el lugar no fuera el ideal -frente a los Tribunales de Comodoro Py-, pero bien valía como señal desafiante.

Sin embargo ese día no convocó a la multitud que el kirchnerismo auguraba -200 mil almas, mínimo-, aunque hay que reconocer que ese día el tiempo no acompañó; como tampoco lo hizo en la reciente Marcha de la Resistencia, jaqueada el segundo día por un temporal, pero cuyo resultado dejó al kirchnerismo duro rozando el papelón.

Con todo, sería un error concluir que la capacidad de convocatoria del kirchnerismo está en franco deterioro. Por el contrario, es el activo más importante que le queda a un movimiento popular que supo generar fanatismo, mas no descendencia. La calle es el punto fuerte del que se vanaglorian, y así quisieron hacerlo notar ni bien dejaron el poder. Recordemos que al cumplir Mauricio Macri su primera semana en el gobierno, el kirchnerismo organizó una movilización en su contra. En principio la habían convocado en defensa de la Ley de Medios, pero sobre la marcha incluyeron reclamos por las primeras medidas del flamante presidente, con la designación de jueces por decreto como gran disparador, lo que les sirvió enarbolar la consigna: "En defensa de la democracia y la división de poderes". Con el sabor del poder todavía fresco, esa movilización fue multitudinaria, y así siguieron, con el sueño de potenciar las "plazas militantes" contra el nuevo gobierno.


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Las adversidades judiciales deterioraron fuertemente al kirchnerismo, pero potenciaron su beligerancia. Si bien recién en los últimos días desde el gobierno salieron a alertar sobre una intención manifiesta de ciertos sectores vinculados a los K de buscar "que Macri no termine su mandato", hace rato que llaman la atención actitudes en esa dirección. Y no necesariamente de sectores marginales, pues figuras de la oposición suelen sumarse al denominado "club del helicóptero", que caracteriza a quienes ironizan -¿se ilusionan?- con una salida precipitada de quienes hoy "ocupan" el lugar que ellos momentáneamente dejaron.

Hoy son muchos los que se muestran alarmados por una escalada desestabilizadora, acicateada por una economía en crisis, pero lo cierto es que un botón de muestra se vio a fines de mayo pasado, cuando sectores ultra K se reunieron en Avellaneda, en un acto que mostró del brazo a sectores kirchneristas duros con ex militantes trotskistas.

En la previa a la inauguración del edificio "Cristina Kirchner", en esa localidad del sur del Conurbano, Luis D'Elía, Andrés "Cuervo" Larroque y el intendente Jorge Ferraresi encabezaron un acto en un local partidario de la Tendencia Piquetera Revolucionaria, donde se debatió sobre el "Frente Ciudadano" que acababa de convocar la ex presidenta, sobre "el PJ de los traidores" y, principalmente, sobre armar "un frente único anti-Macri". En ese ámbito se habló de trabajar para "que Macri se vaya".

Sin ese tono desestabilizante, un dirigente porteño de reconocida militancia cristinista, pero con origen peronista, dio a este medio por esos días su interpretación del mensaje de la ex presidenta: "El Frente Ciudadano en realidad no debe ser tomado como una herramienta electoral (...) El Frente Ciudadano son los universitarios marchando por el desfinanciamiento de las universidades, pero también son las cinco centrales sindicales protestando contra los despidos". Conforme ese razonamiento, el Frente Ciudadano debería capitalizar toda protesta contra el gobierno. Por ahí anda la cosa...

Tal beligerancia no es monopolio del kirchnerismo duro, hoy más bien reducido. Un sector más amplio, que se reconoce kirchnerista pero más cercano al Partido Justicialista y por ende alejado de Cristina, sugiere hacer causa común con los movimientos sociales y desde allí "tomar las calles". Según pudo verificar este medio a partir del diálogo con un referente de estos sectores que detalló el plan de acción que allí manejan, el camino se resume en la siguiente frase: "Unidad contra el gobierno".

"El camino es la unidad y la unidad en la calle. El objetivo es enfrentar al gobierno", sintetizó el dirigente, aunque se apresuró luego a meterse en una zona gris aclarando que todo debe estar "dentro de la institucionalidad". Dio detalles: "No podemos ir al abismo, sino esto es Grecia...", dijo, sugiriendo que no debían darle al gobierno argumentos para victimizarse, "sino van a ganar ellos". En ese marco, tomó distancia de la protesta de la semana pasada de la Corriente Aníbal Verón en la autopista Buenos Aires-La Plata, que consideró funcional al gobierno.

"El camino que planteamos es la unidad en acción, articulación con movimientos sociales, porque esto se va a definir en la calle", insistió, para luego volver sobre sus pasos respecto del respeto a la institucionalidad: "El deseo de uno es que las cosas sean mañana...".

Miembro de la CGT unificada, más sin ocupar ninguna secretaría, el secretario general de uno de los gremios que la integra se mostró cercano a la postura del dirigente bancario Sergio Palazzo, que abandonó el Congreso de la CGT dando un portazo reclamando un paro general y un plan de lucha. Sin embargo, lo criticó por haberse ido, al insistir con la necesidad de unidad. Y se ilusionó con un paro a mediano plazo: "Hoy los conflictos están dispersos, pero todos los conflictos se parecen y cuando llegue la huelga general todos se van a unir". A su juicio, "estos parecen los tiempos de Ubaldini", aunque lamentó que "no tenemos un Saúl Ubaldini", y agregó que "para enfrentarse con este gobierno se necesita una figura".

Tras aclarar que "el futuro es incierto, no sabemos qué va a pasar en dos meses", advirtió que "si logramos condicionar a este gobierno, el candidato va a salir de la calle. El futuro está en la calle".

Cercano a los movimientos sociales y militante de una de las organizaciones a las que más atención le presta el gobierno, el dirigente sindical reconoció que tanto la administración nacional, como la bonaerense les están dando recursos a las mismas, cosa que consideró lógica para la propia supervivencia del gobierno. Resumió entonces otra consigna: "Hay que estar en la calle y sacarles recursos, para cuando llegue una nueva etapa". En ese sentido admiten que "durante 12 años nuestra principal herramienta fue el Estado. Ahora es la calle".

"El objetivo es ser funcionales a la unidad con los movimientos sociales, y ayudar a construir esa unidad", apuntó luego. ¿Y qué papel juega la ex presidenta? Añoran los últimos 12 años, le reconocen a ella su liderazgo, pero toman distancia porque "debemos evitar quedar estigmatizados con Cristina. Hoy no coincide nuestra estrategia con la de ella, ni con sus tiempos". Recordó que ella no quería la unidad del movimiento obrero, ni tampoco comulga con el PJ, y agregó: "Ella puede decir lo que quiera, pero no así el que tiene responsabilidades. Y mi responsabilidad es generar las condiciones para ver cómo enfrentamos esta situación". Aclaró que "hay que dejarla", pero luego habló en tiempo pasado: "Era la mejor jugadora que teníamos".


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Luego volvió sobre el gobierno y las necesidades propias. "Nosotros necesitamos los recursos del Estado -dijo-. Y ellos tienen que poner guita, porque si no les estalla la Argentina", y encolumnó esa estrategia en "el estilo que instaló Vandor: apurar para conseguir recursos".

No obstante, no quiso limitar sus reclamos a una cuestión de recursos, sino que el principal objetivo reclamado es el del trabajo: "El trabajo tiene que ser ordenador".

El dirigente sindical recordó haber participado hace algunos meses en un corte de la Autopista del Oeste para reclamar por Milagro Sala, y que en esa oportunidad lo llamaron porque mientras protestaba ante las cámaras de TV, en el ministerio estaban acordando beneficios para su gremio. Con orgullo, recordó haberse quedado en el corte: "Voy a estar de un lado y del otro, porque las condiciones dan. Puedo cortar la ruta y después entrar la Casa Rosada". Lo dijo como si marcara otro signo de debilidad del gobierno.

Luego resumió el pensamiento imperante en la oposición más dura: "Si va contra Macri, el enemigo de mi enemigo es mi amigo". Muy parecido a la consigna de Luis D'Elía y su partido Miles, que luego desmintió.

Al concluir, el referente admitió las carencias de la oposición en cuanto a la falta de un dirigente peronista que los aglutine -rechazan a Sergio Massa-. Y cuando hablan de liderazgos, la referencia termina siendo el Santo Padre. "El gran jugador es el Papa Francisco. El nos muestra el camino. El habla de la unidad y reivindica a los trabajadores como quienes pueden cambiar todo". Alguien apuntó: "Lástima que no puede ser candidato".

De nuevo con los pies en la tierra el dirigente kirchnerista reconoció que "para esta elección no llegamos", el objetivo será entonces 2019. Pero se conforma: "Si logramos debilitar a este gobierno, no van a poder con el peronismo".

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