domingo 22.01.2017 - Actualizado hace
Internacionales
31 | 12 | 2016
Imprimir
Agrandar
Reducir

2016, el año que marcó el cambio de rumbo en la región

Matías Quercia
0
Comentarios
Por Matías Quercia


Con el triunfo de Macri y la destitución de Dilma en Brasil, las dos principales potencias de la región se volcaron al neoliberalismo. La expectativa que genera la próxima asunción de Donald Trump.

2016, el año que marcó el cambio de rumbo en la región
Foto:

Con el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos y el quiebre que significó el Brexit en Europa como principales eslabones, el mundo brinda señales de un cambio de aire en el plano geopolítico durante 2016. Sudamérica, inmersa en el sistema, no es la excepción a la regla y acentuó a lo largo de los meses un viraje que parece empezar a dejar atrás aquel denominado Socialismo del Siglo XXI consolidado con diferentes gobiernos progresistas hace una década y media.

Ese bloque continental, que se autoreferenciaba como el elemento central para conseguir la construcción de una Patria Grande, fue multiplicando ejemplos para corroborar su debilitamiento con distintas fórmulas, ya sea una estrictamente electoral, como la victoria de Mauricio Macri en Argentina a fines de 2015, o parlamentaria, como el juicio político iniciado a mediados de año a Dilma Rousselff en Brasil que la alejó de la presidencia.

Así la situación, a sabiendas de la complejidad económica y social latinoamericana, sin caer en determinismos que ubicarían, con simpleza, de un bando o del otro a los protagonistas que actualmente están en escena, se observa  un movimiento tendiente a abrir un nuevo capítulo en la región.

El conflicto que se sostiene en el Mercosur, con la pretensión de separar a Venezuela del esquema, aduciendo que no respeta la carta democrática establecida, es la pauta más reciente de esa sensación, en medio de una crisis institucional de envergadura que atraviesa, justamente, el país bolivariano.

Ahora bien, ¿cuáles son las razones de este cambio de aire que supone dar un nuevo semblante al continente? ¿Por qué el agotamiento de la estructura precedente? Entre los factores se podría ubicar en un primer plano la cuestión económica, con los precios internacionales de los comodities como base para explicar el bajón pronunciado en los últimos años, profundizado por la crisis a nivel global de 2008.

Si el foco se ubica en Venezuela, siendo la principal reserva mundial de petróleo, el saldo positivo de un barril a más de 140 dólares le brindó durante un largo periodo una recaudación notable que lo erigía como un motor fundamental tanto en el centro como en el sur de América. A tal magnitud que, incluso, fue clave para respaldar las finanzas de Cuba, dada la relación entre Fidel Castro y Hugo Chávez. Sin embargo, esa bonanza se fue reduciendo hasta encontrar un piso de 40 dólares, algo que quebrantó el circuito económico estipulado y comenzó a encontrar fallas imposibles de solventar, explicación lógica para el drama interno que vive al no contar con una industria diversificada, sino más bien, con las satisfacciones que remarca ese "oro negro".

LEA MÁS:

      Embed
Destituyeron a Dilma Rousseff como presidenta de Brasil

El impeachment a la mandataria llegó a su último día sin cambios en la tendencia que, finalmente, la dejó afuera del gobierno. Por 61 votos a 20, el Senado resolvió destituirla.


Algo similar ocurrió en otros terrenos con productos agropecuarios como la soja, que, dadas las circunstancias internacionales, primero elevaron su precio a cifras siderales, y luego bajaron de forma estrepitosa, razón por la cual, aquel crecimiento a tasas superlativas mermó e hizo eclosión en el andamiaje político y social.

Los recursos naturales, entonces, como sucedió prácticamente en toda su historia, con las respectivas ventajas comparativas, fueron elemento vital para aquel florecimiento de la década pasada tras un fin de siglo XX marcado por los problemas que arrastraba la oleada neoliberal, con sus piezas puestas en cuestionamiento por gran parte de la sociedad.

Allí surge a la vista otro ítem que dio oportunidad para el auge de ese socialismo renovado y que actualmente se encuentra en franco declive. Se trata de la idea de responder a la crisis previa que allanó el camino para la aparición en escena de diferentes líderes carismáticos, con Chávez a la cabeza desde 1999 y al que se le fueron sumando otros hombres y mujeres de similar raigambre como Lula Da Silva y Rousselff en Brasil, o Néstor y Cristina Kirchner en Argentina, o Evo Morales y su pilar indigenista en Bolivia, o Rafael Correa en Ecuador, entre otros.

La premisa radicaba en confeccionar un flamante orden para abroquelar al continente, con el progresismo como horizonte, y la expectativa de satisfacer necesidades de una gran porción de la población que había sido dejada de lado por el sistema en los años anteriores. Así fue como, si bien con falencias de relevancia, con una óptima recaudación se avanzó en políticas para achicar la brecha de desigualdad. El ejemplo más emblemático está en los millones de pobres que dieron un salto de calidad en Brasil.

Con un Estado fortalecido en cada uno de los países, se puso en consideración una bonanza que contrarrestaba los dramas vividos por un gran caudal de personas en el siglo pasado. Desde esa idea se cuestionó a las autoridades previas y, a su vez, se intentó generar un ambiente para construir esa denominada Patria Grande,  pregón de las luchas por la independencia de los próceres de hace 200 años. El "No" al Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) en noviembre de 2005, en Mar del Plata, para romper un tratado que ponía, una vez más, en el centro de la escena a Estados Unidos como regidor de las reglas económicas, fue, posiblemente, el momento de mayor vigor en pos de ese discurso que tenía, justamente, el cuestionamiento a Norteamérica como pilar. Y así se habilitó lo que luego sería la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), organización política que pretendía darle un marco institucional a las directivas de la región.

LEA MÁS:
      Embed
Maduro atacó a Macri: “Cobarde, oligarca, ladrón”

En Venezuela, el mandatario acusó a su par argentino de mandar a “agredir” a la canciller venezolana, Delcy Rodríguez, el miércoles pasado en Buenos Aires


Ese enfrentamiento se extendió en el tiempo y contó con varias idas y vueltas, aunque siempre con la pauta de darle a la principal potencia mundial un mote negativo, algo que hoy se empieza a disolver: en primer término porque no está en el poder George Bush, aquel presidente que figuró en el encuentro en la costa atlántica, el "mister Danger", al decir de Chávez; y después por el enfriamiento en la relación, con Barack Obama al frente, más preocupado por la situación en Medio Oriente y Europa que en Latinoamérica, aunque impulsor, ya en el final de su ciclo, de una flexibilización en el bloqueo a Cuba, algo que mengua el discurso antiimperialista.

Hoy, con Trump a punto de tomar las riendas, se aguarda por un cambio de paradigma, ayudado por los vientos nuevos en Sudamérica que impulsaron modificaciones en distintos sectores y que debilitaron aquella estructura supranacional,  antaño positiva para responder, por caso, con sanciones a Paraguay en medio de un problema interno que derivó en la salida de Fernando Lugo, siendo reemplazado por Horacio Cartes. Pero que ahora, como elemento continental, no encuentra un rumbo fijo para diseñar sus políticas.

¿Por qué esa pérdida de fortaleza? Las denuncias de corrupción hicieron mella en cada sector. El eco más fuerte se estableció en Brasil, con la denominada Operación Lava Jato, la investigación sobre lavado de dinero más grande de la historia en ese país. Se lanzó en 2014 para averiguar sobre un proceso que, supuestamente, manejaba miles de millones de reales, y todavía hoy hace ruido en el plano político y empresarial, manchando no sólo a Rousselff, alejada del poder tras un "impeachment", sino también a su padrino y figura trascendental, Lula Da Silva.

En Venezuela, sumida en una grave crisis que toca prácticamente todos los puntos, sucede algo similar con la intención de la Mesa Democrática de habilitar una sanción a Nicolás Maduro, sucesor de Chávez tras su muerte. A tal magnitud el drama que muchos prevén un panorama asemejado a una guerra civil.

En Chile, en tanto, Michelle Bachellet debió promover un gran cambio en su gabinete para evitar inconvenientes de desprestigio, en torno a una figura que comienza a perder la popularidad que había certificado en otros momentos.

Todas esas cuestiones sirven de muestra para evidenciar una sensación de cambio que allanó el terreno para derrotas electorales de ese progresismo que en otra época parecía imbatible. En ese interín hay que posarse en lo que ocurrió en el vecino del norte, Bolivia, pues Evo Morales puso en la palestra la opción de extender su mandato, pero el referéndum le fue esquivo a principios de año y no se podrá presentar a una nueva elección.

Esa negativa electoral condiciona y hace percibir cierto agotamiento de un sistema que tuvo una vigencia extendida de más de 15 años y ahora observa cómo pierde fuerza. Sin embargo, ese capital político confeccionado dejó una huella en gran parte de la población. No por nada es el propio Lula Da Silva, salpicado por los hechos de corrupción, quien en las encuestas se posa como principal candidato a ser presidente en 2018. O en Uruguay continúa la saga del Frente Amplio de la mano de Tabaré Vázquez y José Mujica, con un Producto Bruto Interno que crece desde hace rato, ininterrumpidamente.

Pues bien, el tiempo dirá qué rumbo tomará el continente en medio de un mundo que el 2016 convulsionó en cada uno de los rincones. Y Latinoamérica, obviamente, no fue la excepción.

      Embed

Comentarios Facebook