A los de Maravilla, Maidana, Tyson, Holyfield, ahora se les sumó Lucas Matthysse, en esta avalancha de regresos, o pretensiones de hacerlo, todos púgiles que han ganado máximas fortunas. ¿Qué los mueve? ¿Qué es lo que verdaderamente hay detrás del regreso –a veces absurdo- de cada boxeador?

Hace poco se conoció la información de que Mike Tyson está entrenando con la intención de volver a los rings, a sus 53 años, con el objetivo de hacer “peleas solidarias” -¿solidarias para quién?- en principio contra seudos púgiles, que en realidad son ex rugbiers australianos que incursionaron en el boxeo (NdeR: Sony Bill Williams, de 34 años, estrella de los All Blacks, de 7-0-0, 3 KO, con última pelea en 2015; o Paul Gallen, 9-0-1, 5 KO, en actividad a sus 38 años).

En estos días resonó la vuelta también de Evander Holyfield, su archirrival de una oreja y media, que a sus 57 años busca –casualmente- lo mismo que Tyson: reaparecer para hacer “peleas solidarias”, algo absurdo de creer, ya que sin ir más lejos, a Tyson le ofrecieron 1 millón de dólares.

Imposible no imaginar una tercera pelea entre ellos, que sería lo que la gente querría ver. E imposible pensarlo como “boxeo serio”, por razones obvias, aunque sí como espectáculo, show, o como quiera llamarse. De la seriedad y credibilidad del mismo dependerá que estas prácticas prosperen o no.

Sería algo así como lo que estaba tramando el Chino Maidana contra Jorge “Acero” Cali, que se frustró por la cuarentena.

Pero ahora sonó en el boxeo argentino otro atisbo de vuelta, ésta sí inesperada, que se agrega a la que también pretende Maravilla Martínez.

Se trata de Lucas Matthysse, quien a los 37 años confesó en una nota vía Instagram realizada por el colega Andrés Mooney de “A la vera del ring”, que si Golden Boy Promotions, o Mario Arano –su ex mánager- lo llaman para una pelea, él está listo.

“Si me llaman para volver, me preparo y peleo, aunque en un momento quise tirar todo a la mierda. Pero nunca dejé de entrenar. Estoy en 78/80 kg.”, confesó un Matthysse locuaz y barbudo, de un año sin afeitarse.

Extraño en él, siempre de pocas palabras y monosilábico, la soltura con que conversó en la rica entrevista, pero contradictorio de principio a fin en sus motivaciones para el regreso, ya que dijo que no era por la plata porque guardó e invirtió bien lo ganado, pero que tiene que ser ante “alguien importante” y “que valga la pena económicamente”. ¿Entonces en qué quedamos?

“Si me ofrecen algo y me dan tiempo, acá estamos”, dijo. Y acotó que “es por las ganas de pelear, creo yo”. Pero luego agregó: “una pelea buena, una pelea grande. Ojalá que lo de Amir Khan cierre. Una pelea grande, pelear afuera, porque acá en Argentina está muy complicado el boxeo y cómo les pagan a los boxeadores”.

No más preguntas, señor juez. A confesión de partes…

Matthysse, Maidana, Maravilla, Tyson, Holyfield, Mayweather (otro que también está entrenando y parece que ”vuelve”) y hasta Muhammad Alí (si viviera), tienen derecho a volver a pelear si quisieran, y si los aprueba una autoridad médica y deportiva, siempre y cuando le den OK los requisitos reglamentarios. Pero ojo: eso no significa que volverían a pelear por un título mundial.

De allí a cómo lo hagan y por cuáles motivos, es una incógnita, que tampoco hace falta aclarar si uno no quiere. ¿Pero por qué mentir? ¿Por qué disfrazar las razones, o no reconocer la real, que es la económica y salta a la vista?

No significaría que estén en la ruina. Mayweather no lo está y pretende reaparecer. Hay cierto tabú histórico con eso. Está mal visto volver por la plata.

Pero puede haber más de una razón, y no ser solamente económica, aunque sí la excluyente. Puede ser por figuración, ego, nostalgias, o para sentirse vivos, máxime cuando estos retiros son prematuros. ¿Por qué entonces esos retiros?

A decir verdad, el único que volvió por amor verdadero al boxeo fue la Hiena Barrios, casi sin repercusión. Y fue con cualquiera, por lo que sea, a lo que sea. Los demás tienen otros objetivos, no tan emparentados con el amor, sino con su identidad. No es mejor, ni peor.

Ven que no tienen sucesores, que los que hay son low cost, o segundas marcas, y eso los proyecta automática e imaginariamente hacia el ring. Eso es ego, más que gloria. Es querer demostrar ser más que lo que hay hoy, tomando como parámetro su imagen pasada. E ignoran que aunque ganen peleas, o puedan pelear, siempre perderán ante sí mismos, porque en el ojo y la mente del espectador siempre serán comparados con “aquellos”, como si el tiempo no hubiese pasado. Y el tiempo pasa.

Por eso el Gran Jack Dempsey lo advirtió hace alrededor de un siglo y profesó su famosa frase: “Never come back” (nunca se vuelve).

Todo esto, no obstante, está pensado para no antes de fin de año, y en algún caso para el año próximo, según el propio Matthysse.

Pero ante la escasez general, seguro volveremos a ver a los Maidana, Matthysse, ¿Maravilla?, Tyson, Holyfield, Mayweather, entre otros, algunos como atracción en redes sociales o plataformas digitales, otros –como acá- quizás por algún streaming, si es que la TV tradicional se abstiene por recomendación de la FAB.

¿Habilitará a Lucas la FAB? Ah, por las dudas, y para descartar suspicacias, éste rechazó de plano una pelea ante su amigo, El Chino. Eso sí fue lo único que quedó afuera del paquete.

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