
El gobierno de Lula da Silva confirmó que dejará de representar los intereses argentinos en Venezuela, una función que asumía desde 2024 tras la expulsión de los diplomáticos de Buenos Aires.
El gobierno de Brasil confirmó que dejará de ejercer la custodia de la Embajada argentina en Caracas y de representar los intereses de Buenos Aires ante el régimen venezolano.
La decisión, comunicada oficialmente a la Cancillería argentina, marca un nuevo punto de tensión en la relación bilateral entre las administraciones de Luiz Inácio Lula da Silva y Javier Milei, y obliga a la Argentina a encontrar con urgencia un nuevo país que asuma esa función diplomática.
Brasil había asumido la representación argentina en agosto de 2024, luego de que el gobierno de Nicolás Maduro expulsara a los diplomáticos argentinos en respuesta a la postura crítica de Milei tras las elecciones presidenciales venezolanas, cuyo resultado fue ampliamente cuestionado por la comunidad internacional. Desde entonces, la bandera brasileña flameó en la sede argentina del barrio caraqueño de Las Mercedes, garantizando la inviolabilidad del edificio y la protección de los intereses nacionales.
Según fuentes del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, la salida responde a una “reorganización técnica” del trabajo diplomático en el nuevo contexto político venezolano, ahora bajo el liderazgo de la presidenta encargada Delcy Rodríguez.
No obstante, en la Casa Rosada interpretan la medida como el desenlace de un creciente malestar en Brasilia por una serie de gestos políticos del gobierno argentino.
Entre los factores que aceleraron la decisión se menciona un posteo del presidente Milei en la red social X, en el que celebró la presión del expresidente estadounidense Donald Trump para “liberar” a Venezuela, acompañado por una imagen de Lula abrazando a Maduro. En Brasil, el mensaje fue leído como una provocación directa. A esto se suman las diferencias de fondo en política exterior: mientras Brasil integra un bloque regional que rechaza cualquier intervención militar de Estados Unidos en América Latina, la Argentina de Milei respalda abiertamente la estrategia de Washington.
También pesaron los vínculos del presidente argentino con el bolsonarismo. La cercanía con la familia de Jair Bolsonaro y la reciente participación de Milei en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) realizada en Brasil profundizaron la incomodidad del gobierno de Lula, que mantiene una relación tirante con la derecha regional.
Uno de los aspectos más sensibles de la representación brasileña fue la custodia de la residencia oficial argentina, donde permanecieron asilados durante más de un año cinco dirigentes opositores venezolanos vinculados a María Corina Machado.
Los refugiados fueron extraídos del país en mayo de 2025 en un operativo encabezado por Estados Unidos, pero el inmueble sigue requiriendo protección soberana para evitar saqueos o eventuales expropiaciones.
Ante la salida de Brasil, en la Casa Rosada ya evalúan alternativas. Fuentes oficiales señalan que Italia aparece como el principal candidato para asumir la representación argentina en Caracas, en línea con la afinidad política y personal entre Milei y la primera ministra Giorgia Meloni. De concretarse, el movimiento reforzaría el eje Roma–Buenos Aires–Washington que el Gobierno argentino busca consolidar en la región.
Desde el oficialismo, la reacción fue escueta. “Es una decisión de Brasil. No nos extraña viniendo de Lula”, deslizó un funcionario con despacho en Balcarce 50. Se espera que en las próximas horas la Cancillería emita un comunicado formal para detallar los pasos a seguir y confirmar si Italia será finalmente el nuevo custodio de los intereses argentinos en Venezuela.