Se cumplen hoy 30 años de la muerte de Ray Sugar Robinson, el padre del boxeo moderno, y para muchos, el mejor boxeador de todos los tiempos. Fue el precursor de muchas cosas, pero por sobre todo, el primero en mostrar que se podía bailar sobre un ring, y que el boxeo bien ejecutado, es el deporte más bello del mundo

Nació bajo el nombre de Walker Smith Jr, el 3 de mayo de 1921, poco después de la 1ª Guerra Mundial, quizás en Ailey, Giorgia (como dice su documento), quizás en Detroit, Michigan (como decía él).

Pero todos lo conocieron como Sugar Ray Robinson, para muchos, el mejor boxeador libra por libra de todos los tiempos.

Tal fue su impronta, que este abstracto título honorífico (el libra por libra), que no tiene lógica ni ránking oficial, se creó gracias a él a través de comentaristas deportivos, en una época donde el único respetado y considerado como el hombre más fuerte de la tierra era el campeón mundial de los pesados.

Sugar Ray Robinson

Robinson puso en jaque el reinado de los pesados con su depurado estilo, su impresionante destreza y elegancia, y su precisión cirujana en velocidad para demoler rivales, e inspiró la comparación entre todos los púgiles a igualdad de peso.

“Alguien dijo una vez que eran parecidos Sugar Ray Leonard y Sugar Ray Robinson. Créanme, no hay comparación. Ray Robinson fue el más grande”. (Sugar Ray Leonard).

“El rey, el maestro, mi ídolo”. (Muhammad Ali, sobre Robinson).

Pero Robinson idolatraba a Henrry Armstrong –a quien luego venció por puntos en el ’43, sobre el final de su carrera- y a Joe Louis –con quien convivió en el mismo bloque de Detroit a los 11 años, cuando Louis tenía 17-.

Hijo menor de tres hermanos donde las otras dos eran mujeres (Marie y Evelyn), a los 12 años depuso su idea de ser doctor para dedicarse al boxeo. Fue entonces que a los 14 quiso entrar a su primer torneo, cuyo requisito era tener un carnet que sólo se conseguía a partir de los 16.

La regla no iba a detenerlo y para burlarla se lo pidió a su amigo, de nombre Ray Robinson, nombre que el destino quiso que lo acompañe por el resto de su vida.

El “Sugar” se lo adosó su futuro entrenador (George Gainford) quien al verlo boxear comentó: “es dulce como el azúcar”, adjetivo que denota placer.

Sugar Ray Robinson

Por lo tanto en poco tiempo le quedó “Sugar” Ray Robinson, aunque a decir verdad, todo es un apodo, que muchos copiaron para sus carreras profesionales.

Robinson realizó una campaña amateur invicta de 85 peleas, todas ganadas, 69 antes del límite y 40 en el 1º round, y cuando pasó al profesionalismo, a los 19 años, a comienzos de la Segunda Guerra Mundial, ya estaba divorciado –se había casado a los 16- y tenía un hijo.

La revista The Ring, especializada en boxeo, en 1997 lo clasificó como el mejor boxeador libra por libra de la historia y en 1999 la agencia AP lo nombró como el mejor welter y mediano del siglo.

En 2003, The Ring lo rankeó 11º en la lista de los mejores pegadores de la historia y en 2007 ESPN realizó una encuesta de los 50 mayores boxeadores de todos los tiempos, en la cual Robinson fue consagrado como el Nº 1.

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Opinión | Bombas de tiempo

¿Cuáles fueron los argumentos tenidos en cuenta para tamaña condecoración pese al paso del tiempo, con tan pocas imágenes, sin redes sociales ni tanta parafernalia, ni casinos, ni veladas multimillonarias, al punto que en toda su carrera se calcula que ganó apenas 4 millones de dólares?

¿Por qué Robinson está considerado por los entendidos por encima de Leonard, Alí, Hagler, De la Hoya, Mayweather, etc?

El periodista Ernesto Cherquis Bialo, especialista en la materia, de extensa trayectoria y mayor edad con vida, explica el fenómeno. Y define a Robinson como sólo él podría hacerlo:

“Sugar Ray Robinson marca un quiebre del peleador hacia el boxeador que había insinuado Joe Louis, pero con movimientos más lentos como consecuencia del kilaje.

Joe Louis era un campeón mundial pesado, que atacaba siempre armado, era lento, pero tenía una enorme gama de disparos imprevistos, especialmente cuando llegaba a la zona del cuerpo a cuerpo.

En cambio Sugar Ray Robinson inaugura una escuela que se tornaría paradigmática con el tiempo. A la gente de estas generaciones, para saber quién fue Sugar Ray Robinson, se le podría decir que no hubiera habido un Sugar Ray Leonard, o no hubiera habido una enorme parte de Muhammad Alí, sin el boxeo de Sugar Ray Robinson.

Robinson era un boxeador elegante, esbelto, estéticamente bello, que tenía un fantástico manejo de la mano izquierda y volcaba la derecha con suma precisión ascendente o curva. Nunca estaba en la zona de toma de riesgo, pero nunca se negaba a pelear. Intentaba pelear boxeando, a diferencia de los peleadores, que no podían boxear peleando, ni podían pelear boxeando, es decir, él priorizaba los elementos de defensa, pero a diferencia de Nicolino Locche, tomaba distancia. Sustentaba en tres puntos la riqueza de un boxeo que marcó época, enamoró multitudes, y aunque no había TV, lo poco que se veía terminaba seduciendo.

Y estos tres factores fueron: el movimiento de las piernas en armonía con los brazos, la elección del sector del ring desde donde habría de maniobrar, y la precisión de los golpes cuando alcanzaba la distancia que más le convenía.

Fue un boxeador excepcional y podría decirse que el boxeo moderno comienza con Sugar Ray Robinson”.

Hay una anécdota además que pinta de cuerpo entero a Robinson, rescatada también por Cherquis, contada en exclusiva para este escriba:

“Para Robinson el manejo de la mano izquierda era imprescindible en un boxeador. Una vez, le preguntaron en una pelea menor –no recuerdo si con Archer, o con quién, pero no era muy significativa- qué hubiera pasado si se lesionaba la mano derecha. Y él contestó: “hubiera peleado con la izquierda”. ¿Y si se hubiera lesionado la mano izquierda? “Abandonaba la pelea, porque sin mano izquierda, no hay boxeo””.

Boxeador de 3 décadas casi enteras, ya que se retiró en el ’65, a los 44 años de edad, con un record de 174-19-6, 109 KO y apenas 1 derrota antes del límite. Fue campeón mundial welter y mediano varias veces.

Combatió por la corona mediopesado ante Joey Maxim, en su única caída antes del límite, por KOT 13, con una diferencia en contra de más de 7 kg.

Sus batallas más recordadas fueron contra Kid Gavilán, Bobo Olson (4 peleas), Gene Fullmer (perdió 2 veces, empató 1 y ganó 1), Carmen Basilio (ganó 1 y perdió 1), Rocky Graziano, Randolph Turpin (1 a 1), y Jack LaMotta, con quien perdió el invicto en su pelea 40, pero a quien venció en 5 ocasiones. Lo curioso es que jamás pudo derribarlo, mientras que en la que él perdió cayó, pese a perder por puntos.

Sugar Ray Robinson

Robinson concitaba la atención en nuestro país, no sólo por ser el más boxístico del cono Sur, sino porque su peso en su esplendor coincidía con el de las máximas figuras de estos lares, como el “Zurdo” Eduardo Lausse -que combatía en USA contra púgiles a los que enfrentaba Robinson-, Rafael Merentino, Ricardo Calicchio, o Pedro Cobas, verdaderas atracciones en el Luna Park hasta el advenimiento de Andrés Selpa.

Digamos que la categoría en la que Robinson militaba era la más emblemática en el boxeo argentino, porque para el biotipo occidental, los 72 kilos son mucho más arquetípicos que un pesado, un liviano, o un mosca.

De allí que la referencia obligaba a interesarse por quién era el campeón mundial en el peso donde destacaban nuestras figuras. Y el campeón era Robinson, un púgil respetado por los blancos porque era un negro distinguido. No era mota, pero era negro. Negro, pero no azul. Estético, y a partir de eso generaba placer verlo deslizarse sobre el ring.

La prensa estadounidense a través de las agencias noticiosas lo consagró. Y cuando la prensa estadounidense consagraba a alguien, lo hacía también la europea y por ende la de Sudamérica, especialmente la de papel.

Su talento fue importado por los principales países europeos desarrollados después de la guerra y se lo contrataba para pelear en Francia, Inglaterra, o Italia,

Pero aquí era La Cabalgata Deportiva Gillette, y los noticieros de los cines de la época, quienes pasaban imágenes de lo más destacado del deporte del mundo, y allí lo único que alternaba con el fútbol era el boxeo de los pesos pesados, y las peleas de Sugar Ray Robinson.

El interés por el boxeo comenzaba a llegar por televisión en la década del ’60, y Robinson fue la primera gran atracción de la historia en aquella TV paleozoica en Estados Unidos.

Fue cantante, bailarín de Tap, y el primero en incorporar un séquito a su alrededor que lo ayudaba para cualquier cosa, incluso silbar en sus entrenamientos para seguir el ritmo, o simplemente, para “disfrutar” un rato.

A los 67 años, un 12 de abril como hoy pero de 1989, en la extrema pobreza, falleció agobiado primero por la diabetes (era insulino dependiente) y luego por el Alzheimer. Curioso, lo único que no murió en él fue la memoria.

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