
Digan cuántos sabían que Soledad Matthysse iba a pelear el viernes pasado en Polonia frente a la local Ewa Brodnicka, por el título mundial superpluma de la OMB, antes del pesaje de la polémica.
Digan cuántos después del pesaje quisieron ver la pelea, que no se televisaba para nuestro país. Y digan cuántos conocían a Soledad Matthysse, la hermana mayor de Lucas.
Decimos “antes del pesaje de la polémica”, porque como todo el mundo sabe –incluso los no muy atentos al boxeo- allí se dio una situación extraña en la balanza, cuando la polaca le dio un “pico” en los labios a la Sole, y ésta reaccionó con una cachetada, que generó la respuesta de la polaca y las tuvieron que separar para que no comience allí el combate.
El boxeo femenino interesa poco y nada, y menos en el resto del mundo, máxime si no se trata de alguna esporádica figura que de tanto en tanto surge, incluyendo a nuestro país, pese a que es potencia en la materia.
Sin embrago este video se viralizó, y el viernes eran varios los que preguntaban por la pelea, que se desarrolló por la tarde argentina, y ganó la Brodnicka en fallo dividido (97-93, 96-94 y la otra para Soledad por 96-95), lo cual significa en lenguaje boxístico que probablemente la hayan “robado”, si es que en el boxeo femenino, carente de potencia y con apenas 2 minutos por round, a alguna pelea puede dársele esta denominación, salvo excepciones.
La primera reflexión es que, lo que falta no es interés, sino “promoción”, o al menos inteligencia para generarla.
Y uno no puede dejar de pensar en el boxeo masculino, en las pantomimas de los pesajes y las bravuconadas en las conferencias de prensa, que alguna vez habrán tenido raíz en algo verdadero, pero que luego popularizó el Gran Muhammad Alí, claro que en una sociedad mucho más ingenua, que creía en los Titanes en el Ring, o en los teleteatros, y que increpaba a los actores que encarnaban personajes malvados a la salida de los canales de TV o radio, según el caso.
En el boxeo masculino ya no causa más efecto, y hasta al revés, si algún día se da un conflicto en serio, la gente pensará que está preparado.
Esta vez, entre Matthysse y Brodnicka, se notó la veracidad, pero fíjense qué distinto: no fue un insulto, un grito, un empujón, o una trompada, sino un beso en la boca.
Claro, tal vez inmersa en una sociedad de mentalidad más abierta, para la polaca habrá sido algo “normal”, o cuanto menos, aceptado como un chiste, que hasta no dejó de ser un gesto de cariño. Para Matthysse, de otra cultura y costumbres, encima lejos de una Capital “grande” como Buenos Aires -nació en Rafaela, Santa Fe, y vive en Trelew-, fue una provocación imperdonable, un delito ético rayano a lo pecaminoso.
Al punto que una vez separadas, con un par de cambios menos, Matthysse hizo el gesto de que la polaca “estaba loca”. Y lo sigue pensando hasta con rencor.
Su reacción, por educación primaria, es recontra entendible. El gesto de Brodnicka, en otro contexto, con mentalidad más liberal, también. Incluso hasta debió haber sentido desprecio e ingratitud de la argentina.
¿Quién ganó en la pelea Soledad Matthysse vs Ewa Brodnicka?
Lo que es extraño, y sí inaceptable, fue la actitud de Matthysse al escuchar el fallo que la daba perdedora, por más injusto que fuere.
Brodnicka, que no tuvo la culpa de nada, y en una acción enaltecedora hasta fue a saludarla, ya no con un pico, sino con un abrazo, como una deportista, o más aún, como una dama. Y la Sole, que alguna vez aquí estuvo nominada como “Hidalguía Deportiva”, prácticamente le rehusó el saludo, lo hizo de mala gana diciendo que “no” con su dedo índice a todo el estadio, y lo que es peor, concluyendo con el gesto de “fack you”.
Inaceptable ante todo porque de más está decir que ella es la boxeadora, no la jueza. Y para la reprobación, de última está el público, o la prensa. Pero además, porque autoproclamarse ganador, es una falta ética y de educación. Y el aceptar el fallo es una regla deportiva, que no tiene ya nada de cultural ni de costumbre, sino que está escrita.
No sería de extrañar una revancha, ya sea en tierra polaca o argentina, aunque hoy la Sole promocionalmente está cuasi desprotegida, tras romper relaciones con su ex mánager Osvaldo Rivero.
Comercialmente la pelea hoy interesaría. Sería mucho más vendible que cualquier otra, aunque boxísticamente no dejara mucho. Sería una lástima no aprovechar esa veta.
Lo que no sería de extrañar es que de ahora en más las mujeres entren a los besos, o se agarren de cachetazos en los pesajes, desgarrando sus atuendos para las redes sociales. Es probable. Y hablaría más de nosotros mismos, de la sociedad, que de los actores de turno.