Ya está, aquel sueño que había arrancado en el sorteo de octavos de final, cuando se definieron las llaves, hoy es una realidad alucinante. Boca y River, por primera vez en la historia disputarán la final de la Copa Libertadores, a la que arribaron con argumentos sólidos, derribando a rivales de jerarquía. Y en ese camino, más allá de sus virtudes, también mostraron defectos, en una mezcla que hoy da para el análisis en las reales posibilidades de ambos equipos para quedarse con el trofeo.
Poniendo la lupa en línea por línea, River saca clara ventaja en el arco, con un Armani en un nivel excepcional contra todas las dudas que genera Rossi, quien si bien se mostró seguro en el último cruce ante Palmeiras todavía no ha logrado alejarse de las polémicas.
En defensa, la zaga central del millonario está consolidada con Maidana y Pinola, más dos laterales en buen nivel aunque sin tanta chapa como Montiel y Casco. Mientras que del lado de Boca el estandarte es Izquierdoz, quien desde su lllegada arregló muchos de los problemas que tenía en defensa. Magallán alterna buenas y malas, con dos acompañantes a los costados con rendimientos diferentes. Jara, de mayor rodaje aunque sin tantas garantías, y Olaza, que a fuerza de buenos rendimientos se ganó la titularidad por la izquierda.
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En el medio están cruzados en cuanto a cualidades y carencias. River tiene más juego con Pity Martínez, Quintero y Nacho Fernández, con dos mixtos en la marca como Ponzio y Palacios. En cambio el xeneize se sostiene con dos grandes volantes de contención, como Nández y Barrios, y sólo uno que en este momento da garantías de juego como Pablo Pérez, ya que Gago, Zárate, Cardona o el propio Tevez no están pasando por un buen nivel.
Finalmente, en ataque, Boca saca ventaja con dos goleadores en llamas como Abila y Benedetto, acompañados por dos flechas, Pavón y Villa; contra un River que hoy sólo tiene en gran nivel a Borré y duda en quien colocar de acompañante, si a Scocco o Pratto, ambos en baja.
En fin, las cartas están echadas, con dos equipos equilibrados de manera distinta, aunque con una leve ventaja para River por estar más consolidado como equipo. Una virtud que, de todas maneras, no define nada en un cruce a todo o nada.i
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