Las reglas internacionales de un deporte tan delicado como el boxeo parecen estar en manos de inexpertos, por las decisiones que se toman últimamente, no acordes con el contexto, con los cambios, con las necesidades y mucho menos, con la lógica. ¿Se piensa en un cambio por adentro?

Esperar decisiones de otros, sea de gobernantes, dirigentes, patriarcas, ídolos o héroes, es lo que acostumbramos y suponemos más seguro.

Luego somos los jueces. Aprobamos o desaprobamos, con nuestra opinión -si es que la tenemos independiente-, o con la de quienes nos manipulan, en quienes confiamos casi en forma dogmática.

¿Pero podemos hacer algo desde nuestras butacas para que el boxeo -como la sociedad, la educación, o la política-, progrese y vaya a buen puerto, sin depender de terceros, o falsos profetas?

Hace años -quizás décadas- que el boxeo y la sociedad están en manos ineptas, sin que eso pretenda ser peyorativo. Ineptas para este contexto, porque se han quedado en el pasado.

En el caso puntual del boxeo, porque ven o porque no saben ver el presente y menos el futuro, mientras nos dejamos llevar como corderos, obedeciendo. Por ignorancia, por negligencia, por obsecuencia, por la comodidad de no enfrentar a los poderes, o por incompetencia.

Y entre quienes mandan, los únicos enfrentamientos ideológicos –si los hay- se dan en el marco de conveniencias, intereses creados, o poder, pero no por mejoras genuinas y desinteresadas.

El boxeo está vacío de contenido. No sólo de boxeadores, sino de dirigentes. De ideas, de pre claridad, de respuestas deportivas. Sin intrepidez ni osadía. Sin valentía para decisiones revolucionarias que reviertan tendencias negativas destinadas al fracaso y la mediocridad, que en el fondo quizás sea lo que se busca.

Lo decimos porque cada vez que se produce una Convención Anual de alguna de las entidades mundialistas que rigen el boxeo, se despierta una esperanza vana, ya que al final todo sigue igual, gira en conversaciones institucionales, alguna disputa personal, o cuestiones de forma insustanciales, no de fondo. Son simples engañapichangas.

Nadie advierte –ni parece querer advertir- el contexto que nos rodea, adentrados en el nuevo milenio, devorados por la tecnología, asechados por las MMA y por las propias leyes que prohíben lo permisible, salvo que convenga lo contrario para unos pocos con más dinero, y por ende, más poder. Y de advertirlo, no hay reacciones inteligentes que enciendan las luces en un túnel inmerso en sombras.

En la Convención del CMB que se llevó a cabo virtualmente hace un par de semanas, que fue numerosa y participativa, pero mal aprovechada, si hubiera que sacar algo en limpio, lo que se rescató como cambio fue algo que molestaba desde hacía mucho tiempo, pero que lamentablemente no se corrigió de raíz, ni se lo reemplazó por nada.

Se trata de la eliminación del punto de descuento que se aplicaba a quien hería a su adversario pegando un “cabezazo accidental” o “no intencional”, como lo mal llama el CMB, algo que puede traer consecuencias indeseables y peligrosas, más de las imaginadas.

En primer lugar, ¿alguien podría explicar cómo se determina un “no intencional”?

¿Hay modo de medir la “intencionalidad” de un cabezazo, o cualquier infracción?

¿Importa mucho la intencionalidad al sancionar una infracción, a menos que sea para descalificar directamente a quien tuvo un dolo evidente?

Tal vez el CMB confunda lo que es un “cabezazo” (sea o no intencional) de lo que es un “choque de cabezas”, y de allí el desbarajuste reglamentario. De todos modos, sería una impericia del CMB esta inexactitud.

UN ANÁLISIS LÓGICO

Aclaremos: una cosa es “intención” (dolo), otra “culpa”, y otra “accidente” o culpas compartidas.

Ejemplo: escupir es una infracción intencional, igual que pegar una patada, estrangular, morder, tirar un cabezazo como si se fuera a cabecear un córner –aunque no se pegue-. Todas son acciones intencionales, o “voluntarias”, porque nadie puede esgrimir hacerlo sin darse cuenta, o sin querer.

Eso debiera ser “roja directa”, por más que el cometido no llegue a destino. Aunque el escupitajo se yerre, la patada no pegue ni lastime, o el mordisco no arranque el pedazo. Nada de eso puede quedar supeditado a la puntería, ni a la eficacia de la acción. Y debe haber descalificación aunque el damnificado pueda seguir.

Distinto es la culpa, una infracción en ocasión de lucha, ya sea por torpeza, o por violar formas, como poner la cabeza de tercer puño, por delante de la línea del pie más avanzado; o un golpe bajo, que impacte debajo del borde inferior del cinturón; o impactar con el pulgar, o el codo, por querer pegar un golpe lícito sin la adecuada técnica.

Pasar un semáforo en rojo no siempre es una acción dolosa. ¿Alguien puede asegurar que el conductor lo vio o si estaba distraído, si lo hizo queriendo o sin querer, si fue con intención de atropellar a alguien, o si pasó a sabiendas de que no había nadie, seguro de no correr peligro?

Sin embargo, sea cual fuere el motivo, pasar en rojo es infracción, multa, pero no es ir preso. Ahora, pasar en rojo y atropellar a alguien, es cárcel, queriendo o sin querer.

¿Importa la intención? ¿Puede probarse? Sólo puede constatarse la infracción, y con eso alcanza para la sanción, que será peor según la consecuencia generada. De allí que lo único válido es certificar culpas, no intenciones.

En fútbol, poner la plancha sin nadie alrededor, es válido. Plancha con alguien cerca es jugada peligrosa: indirecto y quizás amarilla. Plancha con contacto es roja directa, además de foul. A nadie importa si hubo o no intención.

Ahora bien: ¿Importa quién sea el lesionado entre el infractor o la víctima, o importa quién cometió la infracción?

Distinto es si dos coches pasan en rojo al mismo tiempo y chocan. Allí ambos son culpables e infractores por igual, pasibles de sanciones (o no, en un caso deportivo). Pero de lo que estamos seguros es de que no es menos culpable el que queda peor, ni más culpable el ileso, por ser más duro. Eso es ridículo. Es más; a veces se rompe el que cometió la infracción.

Que quede claro entonces que un “cabezazo” implica agresión de uno sobre otro en forma ilícita y es distinto de un “choque”. El “cabezazo” es unilateral, y por lógica debiera castigarse al infractor.

REGLA ABSURDA

Cuesta creer que el CMB razone al revés, y en un choque de cabezas mutuo (que eso sí es un “accidente” y por ende “no imputable” a ninguno), haya castigado durante tanto tiempo al cráneo más fuerte, o a la piel más dura, quitándole un punto si su rival se cortaba. Siempre fue esta una regla absurda, y por absurda, no respetada ni en Inglaterra ni en USA –sí en el resto de los países-, según le comentó su presidente del CMB, Mauricio Sulaimán, a Diario Popular.

De allí que el CMB, cansado del poco consenso que esta regla tenía, decidió eliminarla, en vez de corregirla. Y no la reemplazó por ninguna otra, por lo cual, ahora un púgil puede embestir y cortar a otro sin sanción, o ir todo el tiempo con la cabeza como ariete, porque así es su estilo.

Ésta es la regla que desaparece:

Lesión accidental / no intencionada

Cuando un boxeador sufre un corte, abrasión o hinchazón excesiva debido a un cabezazo, codazo, etc, no intencional o accidental.

Si la pelea no puede continuar

  • No habrá deducción de puntos.
  • Empate técnico si es antes del inicio de la 5ª ronda.
  • Decisión técnica, según las tarjetas de puntuación, si es posterior al inicio de la 5ª ronda.

Si la pelea continúa

  • Se le descontará un punto al boxeador ileso.
  • Esta deducción de puntos compensará las ventajas adquiridas por el boxeador ileso.

Queda vigente esta regla:

LESIÓN INTENCIONAL. Cuando un boxeador sufre un corte, abrasión o hinchazón excesiva debido a un cabezazo intencional, codazo, etc.

Si la pelea no puede continuar

  • El boxeador infractor perderá por descalificación.

Si la pelea continúa

  • Se deducirán dos (2) puntos al boxeador infractor.
  • Si el boxeador infractor se lesiona por su propia acción, aun así, se le descontarán 2 puntos.

¿Y entonces qué pasa cuando hay un “choque” con corte, o una lesión “accidental/no intencional”, sea que la pelea pueda seguir o no?

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