
Desde la asunción de Javier Milei, la proporción de asalariados en negro subió 0,3 puntos porcentuales. Se perdieron más de 300 mil empleos, principalmente formales, y el avance del cuentapropismo y el trabajo precario redefine el mapa del empleo en la Argentina.
La informalidad laboral vuelve a consolidarse como uno de los principales problemas estructurales del mercado de trabajo argentino. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), más de 5,6 millones de personas cobran un salario sin realizar aportes jubilatorios y, desde la asunción del presidente Javier Milei, la proporción de trabajadores en negro aumentó 0,3 puntos porcentuales.
De acuerdo con el último informe de “cuenta de generación del ingreso e insumo de mano de obra”, en el país hay 12.941.000 asalariados distribuidos en 15 grandes ramas de actividad.
De ese total, 7.272.000 se desempeñan en empleos registrados, mientras que 5.669.000 lo hacen en la informalidad. El dato adquiere mayor relevancia al observar su evolución reciente: cuando Milei asumió la presidencia, el número de asalariados ascendía a 13.264.000, es decir, unos 320 mil más que en la actualidad.
La pérdida de empleo no fue homogénea. En el período analizado se destruyeron 214.000 puestos formales y 106.000 informales, lo que implica que el ajuste recayó con mayor fuerza sobre el trabajo en blanco. Ese fenómeno explica el incremento de la tasa de informalidad, aun cuando el total de asalariados también se redujo.
El comportamiento varía según la rama de actividad. Algunos sectores lograron mejorar sus indicadores. En agricultura, ganadería, caza y silvicultura se sumaron 5.000 trabajadores formales y se perdieron 5.000 informales, lo que permitió reducir la informalidad en 0,5 puntos porcentuales. Sin embargo, sigue siendo uno de los rubros más precarizados, con el 66,1% de los asalariados en negro. La pesca también mostró una mejora: incorporó 1.000 empleados registrados y mantuvo estable el empleo informal, con una tasa de informalidad del 12,5%.
También redujeron sus niveles de informalidad la industria manufacturera, el comercio, la intermediación financiera, la minería, las actividades inmobiliarias y el sector de electricidad, gas y agua, este último con la baja más significativa.
En el extremo opuesto aparece la construcción, el rubro más afectado por el freno a la obra pública. Desde diciembre de 2023 perdió 61.000 empleos formales y sumó 24.000 informales, lo que elevó su tasa de informalidad en 4,7 puntos. Hoy, el 55,5% de sus asalariados trabaja sin aportes. Hoteles y restaurantes también profundizaron la precarización: perdieron 12.000 puestos registrados y sumaron 23.000 en negro, alcanzando una informalidad del 49,8%.
El sector más informal sigue siendo el de hogares privados con servicio doméstico, donde el 70,9% de los trabajadores no está registrado. Aunque perdió empleo tanto formal como informal, su nivel de precariedad prácticamente no se modificó.
Según la consultora Equilibra, el empleo total creció 1,8% interanual en el tercer trimestre de 2025, impulsado exclusivamente por el cuentapropismo y el trabajo informal. “Los puestos asalariados registrados no crecieron y, dentro de ellos, cayó el empleo privado”, señalaron. El resultado es una economía con más ocupados, pero con menor productividad y mayor fragilidad laboral, una tendencia que se profundizó en los últimos dos años.