Sin discusión, el verano en Punta del Este y los Tinelli no estarían transitando en armonía. A poco más de una semana de que Francisco protagonizara un desafortunado hecho conduciendo un cuatriciclo en una zona prohibida, ahora le llegó el turno a Candelaria, en esta modalidad de trascender lo cotidiano, a partir de algún escándalo.
Es que Lele, como le gusta llamarse a la hija tatuada de Marcelo Tinelli en las redes sociales, se trenzó con grupo de empleados de un restaurante, después de hacerlos responsables del supuesto robo de su cartera. “Aprovecho este medio, para decirle a la gente de Uruguay, o a los que vienen a veranear a Punta del Este, que NO vayan al restaurante ‘No Me Olvides’ en Manantiales. Además del maltrato característico del lugar, me robaron la cartera la misma gente de ahí. Lamentable”.
Sin embargo, la respuesta no tardó en llegar: “(Candelaria) es asidua clienta de todo el verano. Por eso nos llama la atención la afirmación de que ‘siempre la tratan mal’ cuando ha venido más de 20 veces”, sostuvo César Villalba, encargado del restó. A él se sumó el dueño del lugar, también vía Twitter.
“Nos parecés un amor, Cande, y nos encantó que vinieras muchas veces a compartir. Una cagada lo que pasó acá. No está bueno acusarnos sin estar 100% seguros. Nunca nos pasó algo como esto. Tenemos la mejor con vos”, comentó Nicolás.
No conforme con esto, los responsables del lugar siguieron con un cartel en la misma puerta del local. “Se puede perder un familiar. No se va a perder una cartera”, rezaba el provocativo pizarrón.
Lejos de calmarse las aguas, fue el propio Tinelli quien enfrentó a aquellos que intentaron silenciar a su hija. “Lamentable respuesta. Se tendrían que ocupar del tema, sobre todo el dueño, porque a esa hora sólo quedaban los mozos, que lo único que hacían era reclamar por una mejor propina”, el tuit de @cuervotinelli se potenció con la opinión de la joven en cuestión. “Pido disculpas por acusar a la gente de NoMeOlvides, está mal de mi parte. Al no haber más gente que nosotros, salvo los mozos (que nos trataron mal), no imaginé otra cosa, salvo que me la haya robado mi hermana, o no sé, se la chupó la tierra quizás”.
Con el correr de las horas, el conflicto entró en un espiral interminable que los empleados cerraron con una salida audaz. Camuflados cual ladrones, con sendas armas y hasta medias cubriendo su rostro, lanzaron: “S roban carteras. Vengan de a uno. Shomo Noshotro”. ¿Habrá contrarrespuesta?