Se trata de uno de los mejores trabajos del actor, quien resulta en un primer impacto irreconocible debido a una transformación física

Daniel Hendler protagoniza "Así habló el cambista", del director Federico Veiroj, película que se estrenó el jueves y que se basa en la novela homónima de Juan Gruber. Se trata de uno de los mejores trabajos del actor, quien resulta en un primer impacto irreconocible debido a una transformación física lograda por la incorporación de unos dientes postizos que lo ayudan a darle vida a Humberto Brause, un personaje ambicioso y mediocre que se autodefine como "el origen de todos los males".

En la película, que fue rodada en Montevideo, trabajan también Dolores Fonzi, Luis Machín, Germán de Silva y Benjamín Vicuña. Se estrenó a nivel mundial en el Festival de Toronto y formará parte de la selección oficial del prestigioso New York Film Festival. Además, fue seleccionada para representar a Uruguay en la precandidatura a Mejor Película Internacional de los Premios Oscar.

Para Hendler, además de un nuevo protagónico en su amplia y variada carrera, significa cumplir el sueño de trabajar con el director, a quien conoce desde los 14 años, cuando iban juntos al colegio en Montevideo. "Con Federico íbamos juntos a la Cinemateca uruguaya a los 14 años. Es como un hermano de la vida. He participado en sus primeros cortos y él también ha participado en cosas que hice yo, pero es la primera vez que actúo para un largo con él, así que fue un privilegio y una responsabilidad porque quería estar a la altura de las circunstancias", revela el actor de "El abrazo partido" y "Derecho de familia".

En esta oportunidad, compone a un cambista uruguayo que no tiene límites para hacer dinero y que pone a prueba su dudoso código de ética al tener que negociar con la corrupción de las altas esferas políticas. Su historia atraviesa las décadas del ‘50, ‘60 y ‘70. "El desafío fue lograr el equilibrio de este personaje que está siempre en un borde, porque nos genera rechazo y, al mismo tiempo, hay algo que nos acerca y que tiene que ver con una humanidad que se desprende de él, que había que buscarla y defenderla más allá del horror que nos mostraba".

¿Cómo fue la transformación física para la composición del personaje? Estás muy distinto...

-Acá hay una adaptación de una novela y Federico no escribió el personaje pensando en mí. Entonces tenía unas imágenes sobre la cara del tipo. Él se imaginaba una cara más angulosa, más rectangular, entonces empezamos a pensar a ver si modificábamos la nariz, el pelo... Hasta que de repente se le ocurrieron los dientes y funcionó. Y también para mí como actor, porque para los actores es más fácil cuando tenemos elementos compositivos fuertes de los que agarrarnos, es mucho más fácil que cuando todas son cuerdas internas que hay que trabajar y mecanismos psicológicos que no son tan visibles.

Cuando hablás de su humanidad, ¿a qué te referis?

-A que es un miserable, un misógino, egoísta, que tiene todas las de perder para generar empatía con el público. Pero además está lleno de miedos. Entonces aparece también un retrato íntimo sobre eso que a él lo mueve a esa ambición absurda que es la de acumular dinero y que es tan bien vista hoy por otro lado. La gente que acumula dinero sin importar cómo está demasiado aceptada y acá es como entrar en las entrañas de esa miseria. Porque es una miseria dedicar la vida a la acumulación de dinero a costa de que otros no lo tengan.

¿Sería como un Leonardo Fariña de los años ‘50?

-Sí, Fariña es una versión más cool y actual. No tengo tan claro ese personaje, pero andaba metido en tramas de espionaje, cosas raras. Mi personaje es un mediocre gris que no deja de ser un oportunista pero es una época donde no estaban tan aceitados los mecanismos de estafas internacionales que hoy nos acechan a gran escala.

¿Te interesa la política más allá de referirte a ella con tus trabajos?

-Sí, me interesa pensar la realidad y cuestionarme todo el tiempo sobre mis propias convicciones, estar todo el tiempo tratando de ampliar el umbral de percepción sobre las cosas que pasan alrededor porque es mi responsabilidad también al dedicarme a esto. Después, creo que todos los hechos artísticos son de alguna manera políticos, aunque no hablen de política, porque plantean una mirada sobre el mundo y retratan las relaciones entre las personas. Todo lo que hacemos está atravesado por una mirada política.

¿Es arriesgado como actor hablar de política o creés que es importante hacerlo?

-No lo tengo muy claro. En todas las épocas, los actores y la gente que tenía acceso a los medios han hablado de política, me parece algo natural. Hoy, lo que pasa es que hay mecanismos de demonización. Cuando lo que alguien dice no es funcional al discurso hegemónico, hay como mecanismos de estigmatización. Uno queda expuesto a esas manipulaciones sobre el propio discurso. Entonces hay que cuidarse. Y a veces uno también es cobarde y prefiere no arriesgar pero también es una pena que haya cosas que se callen. Uno admira a quienes tienen agallas para decir lo que piensan aunque no les guste a todos.

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