Con apenas un piano y una guitarra como testigos privilegiados, hoy el escenario del teatro Gran Rex tendrá por primera vez en Argentina al tan excéntrico como talentoso músico Rufus Wainwright, un artista tal vez inclasificable, con un puñado de discos auténticamente nacidos para clásicos, donde se mixturan sus obsesiones, relacionadas de manera sanguínea con el cine, el teatro y, claro, la música
Pero también hacedor, a partir de un tono de voz privilegiado, de una obra donde sus pasos en la vida tras cuatro décadas caminadas están todos ahí, con los amores, quiebres, abismos, alegrías, homosexualidad, paternidad y tanto más, que viene a relatar de manera íntima, completamente en soledad y bajo los reflectores en la mítica avenida Corrientes.

La presentación, que promete repetirse en un futuro cercano pero con su exquisita banda incluída, tendrá su golpe inicial a partir de las 21 horas.

Parecido a muchos, al gran reciclador se lo compara con Elton John, David Bowie o Freddie Mércury, cosa que no le molesta en absoluto, pero Rufus viene a mostrar lo suyo, que está bastante lejos de ser poco.

Todo lo contrario, discos como Want One o su trabajo debut en el 98 -que llevó su nombre y apellido- resultan indispensables, casi como el oxígeno. Acá, ya adelantó, tocará temas de sus once obras. Como un picadito, para mostrarse y que lo vean, haciendo lo que sabe: magia.