Mientras se reconcilia con Flavio Mendoza y se enemista con el Negro Alvarez, Fabio La Mole Moli, Cacho Buenaventura y Rodolfo Ranni, entre tantos otros que agarraron el guante y aprovecharon la embestida de sus últimos dichos en contra de las precarias producciones teatrales pensadas para pasar el verano, Mariano Iúdica, transita un momento especial al frente de la comedia Mansión imposible en la temporada de Carlos Paz.
Abocado a la obra de teatro que ya puso su cartelito de "localidades agotadas", se luce en escena junto a Emilio Disi, Fredy Villarreal, Peter Alfonso, Iliana Calabró, Alexandra La Sueca Larsson, Virginia Gallardo y Mónica Fleiderman, bajo la dirección de Carlos Olivieri, y la producción general de Ezequiel Corbo, no sin sembrar polémicas y réplicas de varios de sus colegas que le salieron al cruce algo indignados por su comentario y mediante el guiño mediático que les conviene para engrosar sus boleterías.
"Se generaron muchas cosas sin que yo, en ningún momento, haya hablado de nadie en particular. Es un juego y muy válido y sirve para vender la temporada. Pero después, deja de ser juego cuando en vez de tirarte con piedritas te tiran con una escopeta. Ahí ya me corro, ya no me divierte", dice a viva voz, Iúdica, en cuanto programa se lo requiere y pide las disculpas del caso. Días atrás, cuando presentaba en sociedad Mansión Imposible, con ánimo calmo, no sospechaba la dura crítica que se le avecinaba hasta que prendió la mecha descalificando a varias de las propuestas teatrales que en otros tiempos, sin la mínima preparación, se hacían presentes en la cartelera de la Villa cordobesa.
"Estamos felices. La temporada arrancó muy bien para nosotros. Somos un grupo de gente que se lleva muy bien, que se respeta, que tiene historia sobre el escenario como Emilio (Disi), que es un prócer. Es un elenco muy potente, con una energía muy linda, toda gente muy blanca, muy sana y no hay mejor cosa que hacer lo que nos gusta. Eso no tiene precio", comenta el hombre que, con sus pros y sus contras, atraviesa un presente de sumo reconocimiento. El mismo tipo que, consciente de que se formó desde muy abajo, sabe sostenerse de manera equilibrada ante el torbellino triunfante que se le vino. "Yo estoy tranquilo cuando el éxito te acompaña o te es esquivo. De no tener esa calma podés marearte y hacer cualquier cosa. Te ataquen o te adulen hay que mantener la calma. Gracias a Dios, tengo mucha suerte y mucha gente que me quiere, me contiene y me cuida", deja en claro.
Al tiempo que ataja la marea, Mariano Iúdica, desmenuza el año que se fue conduciendo Soñando por Cantar, único producto de Ideas del Sur que sobrevivió ante la ausencia de Marcelo Tinelli, y valora lo que supo conquistar. Quien experimentó todas las áreas laborales de su rubro: tirador de cable, productor, conductor, actor y humorista, logró posicionarse como figura destacada y convertirse, en más de una oportunidad, en el elegido del creador de ShowMatch. Al comando del maratónico magazine La Cocina del Show y consolidado, poco a poco, como anfitrión de Soñando por Cantar, este intérprete que hoy volvió a las fuentes retomando la actuación, se siente crecido.
"Me encuentro sostenido, fuerte. Todo artista busca el éxito. Yo lo hago pero con mi código. Hay que tener cuidado con los mensajes a los que uno recurre para alcanzarlo e intentar ponerse en la consideración de la gente", comenta con gesto cómplice quien supo imponer el "¡Dale!" y "El caballo alado de El Trece".
Y enseguida da cuenta de los maestros con los que aprendió su arte. "Comencé bien de abajo. Estar al lado de grandes del espectáculo dando los pasos en forma lenta, pero segura, me hizo ser quien soy. La gente fue conociéndome más y dejándome entrar a su casa. Hago mi trabajo de la manera más sincera que puedo. Todo fue dándose de a poco. Aprendí mucho de Gerardo (Sofovich) hasta que llegó a mi vida un señor que se llama Marcelo Tinelli. Lo demás, es historia", sostiene Iúdica que, experimentado, en el último tramo del reality Soñando por Cantar, le tocó lidiar con la pelea de Alejandro Lerner y Oscar Mediavilla.
"No lo pude creer. Cuando lo vi, me pareció que era una joda, me flasheó. Luego, con el correr de los días me di cuenta que el tema era serio e importante. A partir de eso cambió el tono de las grabaciones. No tenían onda, entonces había un circuito que se cortaba y se notaba", remata con sinceridad.